La joven marroquí afincada en Pamplona que desafió las reglas no escritas: "Podemos alcanzar nuestras metas"
Oumaima Abbou se rebeló ante el mandato que dicta en su comunidad que una mujer debe abandonar los estudios para formar una familia y logró licenciarse en Ciencias Físicas y hacer un máster en la UNED. Desde comienzos de mes trabaja en Tesicnor (Noáin)


Actualizado el 10/06/2025 a las 14:29
Oumaima Abbou tiene 25 años y recuerda que pasó su infancia en un pueblo sin agua ni electricidad, en una familia humilde, con un padre pescador y una madre que sacaba almejas del mar a 2 euros el kilo. Pero si algo recuerdo esta joven marroquí de aquellos años es su inquebrantable voluntad por estudiar. Le pesara a quien le pesara. Aunque para ello tuviera que caminar durante horas para ir y volver del instituto y soportar la presión de una comunidad que la señalaba por salirse de lo establecido. Abbou relata su historia desde Pamplona, donde acaba de empezar a trabajar después de una trayectoria académica brillante.
Mujer, marroquí y del medio rural. ¿Nadie esperaba la trayectoria que ha tenido?
Durante mi trayecto he tenido muchas dificultades, entre ellas, la presión de mi pueblo, la crítica. En el entorno en el que yo he vivido es común que las chicas no sigan sus estudios ni salgan de su pueblo, es lo que deben hacer. Su dedicación es quedarse en casa y esperar al esposo. Pero yo he decidido enfrentar todo eso y seguir hacia delante sin importar lo que dijeran los demás. Quería demostrar que nosotras, como mujeres, podemos hacer lo que queramos y alcanzar nuestras metas, que también somos libres.
¿Cómo ha terminado en Pamplona?
Me licencié en Ciencias Físicas en la Facultad pluridisciplinaria de Nador. Después hice un máster en Prevención de Riesgos Laborales en la UNED que me permitió hacer prácticas en el Instituto de Sistemas Fotovoltaicos de Concentración (ISFOC) en Puertollano durante un año. Cuando terminé tuve varias ofertas laborales y finalmente me decanté por Tesicnor.
¿Conocía Pamplona, o a alguien en Pamplona?
No, no conocía Pamplona, pero lo que más me importaba era desarrollar mi formación, aplicar mis conocimientos y aprender mucho más. Tampoco conocía a nadie aquí, pero el primer día que llegué me encontré por casualidad con dos personas, Yolanda y José Antonio, que me han ayudado mucho. Me crucé con ellos y les pregunté por un hotel y, como no había habitaciones libres, me acogieron en su casa durante dos días. Les estoy muy agradecida.
DNI
Oumaima Abbou nació en Alhucemas, una ciudad de la costa mediterránea de Marruecos. Cuando ella tenía 4 años la familia tuvo que mudarse a consecuencia de un terremoto y se marcharon a la Bocana. “La gente del pueblo nos tuvo que ayudar a construir nuestra propia casa”. Ella estudió hasta 6º de Primaria en el colegio de Bocana, después en el instituto de Beni Ensar (una ciudad fronteriza con Melilla) y obtuvo la licenciatura de Ciencias Físicas en la Facultad Pluridisciplinaria de Nador. Obtuvo también un máster de PRL (Prevención de Riesgos Laborales) por la UNED que le permitió pasar un año investigando en el centro de energía fotovoltaica ISFOC de Puertollano. En su trabajo de Fin de Máster obtuvo un 10 . Desde el 5 de mayo es empleada de Tesicnor, una consultoría en Ingeniería y Formación en Prevención de Riesgos Laborales que tiene su sede en Noáin.
¿De dónde cree que le viene esa fuerza para ir contra lo establecido?
De mi interior. Desde pequeña me gustaba estudiar, ser diferente. Quería que mi comunidad lo aceptara, que cambiaran ese pensamiento tan cerrado que tienen. Estaba rompiendo las normas para demostrar que sí se puede hacer todo aquello que decían que no se podía hacer.
¿Su familia le ha apoyado o también está influenciada por esa presión del entorno?
Mi familia me ha apoyado mucho, especialmente mi madre, que ha trabajado duro por mí, sacando almejas del mar a 2 euros el kilos para que yo siguiera estudiando. Pero en algunos momentos ellos recibían esas críticas, esos ataques, y no querían eso. Cualquier familia no quiere que la gente hable mal de sus hijos. Así que cada año había un momento que me decían: no puedes seguir. Pero yo les demostraba lo contrario con mis éxitos en los estudios.
¿Cuáles diría que han sido los mayores obstáculos que ha tenido que enfrentar?
El mayor, la presión de mi comunidad. Esa ha sido la barrera más grande. Pero mi trayecto ha sido muy largo y ha habido muchas dificultades. Yo vivía en un pueblo que está lejos de la ciudad, sin luz ni agua. Para llegar al instituto salía de madrugada y tenía que caminar casi dos horas, y regresaba muy tarde. Eso les preocupaba mucho a mis padres, no había seguridad en el camino. Además, vivía en una zona de entremares y cuando llegaba el invierno el camino desaparecía. Muchas veces tenía que cruzar bajo la lluvia, poniéndome bolsas de basura para protegerme un poco. Llegaba a la escuela y era la única estudiante sucia. Se burlaban mucho de mí, pero a mí eso nunca me ha importado nada. He seguido adelante. Mi objetivo siempre ha sido seguir aprender y seguir creciendo.
¿Y sus mayores apoyos?
Mis principales apoyos han sido dos personas de Melilla: Maru Segura y Gloria Angosto, tanto moral como económicamente. Ellas son quienes convencieron a mis padres para que yo siguiera estudiando. Maru hasta me compró una bicicleta para hacer el camino al instituto más corto, y hasta eso me decían que no podía hacer una mujer. También a través de ellas conocí a los hermanos Hossein Mohand, tutores del centro de la UNED en Melilla. Ellos me consiguieron una beca para estudiar el máster a través de la Fundación Mujeres por África. Cuando me lo dijeron pensaba que estaba soñando, porque después de la licenciatura tuve que volver al pueblo. No podía permitirme económicamente seguir estudiando. La gente decía: tanto estudiar para terminar volviendo al pueblo.
¿Y qué hizo?
Conseguí trabajo en un hotel como recepcionista. Ganaba 200 euros al mes. Además, daba clases particulares de matemáticas y física a los niños para tener un ingreso más. Pensé que no iba salir nunca de allí. Así que no sé cómo pagar a los hermanos Hossein Mohand y a la catedrática de Química Orgánica Rosa María Martín Aranda lo que han hecho por mí.
¿Ahora se ha convertido en un referente en su entorno o le siguen viendo con recelo?
Ahora mismo me valoran y me están viendo como un referente.