¿Quedan puentes romanos en Navarra?
Aunque no es posible responder con absoluta certeza, varios puentes navarros conservan estructura y alma romana


Actualizado el 26/03/2025 a las 13:49
¿Quedan puentes romanos en Navarra? No es posible responder con absoluta certeza a esta pregunta, pero varios puentes navarros conservan estructura y alma romana. Y es que las huellas romanas en los puentes de Navarra no siempre son evidentes, pero siguen ahí, bajo reconocibles arcos de medio punto, piedras milenarias y restos de un cemento natural -sí, el famoso opus caementicium- que los ingenieros romanos convirtieron en una revolución constructiva.
Los romanos no construían por construir. Sus puentes resolvían dos grandes retos: dejar pasar a la gente y dejar pasar al agua. Y lo hacían con soluciones tan simples como geniales. Las bóvedas eran autoportantes: si caía un arco, los demás seguían en pie. Las pilas se levantaban de abajo arriba, con relleno de cascotes y hormigón.
Hoy, aunque muchos están transformados por siglos de reformas, aún quedan ejemplos que conservan la esencia romana: según la Gran Enciclopedia de Navarra, "entre los que han llegado a la actualidad, los más destacables son el de Reparacea, sobre el Bidasoa (Oieregi); el de Cirauqui, sobre el Salado; o los de Lumbier, Orcoyen y Espinal".
"Según Fernández Casado, los puentes romanos evolucionan hacia una mayor perfección constructiva; a los pesados y opacos puentes republicanos siguen los más esbeltos del Imperio. Los ejemplos que existen en la actualidad han podido sobreponerse a numerosos enemigos; a ellos mismos, a su propio peso, a la mala cimentación y los deficientes materiales; a las invasiones bárbaras, guerras y demás avatares de la Historia.", añade la Gran Enciclopedia de Navarra.
Y ahí siguen. Callados, funcionales y bellos. De algún modo romanos, en definitiva.