Emilio Vallejo, el ‘maestro’ de cuidar a los demás

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Joaquín Barrado y Patxi Pastor

Publicado el 19/04/2025 a las 18:50

Hay personas cuya sola presencia basta para que todo parezca estar bien. Personas con el don de hacer agradable la vida a los demás sin apenas proponérselo. Así era Emilio Vallejo Escalada. Nuestro Emilio. Con una de sus sonrisas o con una de sus frases ocurrentes aportaba brillo y transmitía calma y alegría allí donde estuviera. El 20 de septiembre cumpliría 52 años. Nos ha dejado demasiado pronto. Su marcha nos ha roto por dentro. Y aunque su ausencia pesa, los días con él seguirán haciéndonos sonreír entre lágrimas.

Emilio no era cualquier padre. Ni cualquier marido. En su mujer, Tatiana León Quiroga, y en sus hijos -Javier, de 18 años, y Julia, de 15- encontró su casa, su fuerza, su orgullo. Su motivo. Fueron su centro y también su motor durante ese partido imprevisto que la enfermedad le obligó a jugar. Un partido duro, incierto, que afrontó como hacía en la pista de pádel: con nobleza, con coraje y sin perder nunca la mirada limpia.

Emilio era muy de Milagro, su pueblo. Su padre, Cecilio, el médico local durante décadas, ya fallecido. Y su madre, María Jesús, a quien Emilio ha cuidado durante su viudedad, pendiente siempre de ella porque no quería verla triste. Era el tercer hijo del matrimonio, detrás de sus queridas hermanas Mª Emma e Itziar.

¿Su papel en la familia? Ya lo describió su sobrina en el funeral en la iglesia: “Siempre nos has apoyado y nos has ayudado cuando te lo hemos pedido. Siempre estabas pendiente de todo el mundo, deviviéndote por todos”. No se puede decir más claro ni mejor.

Emilio estudió en la escuela del pueblo donde su abuela Julia fue maestra, pero también en El Redín de Pamplona y en centros de Tarazona y Alfaro.

Se especializó en la conservación de alimentos y trabajaba en el laboratorio de calidad de la empresa Gelagri. Sus compañeros de trabajo no le recuerdan con una mala cara. Al revés. Siempre sumando, activo y tratando de que el equipo funcionara lo mejor posible.

Así era Emilio. Nuestro Emilio. Esa persona que no pasaba desapercibida. Amaba los encuentros rodeado de los suyos, las charlas largas, el ambiente distendido, ese calor humano que sabía cultivar con naturalidad por su facilidad para conectar con las personas y relativizar los problemas.

Los amigos tenemos la memoria llena de grandes momentos con Emilio que no caben en el olvido. Por ejemplo, cuando él se quedaba solo con los hijos de todas las parejas en fiestas mientras otros amigos bailan los gigantes. O si algún hijo iba al pipero y no estaba su padre, al siguiente que acudía era a Emilio. Se ganó a todos los chavales.

Las comidas y cenas en el pipero no serán igual. Faltará el momento en que, en la sobremesa, Emilio agarre la guitarra y toqué sus piezas de flamenco, donde ponía toda su sensibilidad y alegría. ¡Qué momentos de felicidad! Los de su cuadrilla no le olvidaremos, pero tampoco los de los otros piperos cercanos. “Se nos ha ido el dj del barrio en fiestas”, decía alguno.

No se puede hablar de Emilio sin recordar su faceta deportista. Tras sus años como futbolista en el Milagrés, ya cerca de los 40, fue uno de los impulsores del pádel en Milagro. Supo contagiar entusiasmo, reunir a gente y dar forma a un club que hoy supera el centenar de socios. Tejía relaciones con facilidad innata. Unió a generaciones en torno a este deporte: a los de 40 con los de 30, con los de 20... Todo encajaba cuando él organizaba un almuerzo o proponía una comida. Se ocupaba de los detalles: de que nadie faltara, de conseguir ropa deportiva asequible, de que las pistas estuvieran listas... Por eso, y no por formalidad, muchos empezaron a llamarlo ‘el maestro’.

Y porque era un maestro en hacer más agradable la vida a los suyos, a los demás. No se trata de idealizar a quien ya no está. Solo de reconocer lo que fue. Y Emilio fue, sencillamente, una de esas personas que hacen que la vida tenga más sentido. Lo recordaremos con esa sonrisa al final de una comida en fiestas con su guitarra, con su actitud optimista en la pista de pádel, pero sobre todo como el que comprueba que todo el mundo esté bien antes de marcharse. Te queremos Emilio.

Joaquín Barrado y Patxi Pastor en representación de familiares y amigos de Emilio Vallejo.

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