Cinco años de Covid (III)
Sánchez Ostiz (residencias) a la exconsejera de Salud: "Nos sentimos muy solos. Te lo digo con todo el corazón"
El presidente de la Asociación de Entidades Asitencias de Navarra (ANEA), Rafael Sánchez Ostiz, rememora en una charla con la titular de Salud entonces, Santos Indurain, las limitaciones que sufrieron y las heridas que les dejó la pandemia


Publicado el 10/03/2025 a las 05:00
Marzo desplegaba sus primeros días en el calendario de 2020. Por entonces, 5.800 mayores eran atendidos en 71 residencias, ubicadas a lo largo y ancho de Navarra. El coronavirus se adueñó del mes de la primavera, nos arrebató la luz y dio paso a semanas y meses de oscuridad. “Miedo. Sentíamos mucho miedo. No sabíamos qué se nos venía encima. Veíamos el desastre de lo que estaba ocurriendo en Italia. Todavía no había instrucciones de las autoridades, pero las residencias ya empezamos a protegernos. Trabajamos con personas vulnerables. Éramos carne de cañón”. Con estas palabras describe el presidente de la Asociación de Entidades Asistenciales de Navarra (ANEA), Rafael Sánchez Ostiz, los días previos al confinamiento. Su asociación concentraba entonces la mitad de las plazas de las residencias de mayores.
A su lado, en silencio, escucha la exconsejera de Salud, Santos Induráin. Le mira y hace gestos de asentimiento. El gestor de residencias hace hincapié en la “enorme incertidumbre” vivida. De aquel desconcierto, Sánchez Ostiz recuerda “las indicaciones contradictorias” que les llegaban con temas como el uso de mascarillas. “Alguno decía: ‘No os las pongáis, que no hacen falta’. Y otros, en cambio, trabajaban con mascarillas industriales. Todo ese desconocimiento nos generó miedo, incertidumbre y conflicto interno en los centros”.
_ ¿No habían detectado ya en enero y febrero más neumonías o gripes entre los mayores?
La pregunta de la periodista se dirige a Sánchez Ostiz, pero la exconsejera sale al quite: “Era febrero...”, dice en alusión a que es época de enfermedades respiratorias.
El directivo explica que “era imposible ” concretar el diagnóstico por el complejo perfil de los residentes: personas de edad media elevada, con enfermedades crónicas o con pluripatologías en las que un cuadro de gripe resulta habitual. “Cuando se habla de una residencia parece que se piensa en un hotel . No. Las residencias se parecen más a un hospital que a un hotel”, subraya.
La carencia de herramientas (test, EPIs..) para combatir la covid-19 marcó las primeras semanas. Impidió atajar la expansión del virus entre los mayores. Las mascarillas de tela y los trajes con bolsas de basura de poco sirvieron, salvo para evidenciar la solidaridad de una ciudadanía desgarrada. “La mitad de los fallecidos por coronavirus se produjo, sobre todo, en las dos primeras olas en residencias. Eso no significa que estuviéramos matando a la gente, sino que atendíamos a las personas más complicadas y frágiles”.
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“La crítica - continúa Sánchez Ostiz- es a un sistema sanitario ‘hospitalcentrista’. No solo el navarro, sino el de toda España. Es decir, todos los esfuerzos se centraban en los hospitales. Luego, lo que quedaba pasaba a Atención Primaria, y lo que quedaba después nos llegaba a las residencias, cuando nosotros estábamos con los más vulnerables (...) Realmente, nos encontramos muy solos y te lo digo con todo el corazón -mira a la consejera-. Estamos de acuerdo en que fue fruto del desconocimiento y que todo el mundo puso lo mejor de sí, pero el desconocimiento también te lleva a tomar decisiones equivocadas”.
_ “Me parece muy importante -se incorpora la exconsejera a la conversación- el consenso que se logró. Se hizo un esfuerzo tremendo en la detección, protocolos, seguimiento... Y además, Rafa, logramos unas elevadas tasas de vacunación”.
También se recuerda a los dos responsables que algunos mayores permanecieron semanas encerrados en una habitación, casi un año con visitas a cuentagotas. Sánchez Ostiz, sin titubeos, expone su momento más duro: “La situación de mayor desesperación era cuando tenías el virus dentro y no tenías ni pruebas diagnósticas ni EPIs para el personal. ¿Y ahora qué carajo hago? ¡Se estaban muriendo personas! Era una impotencia tremenda. Estabas allí, en contacto con los trabajadores, con los residentes, con las familias...”.
Describe aquel escenario con el corazón todavía encogido. “Emocionalmente lo llevas como puedes -añade el portavoz de las residencias - porque no te puedes permitir el lujo de tirar la toalla. Muchas personas dependen de ti. Y los directores de otros centros estaban igual: con incertidumbre, miedo y sensación de abandono”.
“Otro tema tremendo -rememora el gestor- fue el confinamiento en residencias. Se tomaron decisiones con la mejor intención, pero estoy convencido de que fueron erróneas. Las consecuencias en la calidad de vida fueron tremendas”.
_“Es verdad - interviene la exconsejera - pero se salvaron vidas. En aquel momento, con la situación que había de medios diagnósticos y EPIs, el confinamiento llevó a salvar vidas(...) A toro pasado sí que revisaría los aislamientos, sobre todo en situaciones al final de la vida”.
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Le interrumpe Sánchez Ostiz: “¿Alguien preguntó a esas personas si querían estar confinadas? Nadie. Hubo un momento en el que, desde su ventana, veían pasear a la gente y ellos seguían confinados. Tuvieron un confinamiento más duro y largo que el resto. Aquello vulneraba su libertad”. De aquellos días, el gestor guarda un sentimiento: “El miedo que provocaba en mi entorno cercano: mi mujer y mis hijos. Yo estaba en contacto con el virus todos los días. Veía el miedo en sus caras. Cuando llegaba a casa, antes de entrar, me quitaba la ropa en el jardín”.
Los aplausos no llegaron a las residencias. Y eso hurga en su herida. “Se nos señaló desde el ámbito político como causantes del fallecimientos y se trasladó a la sociedad. Es algo que el sector no perdona. Pero, al final, olvidas porque es sano y sería inviable vivir con ese sufrimiento. En eso, los mayores son un ejemplo. Olvidan rápidamente, con la vacunación vieron esperanza. Quizá es que ven cerca el final y prefieren no enredar en recuerdos”.
Una lección aprendida
“No volver a centralizar en Madrid las compras de mascarillas y de equipos para agilizar la actuación. Y la enorme resiliencia de los mayores”
Una imagen grabada
“El miedo que provocaba en mi entorno. Cuando llegaba a casa, antes de entrar, me quitaba la ropa en el jardín”



