Claves
Respuestas a los interrogantes de un apagón histórico
Las renovables proporcionan electricidad barata sin depender de terceros, pero provocan picos de producción que no pueden evacuarse hacia Europa


Actualizado el 30/04/2025 a las 16:31
Son muchas las dudas que se han suscitado tras el apagón eléctrico que dejó el lunes a toda España sin suministro durante horas. El decano del Colegio de Ingenieros Industriales de Navarra, Miguel Iriberri Vega, cuenta con la especialidad eléctrica y electrónica y responde con un lenguaje sencillo las principales preguntas sobre el brusco corte del lunes.
¿Cómo funciona un sistema eléctrico?
Cuenta con tres elementos claramente diferenciados. Por un lado están las centrales que generan la energía y que están repartidas por todo el país. Estas pueden ser nucleares, hidroeléctricas, de ciclo combinado, eólicas y solares, principalmente. En el otro extremo se sitúan los consumidores, que pueden ser particulares o empresas. El último elemento sirve para trasladar la electricidad de las centrales a los consumidores, que es la red principal, llamada también de transporte, y la red de distribución que llega a hogares y empresas.
¿Qué sucede si se corta una línea principal?
Se trata de una red mallada, lo que quiere decir que la electricidad tiene varios caminos para llegar a su destino. Un corte en una línea no debería suponer el fallo del sistema. Las centrales generadoras se desconectan de la red cuando sufren un fallo o para evitar que un problema en el flujo eléctrico de la red dañe sus instalaciones.
¿Cuál fue la causa del apagón del lunes?
Hay que entender que la energía eléctrica, salvo en pequeñas cantidades, no se puede almacenar. Por tanto debe producirse justo en el momento en el que se consume. Ello requiere un constante equilibrio entre generación y consumo. Si se produce más de la que se gasta, hay un desequilibrio, pero también sucede si se consume en mayor cantidad que si se produce. Las causas exactas del apagón todavía se desconocen, pero se sabe que provino precisamente de un desequilibrio entre oferta y demanda.
¿No está preparado el sistema para evitarlo?
En principio, sí que está preparado. Hay distintos niveles de protecciones que deberían impedir que un fallo en una parte de la red provocara el colapso de todo el sistema. El problema es que cuanto mayor es el desequilibrio, más difícil es estabilizar el sistema. El incidente del lunes fue lo suficientemente intenso como para provocar un fallo en cascada. Ese delicado equilibrio se llegó a descontrolar hasta tal punto que las centrales de producción se fueron desconectando unas tras otras para protegerse como si fueran cayendo como fichas de dominó.
¿Son las plantas eólicas y solares las culpables?
Lo cierto es que la producción eólica y solar ha crecido muchísimo en los últimos años. Se trata de tecnologías que, por su propia naturaleza, vierten toda su producción a la red indistintamente de las necesidades del sistema, es decir, de la demanda en un momento dado. Por tanto, hay que combinarlas con otras que sí son regulables, como la hidroeléctrica, la nuclear o los ciclos combinados. Hay días que la capacidad instalada de solar y eólica supera la demanda y eso puede generar problemas de equilibrio en la red.
¿Hay que dar marcha atrás con la renovable?
Para nada. La energía eólica y solar es una apuesta estratégica que permite disponer de electricidad mas barata y no depender del suministro de combustibles fósiles de terceros países. Se trata de una gran ventaja competitiva que tenemos en España y que debemos explotar. Es también una apuesta social y política por cuestiones medioambientales. Lo que sí sería necesario es mejorar la red de transporte y distribución, así como la interconexión con Europa.
¿Es tan importante esa interconexión?
Un sistema eléctrico es capaz de mitigar mejor las fluctuaciones en la corriente eléctrica cuanto más grande es, ya que resulta más difícil desequilibrarlo. España y Portugal son casi una isla energética y eso nos hace más vulnerables a los desequilibrios que se puedan dar en el sistema. Si contáramos con mejores interconexiones a través de Francia, podríamos verter hacia Europa los excesos puntuales de la energía renovable y reducir así el riesgo de desequilibrar el sistema.
¿Resulta vulnerable el sistema eléctrico?
Es robusto, pero podría serlo más si mejoraran las conexiones con Europa. Hasta ahora pensábamos que un apagón total como el sucedido el lunes era prácticamente imposible por todas las salvaguardas técnicas que existen, pero la realidad ha demostrado que eran insuficientes. Es necesario seguir avanzando con una red de transporte y distribución más moderna y una mejor interconexión con Europa, que actualmente ronda el 3% de la capacidad y debería estar al menos en torno al 10%. A más largo plazo, habría que rediseñar completamente la red.
¿La renovable sobrecargó el sistema?
Red Eléctrica ha dicho que hubo una pérdida repentina de generación justo antes del apagón general. Ello no es incompatible con un escenario en el que las renovables, especialmente la solar, hayan sobrecargado el sistema. Un vertido demasiado grande a la red podría provocar que saltaran las protecciones automáticas y que varias centrales se desconectaran automáticamente. No obstante, habrá que esperar al análisis de los datos para tener la certeza de qué causó la repentina caída de producción eléctrica.
¿Podría repetirse un apagón generalizado?
No puede descartarse, pero la vigilancia sobre el sistema será mayor en los próximos días. El suministro eléctrico se ha recuperado de una forma prácticamente total, pero habrá que esperar hasta que se estabilicen las fluctuaciones en la red. Lo que sucedió el lunes hay que tomárselo como una advertencia para mejorar cuanto antes y prevenir nuevos episodios en el futuro.
¿Por qué se tardó tanto en recuperar la luz?
Un sistema eléctrico tan grande como el de la península ibérica es tremendamente complejo. No resulta nada fácil recuperarlo tras un apagón total y cualquier paso en falso puede llevar a nuevo apagones. Debe hacerse lentamente y por zonas para mantener el equilibrio entre oferta y demanda. Al activar una central debe equilibrarse su producción con el consumo antes de dar el siguiente paso. Si el consumo fuera demasiado alto, el sistema volvería a caerse. La interconexión con Francia permitió devolver primero el suministro a Cataluña y País Vasco. El flujo eléctrico que llegaba fue energizando la red y permitiendo que volviera a poner en marcha otros subsistemas como algunas centrales, los transformadores y las subestaciones. Por el sur, Marruecos aportó energía eléctrica a Andalucía en un proceso similar.
¿No se podían activar sin más las centrales?
No es tan fácil. Algunas centrales requieren que les llegue suministro eléctrico para empezar a funcionar. Otras son más autónomas y pueden aportar energía a la red a modo de islas. Es el caso de las centrales hidráulicas y las de ciclo combinado. El suministro se recuperó tanto por la aportación de Francia y Marruecos como por las centrales hidráulicas y de ciclo combinado que se fueron uniendo a la red progresivamente.
¿Qué papel ha jugado Red Eléctrica?
Red Eléctrica actúa como el director de orquesta de todo el sistema. Es quien manda y decide qué se conecta a la red y cuándo. Su labor consiste en que todos toquen al compás y sin desafinar para evitar nuevos apagones. Gestionan la red de transporte, que se encarga de llevar la electricidad de las centrales hasta las grandes subestaciones. La electricidad viaja con altísimos voltajes, de hasta 400.000 voltios, para mitigar las pérdidas. Las subestaciones reducen el voltaje hasta unos 13.200 voltios y, a partir de ahí, son las compañías de distribución con sus propias redes las que capilarizan la luz hacia los consumidores particulares y empresariales.
¿Por qué llegaba la luz a un bloque y no a otro?
Porque se iban activando los transformadores conforme había disponibilidad eléctrica. Si tenemos en cuenta que el suministro era inicialmente limitado, no de podía alimentar toda la red de distribución de golpe. En función de la energía que iba entrando en el sistema, las compañías de distribución podían alimentar un número limitado de transformadores que convierten los 13.200 voltios en los 230 voltios de los hogares y están repartidos por barrios y localidades. El tamaño de estos transformadores varía según la cantidad de hogares a los que suministra. Por tanto, se iba eligiendo qué transformador activar según la energía disponible en cada momento.