Accesibilidad
El calvario diario de una familia para subir a su piso en Villava: "Duele porque todo el mundo sabe que estamos así"
Una familia alquilada en Villava con sus dos hijos menores -uno con dispacidad del 89%- denuncia el estado del bloque, con el ascensor inoperativo desde 2024, pisos 'okupados', sin luz en el rellano, y alza la voz en busca de otro techo donde vivir


Actualizado el 12/09/2025 a las 07:52
La escena se repite cada tarde. La madre de la familia protagonista del reportaje espera un buen rato en la calle Bidaburua de Villava junto a su hija de 7 años y su hijo de 10. Los tres quieren llegar a casa tras todo el día fuera, pero antes debe llegar el padre. Su presencia no es necesaria por las llaves -el portal no tiene cerradura-, sino porque es él quien cada día sube y baja a pulso al hijo mayor, con un 89% de discapacidad y dependencia total para la movilidad.
En condiciones normales, y tratándose de un alquiler como el suyo, el bloque debería contar con unas zonas comunes en buen estado: una puerta con cristal y llave en vez de una cuerda, buzones con tapa, ausencia de goteras, rellanos libres de motocicletas y, sobre todo, un ascensor operativo. Pero eso no ocurre. Desde abril de 2024, el elevador dejó de funcionar y nadie lo ha reparado. Mientras tanto, esta familia, que prefiere no dar su identidad, inicia su aventura de cada día para subir al menor hasta el piso. Las dos chicas se adelantan para abrir el piso.
El padre sube con cuidado para evitar caídas y dolores al hijo, que nació en 2015 con una malformación cerebral. “Nuestros dos hijos son navarros, de Villava”, dicen orgullosos los progenitores, de origen argelino y marroquí, que llevan más de dos décadas entre La Rioja y Navarra.


“Cuando entramos estaba todo bien. El edificio era decente, el portal correcto, el ascensor funcionaba…”, lamentan sobre un bloque propiedad de un banco, hoy todo 'okupado' salvo cuatro viviendas. Una de ellas, la suya.
La silleta se queda abajo porque pesa demasiado, aunque incluye un molde necesario para que el niño mantenga una postura adecuada en casa. Solo la suben los viernes para el fin de semana, cuando no salen. “Pesa mucho y no puedo andar bajándola y subiéndola todos los días”, reconoce el padre. El recorrido está lleno de obstáculos: puertas desencajadas, armarios viejos, contadores sin tapa, vidrios en el suelo y, sobre todo, oscuridad.
“Hubo un incendio en 2022. Estas condiciones son infrahumanas”, denuncia el padre, señalando el techo calcinado del segundo. “Solo tenemos luz en casa porque hicieron un apaño, pero en las escaleras no hay nada. Bajo todos los días con él a pulso a las siete y media de la mañana. Es un peligro”, añade, asegurando que la linterna del móvil es un aliado. “El año pasado me ayudaron muchos días policías locales a subir a mi hijo”, agradece ella.
La bajada diaria la hace toda la familia junta para empezar el día. La pequeña al colegio, el padre al trabajo y el hijo mayor al centro de educación especial Andrés Muñoz Garde. La madre se ocupa de la casa y de estar pendientes del menor y de su vida repleta de viajes al hospital. También lidera desde 2022 la búsqueda de una solución.


Tras cada subida, marcada por las quejas de dolor del hijo y los besos de ánimo de su padre, la llegada al piso supone un respiro. “Ya estamos”. El interior es un oasis de limpieza y orden frente al caos del edificio, pero el entorno no se adapta a las necesidades de una familia que no ve la salida.
BUSCAN UNA SOLUCIÓN CUANTO ANTES POR SU HIJO
Un informe social de junio de 2024 reconoce que el bloque está en un estado “inhabitable e insalubre”, agravado por el fuego. El documento subraya que la situación del menor y las condiciones se debieran valorar y tener en cuenta para favorecer el acceso a un alojamiento digno y adaptado”. La familia figura desde hace años en el censo de solicitantes de vivienda protegida. “Nos dicen que dan vivienda por puntos, no por situaciones”, lamentan.
En abril, antes de ese informe, se presentó una queja al Defensor del Pueblo, Patxi Vera, que trasladó el caso al Ayuntamiento de Villava y al área de Vivienda del Gobierno foral. El consistorio inspeccionó el edificio el 30 de mayo de 2024, constató su mal estado y ordenó a la propiedad garantizar las condiciones mínimas de seguridad y habitabilidad. Admitió su preocupación, aunque aseguró que la responsabilidad recae en los dueños y en Nasuvinsa.


Vivienda, por su parte, respondió que la familia está en lista de solicitantes, pero que hay demandantes con mayor puntuación. En su resolución, Vera instó a “facilitar una oferta adecuada a las necesidades reales”.
Mientras tanto, la familia sigue igual un año después. “Duele porque todo el mundo sabe que estamos así. También hemos ido a ver pisos de alquiler normales y nos gustan, pero luego no nos llaman”, concluyen resignados, sabiendo que mañana volverán a subir y bajar a su hijo a pulso. Cada día con menos fuerzas.

