Nostalgias televisivas
El aizkolari de la tele
El legendario Patxi Astibia, de Leitza, campeón en su efímera trayectoria, causó furor en el país en 1965 con su pericia en el corte de troncos con hacha. El programa ‘La unión hace la fuerza’ catapultó la disciplina y su figura como estrella televisiva


Actualizado el 24/08/2025 a las 11:56
Fue el ‘no va más’ en una España que se asomaba al mundo a través de la pequeña pantalla con apenas una década de emisión y una proyección entonces inimaginable. Con su perfil dibujado en imágenes temblorosas, el efecto que provocó Patxi Astibia Olano (Leitza, 24 de enero de 1943) con su destreza con el hacha fue, a decir suyo, “terrible”. “Imposible de creer” para espectadores de regiones alejadas que un hombre fuese capaz de cortar un tronco en apenas 22 segundos. “Por seis décimas” no lo pudo hacer el legendario aizkolari de Leitza en la despedida de la delegación Navarra del concurso ‘La unión hace la fuerza’. “Cayó” -como recuerda- frente al ciclista Guillermo Timoner, representante balear en la prueba combinada de intelecto y deporte que hace 60 años causó furor entre los afortunados con posibilidad de encender un televisor. Pero su huella quedó imborrable por los logros conseguidos en las tres primeras pruebas de la ronda clasificatoria, que dejó boquiabierto a medio país y llenó de orgullo a Navarra entera.
Con el porte físico de quien sigue “matando el gusanillo” con cortes esporádicos de troncos de 72 pulgadas, el que conquistara cuatro campeonatos vasconavarros y otros tres de España, retrocede a sus 82 años de edad con una memoria lúcida a aquel episodio inolvidable en televisión. Los recuerdos, desgranados en una secuencia escrita por Alberto Cañada Zarranz, hijo de uno de los miembros de la delegación navarra (Alberto Cañada Juste), iluminan su rostro como único testigo con vida. Además del ingeniero técnico Cañada de la O.P, la sección de sesudos intelectuales, expuestos a una batería de preguntas, acudieron Julián de la Cámara, Julio García, Eusebio Trujillo y Julio Semilo, sustituido finalmente por el tudelado Jaime Balaguer.
El joven Patxi Astibia, quinto de quince hermanos del caserío Donmartinborda, fue designado para participar en la experiencia por el azar de circunstancias ajenas y la valía que se le presuponía a una promesa en ciernes con la aizkora. Por de pronto, una amistad unía al presentador del programa televisivo, Mario Beuf, con el industrial Lorenzo Marco Sarrió, “promotor de la papelera de Leitza”, como relataba Alberto Cañada Zarranz. “¡Esto es lo que quiero. Vamos a sorprender a todos!”, fue la respuesta del presentador a una demostración de Astibia.
EL PRIMER TRIUNFO
Claro está que el joven aizkolari de 22 años había dado más que muestras satisfactorias de su habilidad y fuerza. Por de pronto, “con 17 o 18 años” –recuerda– recibió una invitación del promotor para que el que trabajaba en la plantación y extracción de árboles en el monte para competir en un campeonato juvenil en San Sebastián. “¿Pero si no tengo primer triunfo un hacha?”, fue su primera reacción. Acto seguido pensó en su tío, Benito Astibia, que compitió en aficionados como aizkolari. “¡Elige hacha!”, atendió por ofrecimiento. La más acomodada a sus deseos se convirtió en apéndice de sus brazos para sumar su primer gran triunfo. Claro está, estaba habituado con el manejo de la azada en el monte. A sus compañeros “les sacaba tiempo” en el trabajo, rememora con orgullo sano de un hombre “elegante, fuerte y noble”, como fue definido años atrás en un homenaje. Aún hubo más. Su candidatura al concurso televisivo estaba acreditada con el mérito de haber conquistado una apuesta “el 3 de marzo de 1963” ante Sarratea en Santesteban. En juego, “25.000 pelas”, aportadas por tres socios. “Yo estaba a sueldo”, aclara. Toda una tarjeta de presentación. El trabajo desde “los 12 o 13 años”, con el acarreo de un burro para transportar leña y otros quehaceres forjaron su carácter noble, proporcional a su fuerza física.
Así que pasó a engrosar la relación de elegidos en aquella aventura televisiva, con la encomienda de actuar, hacha en mano sobre un tronco, a cada error en las respuestas del equipo intelectual. Y empezó la prueba.
A las diez de la noche del 2 de marzo de 1965, con toda la expectación en Navarra entera que pueda presuponerse, Mario Beut formuló la primera pregunta: “Nombre de la ganadería navarra fundada por un francés” “Carriquiri”. Respuesta acertada. “Pueblo (español)con el primer museo del Amor”. “Toboso”. Acertada. Pero a la tercera, llegó el primer error. Y he aquí que comenzó a desplegar su oficio el bueno de Patxi Astibia para asombro del país. “Tuve que cortar 9 troncos” en aquel primer programa con la emoción añadida de una reducción de “dos segundos” a cada tronco cortado. Toda una proeza.
A la semana siguiente, ante los focos y las cámaras de Prado del Rey, regresó la delegación navarra. A las primeras de cambio, “casi sin calentar” –como bien apreciaba Alberto Cañada–, Astibia volvió a intervenir con celeridad. “¿Quiere el equipo navarro volver otra semana más al concurso?”, atendió por pregunta telefónica el concejal pamplonés Gabriel Sarasa cuando se hubo rematado la clasificación. Su respuesta afirmativa se tradujo en un nuevo reto. Ahora bien, surgió un dilema, que suscitó una reacción de lamento y preocupación entre los espectadores. Ya en Leitza, el aizkolari cayó enfermo de gripe. Le administraron una primera inyección de penicilina. “Por los brazos me salían granos, como agua. Y las orejas se me pusieron así” enseña con el pulgar como muestra de la hinchazón. Antes que mejorar, empeoró con una segunda dosis. “Al alcalde de Leitza, Pedro Zabaleta, se le ocurrió la idea de llevarme en un taxi a Cruz Roja, en Pamplona. En cuanto me vieron, me pusieron suero. Le dijeron a Zabaleta que menos mal que yo era un hombre fuerte. El medico le dijo que si me hubiesen puesto otra inyección, probablemente me hubiese desmayado allí mismo”. Desde Cruz Roja -prosigue el protagonista con el relato- contactaron con el hotel donde se hospedaba la delegación navarra del concurso para que diesen parte a su vez de la delicada situación a Televisión Española. El contratiempo fue monumental para la programación del 16 de marzo, resuelta por la productora con un programa en directo de una hora de duración desde una habitación del hotel madrileño con el aizkolari convaleciente. Tuvo la pericia el presentador Mario Beut de conducir la sesión especial con el que ya era, a todas luces, estrella de la televisión desde su más sincera humildad y timidez. La lectura de telegramas, incluido uno remitido por un fiel admirador desde Quito (Ecuador), hilvanaron el programa con una retahíla de “ánimos” y deseos de pronta recuperación.
Aquellas palabras, lógicamente con el oportuno tratamiento médico, tuvieron un efecto prodigioso en su salud. El 6 de abril estaba de nuevo antes las cámaras, junto a sus compañeros. Lo curioso del caso es que el mocetón del caserío de Donmartinborda, de 1,78 metros de altura y 85 kilos de peso, se había hecho un hueco en los hogares españoles. En aquella tercera comparecencia, sus compañeros intelectuales anduvieron finos en las respuestas, con la consecuente demora en la demostración del corte con hacha. “TVE -dice Alberto Cañada- sabía que el público ansiaba ver al aizkolari”. No se le ocurrió otra idea que añadir más dificultad a las cuestiones. La estrategia fructificó en una nueva aparición del prodigio de Leitza. Navarra completó aquella primera fase como campeona. Ni qué decir de la eclosión efusiva suscitada en ciudades y pueblos navarros.
DESDE TUDELA A LEITZA
En Tudela, el recibimiento fue mayúsculo. Patxi Astibia estaba en el centro de saludos, parabienes y felicitaciones. Su popularidad desbordaba su carácter tímido. Leitza, “donde se preparó un gran aperitivo en el ayuntamiento” -evoca- no se quedó atrás en el recibimiento. Además de ser escenario de difusión de una práctica desconocida en la mayor parte del país, como era la aizkora, el programa televisivo emocionó a la población.
Si “había unos seis televisores, entre los jefes de la fábrica (Sarrió), algún encargado, el farmaceútico y el secretario del ayuntamiento”, las noches de emisión eran un espectáculo con vecinos arremolinados en torno a cada uno de ellos. La segunda fase del programa, pospuesto para octubre, modificó el sistema del concurso, con una prueba eliminatoria entre Navarra, representada por Pamplona, y Baleares (Mallorca). El aizkolari había sido llamado a filas en Vitoria. Sus condiciones físicas de aizkolari se vieron mermadas, “sin poder entrenar”, recuerda. Su popularidad llegaba a tal extremo que, a la salida del cuartel, le esperaban periodistas para saber de su estado. Pese a su esfuerzo, no llegó al 4 de octubre, como hubiese deseado. “Por seis décimas” no pudo completar una prueba frente al veloz Guillermo Timoner. Para entonces ya era popular como fuera de serie que dio a conocer la disciplina de aizkolari, su pasión.
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