Juan Beaumont Fernández, amigo de la gente y trabajador incansable

Juan Beaumont Fernández.
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José Ángel Beaumont

Publicado el 04/10/2025 a las 09:08

El 1 de octubre de 2025 fue el día en el que todo el mundo habló bien de él, porque ese día se fue cumplidos ya los 89 años. Fue el momento de celebrar su legado, aunque el maldito cáncer metastásico le haya arrebatado de nuestro lado.

Nació en Armañanzas al final de una guerra, pero su última y más cruel batalla fue contra ese maldito cáncer que, como metralla, le hizo tirar la toalla. Era un hombre con un apellido nobiliario de gran linaje, pero de pueblo, con alma sencilla, básico, alegre y bien plantado, con raíces fuertes como espuelas que cargó con la dura infancia del 36 en un entorno forjado por la adversidad. En Yécora conquistó el corazón de una buena mujer alavesa, Alicia Echazarreta, con quien forjó su familia. Eran tiempos muy difíciles, pero a base de trabajo y sacrificio sacaron adelante a 5 hijos. Ni siquiera los más ricos lo tienen todo en esta vida, y por eso es que a veces son los más pobres los que dejan la herencia más rica, cargada de principios y valores.

Nos enseñó que las cosas hay que conseguirlas por nosotros mismos, con tenacidad en el esfuerzo y mucho trabajo. Recuerdo que decía: “El que se aparta del trabajo lo pilla debajo”, y cuando hablaban entonces de reducir la jornada laboral a 35 horas, respondía: “¡Pero al día!”. Y es que era un trabajador de media jornada (12 horas diarias). Incluso se puso a trabajar en Bilbao cuando estaba de viaje de novios.

Hombre de 30 oficios, con su creatividad encofró una piscina en forma de guitarra para la gran María Ostiz, convirtiendo el hormigón en melodía y el agua en una armonía de notas silenciosas que parecía cantar con cada rayo de sol. Jamás le dieron la medalla al trabajo, quizá porque no hay metal suficiente en el mundo para fundir una condecoración tan merecida.

Trabajador incansable, ingenioso, perseverante e insistente, con una voluntad de hierro. Aunque también tozudo, gruñón, cabezón y un tanto rencoroso, como buen Tauro. Su pueblo, Armañanzas, y sus grandes pasiones: la gente y el vino, néctar divino, sangre de la vid, compañero de historias, testigo de risas y de lágrimas, confidente silencioso, consuelo para el corazón, lazo de amistad y puente de culturas, elixir de dioses, manjar de los mortales. Que su esencia perdure, su magia nos inspire y su sabor nos acompañe en este atardecer dorado.

Algunos le llamaban ‘Corneta’ porque su padre en la guerra tocaba con la turuta a retreta; otros ‘Materiales’, porque con un trozo de cuero hacía unas bisagras muy rurales; y otros ‘Mudo’, porque hablaba muy a menudo.

En cualquier caso, de lo que sí estoy seguro es de que ahora en el cielo estarán mucho más entretenidos. Lo primero, que le va a preguntar a San Pedro nada más llegar es dónde están Dioniso y Baco para salir a alternar.

Más fuerte que el roble, fue el 21 de febrero de 2025, con la partida de su esposa, Alicia, cuando quebró el pilar fundamental que sujetaba el forjado reticular de su hogar. Además, la muerte de un hijo es lo más duro que te puede pasar en la vida y, desde entonces, nada ha vuelto a ser igual. Ahora por las noches al mirar al firmamento, me invadirá la nostalgia al ver las tres estrellas más grandes juntas brillando en el cielo. Por fin están los tres juntos, formando una nueva constelación, como la de Orión.

Uno solo se muere cuando se olvidan de él... Juan Beaumont vivirá eternamente.

El autor es hijo del fallecido

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