Medioambiente
La raíz que resistió al fuego
Tres años después de los incendios que arrasaron parte de Navarra, la naturaleza sigue su curso. El paisaje reverdece y un árbol se convierte en símbolo de resistencia para una niña que no lo ha olvidado


Actualizado el 13/07/2025 a las 23:37
Tres años después de los incendios que arrasaron parte de Navarra en junio de 2022, apenas quedan rastros visibles del desastre. En el kilómetro 6 de la NA-7012, camino de Artazu y Guirguillano, solo un poste eléctrico calcinado y partido recuerda la magnitud de aquel infierno. Las lluvias de este año han devuelto el verdor al paisaje, incluso bajo un sol abrasador.
Entre las llamas quedó una imagen que aún perdura: una niña de siete años, Helena, junto a sus padres, de pie en un margen calcinado. Cinco días después de que se apagaran los fuegos, desde una terraza sobre el río Arga, frente al Señorío de Sarría, preguntó: “¿Puedo abrazar un árbol?”. Soplaba el cierzo, el aire olía a hollín y las varas quemadas soltaban hilos blancos. No se oía un pájaro. Solo ceniza. Solo silencio.
El 18 de junio de 2022, mientras ardían los montes, el pintor Pedro Salaberri recibía en Sangüesa el Premio Príncipe de Viana de la Cultura. A la misma hora, vecinos, bomberos y voluntarios luchaban para contener el fuego. Nueve días de combate sin descanso, con turnos eternos y noches sin dormir. “Nada de lo que ocurrió se puede olvidar”, decían dos años después tres pilotos de la Brigada Helitransportada de Incendios Forestales: Javier Arilla, Íñigo Beorlegui, jefe de la brigada, y James Vukojevic.
Durante esos días, sobrevolaron los focos del incendio durante 176 horas y arrojaron casi dos millones de litros de agua. En el operativo participaron los Bomberos de Navarra, el Guarderío de Medio Ambiente, la Unidad Militar de Emergencias y refuerzos de La Rioja, Álava, Vizcaya y Guipúzcoa. También colaboraron decenas de agricultores con sus tractores.


Helena volvió con sus padres a Artazu en junio de 2024. Desde el mismo mirador reconoció el árbol que había abrazado dos años antes. Lo vio más verde, más fuerte. “Todo está tan cambiado”, susurró.
Y hace solo unos días, el 28 de junio, repitió el gesto. “Sigue resistiendo”, dijo con una sonrisa.
El verde ha vuelto, pero la tierra no olvida. Bajo el calor creciente, basta una chispa para despertar al fuego dormido. Como recuerda la primatóloga y antropóloga Jane Goodall, “cada uno de nosotros puede empezar a pensar en la huella medioambiental que dejamos y proponernos llevar una vida más sostenible”.

