Una navarra en la capilla ardiente del papa Francisco: "El silencio era total"
La navarra Marta Solchaga Zugasti, estudiante de Enfermería de la Universidad de Navarra y de un Erasmus en Roma, es una de las miles de personas que ha pasado por la capilla ardiente de Francisco en la basílica de San Pedro


Publicado el 25/04/2025 a las 05:00
Han pasado 17 días desde que Marta Solchaga Zugasti (Pamplona, 13 de febrero de 2004) viera al papa Francisco saludando en la Plaza de San Pedro y la noche del pasado 23, cuando pudo verle un segundo en su velatorio en el interior de la basílica. Estudiante de tercer curso de Enfermería en la Universidad de Navarra, esta navarra de 21 años cursa un Erasmus desde el 26 de febrero hasta el próximo 30 de junio en la el Campus Biomédico de Roma. Con motivo del Jubileo de las enfermeras, acudió el pasado 6 de abril a la misa que se celebraba con este motivo en la Plaza de San Pedro. “Estaba previsto que no acudiera el Papa por su estado de salud. Pero, por sorpresa, apareció al final en silla de ruedas y nos felicitó”. Recuerda todavía emocionada que ese día se levantó a las seis de la mañana para coger sitio para la misa que se celebraba a las 10:00 horas.
17 días después estaba en el mismo sitio, pero haciendo una larga cola de cuatro horas: de ocho de la tarde a doce de la noche. Fue entonces cuando pudo ver al Papa. Un segundo. No se pudo parar delante de él, ni sacar fotos ni vídeo. “Hubo alguna persona que lo intentó. Pero se lo impidieron”, explica. Acudió con sus compañeras de piso, las también navarras y estudiantes de Enfermería Uxue Alberdi Anguita y Nora Senosiain Ibero. “Acudí porque es un hecho histórico. Además, es un Papa que me ha gustado muchísimo y quería rezar. Pasamos a unos dos metros del Papa y continuamos andando, sin detenernos. Después me quedé un rato rezando en uno de los lugares que han habilitado para ello”, relata. Le llamó la atención el silencio que inundaba todo. Las cuatro horas de espera transcurrieron en silencio y recogimiento, si acaso, interrumpido por algún susurro. “Para toda la gente que estábamos allí, no había alboroto ni gritos. Como los españoles hablamos alto normalmente, si se nos escapaba una voz más elevada que otra, enseguida nos miraban. Y ya en la basílica, el silencio era total”, añade.
Marta vive estos días con la pena que le ha producido la muerte de un Papa al que admiraba y la alegría de estar en Roma viviendo un momento histórico. No sabe todavía si asistirá al funeral el sábado. “Quizá lo veamos desde algún sitio cercano en pantalla porque me dan respeto las aglomeraciones. Pero sí que iremos a ver alguna fumata”, afirma desde Roma, mientras prepara sus apuntes para estudiar sus próximos exámenes. Sí tiene la seguridad de que también podrá ver al próximo sucesor de Francisco.