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Jesús Hernández Aristu: "Me he sentido extranjero en todas partes pero, al mismo tiempo, como en casa y muy feliz"
El profesor jubilado de la UPNA recoge en su último libro ‘El viaje más largo. Recuerdos de una transformación’ sus vivencias personales. Desde su infancia en la Navarra rural, sus años como cura en Alemania o su regreso a su tierra y su nueva vida. El jueves presenta este título en Diario de Navarra, en Pamplona


Actualizado el 09/09/2025 a las 23:21
Jesús Hernández Aristu pudo haber muerto por un ictus en 2017. Pero no lo hizo. Aquel accidente cerebrovascular, que le acercó al “tránsito final”, le dejó secuelas en cuerpo (algún problema de movilidad) y alma (el deseo de mirar hacia dentro y “re”contarse lo vivido hasta entonces). Así que se puso manos al ordenador. Autor de decenas de libros sobre Sociología, Pedagogía, Filosofía, Trabajo Social, ‘coaching’, asesoramiento…, se sentó delante de la página en blanco más compleja de su vida. Porque se trataba precisamente de eso. De poner palabras a la que hasta entonces había sido su biografía. “Para volver a pisar de nuevo aquella huella y encarar el último tramo de mi vida”. En casi 300 páginas recorre su infancia en la Navarra rural de la inmediata postguerra civil, sus años de “formación y adoctrinamiento” en el Seminario de Pamplona, un ‘micromundo’ de más de mil almas en la época dorada de las vocaciones, o las cerca de dos décadas que ejerció como cura en Alemania, atendiendo a sus parroquias y parroquianos, muchos emigrantes españoles a finales de los sesenta y comienzos de los setenta. Pero el punto de inflexión de su vida se produjo a comienzos de los ochenta, cuando el amor se cruzó en su camino y, tras un intenso trabajo interior de discernimiento, decidió volver a Navarra para casarse y escribir un nuevo capítulo vital, en este caso como profesor universitario. “Arriesgando un poco mi vida privada, he decidido publicar este libro por si pudiera ayudar a otras personas que quieren cambiar algún aspecto de su vida personal o profesional. Para que mantengan la esperanza a pesar de que el camino sea difícil”. Jesús Hernández Aristu (Castillonuevo, 1943) está casado, es padre de dos hijos y abuelo de dos nietos. El jueves 11 de septiembre presenta su último libro 'El viaje más largo' en la sede histórica de Diario de Navarra (Zapatería, 49) a las 19 horas. La entrada es libre, previa inscripción en la plataforma Mundo DN.
¿Necesitaba escribir este libro?
Quiero ofrecer una visión vital y positiva de la vida. No es un señalamiento contra nadie ni contra nada. Solo un ‘recuento’ de lo que ha sido mi vida hasta que sufrí el ictus. Al revisar mi trayecto, quería encarar el último tramo de mi vida. Y al escribirlo, me he dado cuenta de que mi historia no solo es una biografía personal, sino también una historia social y de la Iglesia. Durante este trayecto, me he obligado a mirarme a mí mismo para ver qué elementos fundamentales han constituido mi ser: la alegría de vivir, la libertad vinculada al amor y el encargo más preciado, el anhelo de paz, interior y exterior. Gran parte de mi vida la he dedicado a facilitar encuentros, grupos, mediaciones...
Aunque su historia, como todas, es personal y particular, su relato puede ayudar a otros en proceso de cambio…
Y por eso me he decidido finalmente a publicarlo. A lo largo de mi vida he sido depositario de múltiples historias de personas y colectivos que han sufrido por venir de un determinado lugar, por su raza, su nivel social, su orientación sexual… Si uno mira esas trayectorias y la propia, observa elementos comunes, a pesar de que las biografías sean diferentes. La vida nunca fue un terrón de azúcar. El último motivo para publicarlo ha sido ayudar a otros.
Vayamos por partes. Usted comienza el libro hablando de su infancia, como el séptimo de ocho hermanos, en un pueblo (Castillonuevo) de la Navarra rural en la década de los cuarenta.
Es que la Navarra rural era la única que había. Pamplona contaba entonces con 50.000 habitantes pero el resto eran pueblos. Fueron tiempos muy difíciles en los que se vivía en un nacionalcatolicismo en un régimen totalitario. Una de las características de la Navarra de aquella época eran las vocaciones. En todas las familias, sobre todo en las más numerosas, una salida era la vida religiosa. En mi caso, el seminario. Porque era más ser cura que fraile (se ríe). La gente de mi edad con estudios seguro que los siguió en alguna orden religiosa.
¿Cómo recuerda los doce años que pasó en el Seminario de Pamplona?
Era un mundo con más de mil habitantes (niños, jóvenes, adultos...) y, a veces, con visos de cárcel porque no podíamos salir y, si lo hacíamos, era en formación. Para un niño de pueblo acostumbrado a la libertad resultaba muy duro. Ser cura te daba identidad. Pero si te quitabas la sotana, ¿quién eras? Tras aquellos años de aprendizaje y adoctrinamiento, adquirí una nueva forma de percibir el mundo siempre intentando responder a la pregunta de ¿quién soy?
EMIGRANTES ESPAÑOLES EN ALEMANIA
En unos años de misiones, usted terminó en Alemania...
El vicario general de la diócesis de Aquisgrán (Alemania) pasaba las vacaciones en el convento del Verbo Divino (Estella). Eran años en los que escaseaban las vocaciones en Alemania y España se erigió como la reserva espiritual de occidente. Por eso, me enviaron a Aquisgrán y nada más llegar, experimenté un coche cultural. Aquel país tenía un nivel al que yo quería aspirar. Por eso, estudié en la universidad Pedagogía, Sociología, Psicología... Descubrí que podía ser clérigo pero al mismo tiempo, psicólogo.
Aunque su principal cometido fue el trabajo con emigrantes...
Fui capellán de emigrantes durante cinco años y organicé talleres con más de 15.000 familias españolas. Vivían situaciones muy difíciles y me acogieron muy bien. Yo los entendía porque siempre me he sentido extranjero en todas partes, aunque al mismo tiempo, muy integrado y feliz. Pero siempre he tenido que responder a la pregunta: ‘¿Pero tú de dónde eres? ¿De dónde sales?’ '¿Dónde has estudiado?'
En aquel momento fue cuando comenzó a hacerse la pregunta de su vida: si debía seguir siendo sacerdote o casarse con la mujer de la que se había enamorado...
Mis estudios universitarios y el darme cuenta de que podía relacionarme con personas de otros círculos fueron como un elixir que me transformó por dentro. Entonces me di cuenta de que había que romper la cáscara del fruto para llegar al núcleo. Pero también aprendí que las cáscara forma parte de la nuez o la avellana. Fueron años de discernimiento, de descubrir qué había dentro de mí y de darme cuenta de que mi vida era mía y de nadie más. Yo ya había empezado a practicar la meditación budista y tuve una serie de revelaciones que coincidían en que mi vida estaba en España y junto a mi mujer.
¿Le resultó difícil dar ese paso?
Digamos que los ambientes familiares y sociales no eran propicios pero yo ya había tomado esa decisión interior, que era el preludio de lo que me venía después. Una vida en la que había que comenzar de nuevo a buscar trabajo, alojamiento... Por eso, digo que mi libro puede ayudar a todas las personas que están en proceso de cambio (comunidad LGTBI, emigrantes, divorcios o separaciones, cambios de trabajo...) Hay que mantener la esperanza sabiendo que todos los caminos rectos están llenos de trazos torcidos.
LA VUELTA A ÍTACA
Igual que Ulises en 'La Odisea' regresa a su casa en Ítaca, usted lo hizo también a Navarra...
Y me resultó muy difícil entrar al mundo universitario y eso que lo hice desde los peldaños más bajos. Se vigilaba mucho que la gente que no pertenecía a la institución no se "colara". Me encontré como en una isla. Además, la situación política de Navarra en aquellos años ochenta me resultaba muy polarizada y yo no encajaba en ninguna ideología. Por eso, hace treinta años, en mi casa de Larraya creé 'Mitxelena', un centro de acompañamiento y asesoramiento. Tanto la reflexión como el trabajo en equipo, que eran los dos ejes sobre los que había pivotado mi vida, me resultaban muy difícil de encontrar y yo no encajaba. Y desde aquella soledad, impulsé 'Mitxelena'. Para tener a personas con las que reflexionar. Fui pionero del 'coaching' y el acompañamiento no solo en Navarra sino en toda España y organicé muchos encuentros internacionales.
Un trabajo con personas que, asegura, le ha hecho muy feliz...
Es que yo he sido siempre feliz, en todas las épocas de mi vida. Me he sentido muy querido por mi familia, mis amigos... Y lo sigo siendo. Gran parte de mi trabajo ha consistido en gestionar conflictos y ayudar a otras personas a reconciliarse. Pero mi mujer, mis hijos y mis nietos son lo mejor que me ha regalado la vida. Siento tanto amor, que solo por ellos ha merecido la pena venir a este mundo.