Tribuna
El talento senior no es pasado: es estrategia de futuro
Hoy, en España, más de 16 millones de personas tienen más de 55 años. En 2030, uno de cada tres trabajadores estará en esa franja etaria. Sin embargo, solo el 35% de las empresas ha desarrollado políticas activas para gestionar este talento


Publicado el 13/06/2025 a las 05:00
En un mundo laboral que corre detrás de la juventud, la inmediatez y la disrupción, hablar del talento senior puede parecer un acto contracultural. Pero no lo es. Es, de hecho, una necesidad urgente, una cuestión estratégica y un imperativo ético. El futuro no solo depende del talento emergente. Depende —y mucho— de quienes llevan años sosteniendo nuestras organizaciones con su experiencia, criterio y compromiso.
Hoy, en España, más de 16 millones de personas tienen más de 55 años. En 2030, uno de cada tres trabajadores estará en esa franja etaria. Sin embargo, solo el 35% de las empresas ha desarrollado políticas activas para gestionar este talento. Al mismo tiempo, más del 60% de las compañías no encuentra los perfiles que necesita. ¿Cómo se entiende esta paradoja? ¿Cómo es posible que, teniendo a profesionales experimentados, comprometidos y disponibles, los dejemos fuera del tablero?
No es que no haya talento. Es que está desaprovechado.
Un cambio de paradigma (y de mirada)
Necesitamos dejar de ver la edad como una amenaza y empezar a verla como una fuente de valor. El talento senior aporta tres elementos que escasean en tiempos de volatilidad: saber, sentido y sostenibilidad.
El saber va más allá de lo técnico: es la sabiduría que se acumula tras décadas de crisis, errores, éxitos y aprendizajes. Es la visión serena que no se improvisa.
El sentido es lo que moviliza: las ganas reales de seguir aportando, más allá del salario o del cargo.
Y la sostenibilidad —social, económica y cultural— es el resultado de integrar de verdad la diversidad generacional.
Del discurso a la gestión
Hablar de diversidad e inclusión queda vacío si seguimos discriminando por edad. Discriminamos cuando no formamos, cuando no escuchamos, cuando relegamos a tareas irrelevantes o cuando dejamos de preguntar: “¿Qué necesitas? ¿Qué puedes aportar ahora?”. Discriminamos también cuando pensamos que ya está todo dicho, cuando el talento senior se vuelve invisible.
Por eso, no basta con buenas intenciones. Se requiere gestión. Evaluación del desempeño adaptada al ciclo vital, sistemas de feedback continuo, formación intergeneracional, trayectorias profesionales reconfiguradas… El talento senior no se jubila: se transforma. Pero para ello necesita un entorno libre de prejuicios, con espacios de influencia, retos significativos y, sobre todo, reconocimiento.
Liderazgo inclusivo, una necesidad
El liderazgo es el eslabón decisivo. Sin líderes formados para comprender, valorar y activar el talento senior, cualquier política fracasa. El manager intermedio debe ser el primer agente de inclusión generacional. Y esto requiere formación, convicción y coherencia.
Porque no se trata solo de atraer talento nuevo, sino de no perder el que ya tenemos. La fuga de experiencia, redes y conocimiento tácito es una hemorragia silenciosa en muchas empresas.
Esto va en serio
Integrar al talento senior no es una moda. Es una obligación estratégica. Es una manera de ser coherentes con lo que decimos: que apostamos por la diversidad, que creemos en la sostenibilidad, que queremos un impacto social real. Pero no puede haber coherencia si el talento con más años a sus espaldas siente que su tiempo ha pasado.
Una organización que cuida a su talento senior no solo retiene conocimiento. Gana reputación, estabilidad, propósito. Y, sobre todo, humanidad.
Hoy más que nunca, el reto no es tecnológico, sino cultural. Y la pregunta es clara: ¿Estamos preparados para construir un futuro laboral donde la experiencia cuente de verdad?
Porque el talento senior no es el final de una etapa. Es el comienzo de una nueva forma de liderar.
Nora Reta, socia directora de Montaner Navarra
