Luis Marín, obispo: "Nadie debe sentirse excluido en la Iglesia, porque es un hogar"
El subsecretario del Sínodo presentó un resumen de este documento recientemente en el Seminario San Miguel de Pamplona ante 300 personas


Actualizado el 01/02/2025 a las 23:20
“Todos, todos, todos”. Con la repetición en tres ocasiones de este pronombre indefinido, el Papa Francisco insiste en quienes son las personas incluidas y acogidas en la Iglesia. Las mujeres, el colectivo LGTBI, los divorciados vueltos a casar, las personas con discapacidad... han sido las principales preocupaciones que han surgido en los grupos de trabajo del Sínodo en los últimos tres años en todos los países del mundo. Y sobre estas cuestiones y los principales puntos recogidos durante este proceso, habló el obispo Luis Marín San Martín (Madrid, 1961), uno de los subsecretarios del Sínodo. Lo hizo el sábado 25 de enero en el Seminario Conciliar San Miguel de Pamplona, ante más de 300 personas.
¿Cuál ha sido la mayor dificultad para impulsar este Sínodo, teniendo en cuanta las diferentes voces y carismas que existen dentro de la Iglesia católica?
Lo más difícil ha sido darnos cuenta del momento de gracia que estamos viviendo. También, integrar la pluralidad. Porque tenemos una tendencia a la homogeneidad, que tenemos que ser todos iguales. Pero hay que integrar a “todos, todos, todos”, escuchar, abrirnos a otras voces que están en los márgenes. No de manera anecdótica sino siempre.
¿Las diferencias ideológicas dentro de la Iglesia han supuesto un problema?
Pero hay una imagen muy bonita de la Iglesia, como familia de Dios. En una familia existe una unidad en el amor. Todos se quieren. Aunque el otro sea diferente, tenemos que verlo como a un hermano. No como un enemigo.
¿Por qué ha sido tan novedoso este Sínodo, en el que no han participado solo los obispos sino todos los miembros de la Iglesia?
Precisamente por eso. Sínodo es caminar y queremos que esto llegue a ser un modo de vivir, siempre orientados a la misión. Tenemos que dar testimonio de una Iglesia fraternal, alegre y que comunique esperanza.
Los laicos han tenido un gran peso en los grupos del Sínodo...
¡Es que no están por debajo de los sacerdotes! Nos situamos todos al mismo nivel. La Iglesia no es una pirámide, una estructura de poder. ¡Eso no es la Iglesia de Cristo! Todos los bautizados estamos en el mismo nivel de amor y de servicio. Pero no todos nos incorporamos de la misma manera. Cada uno lo hace con su vocación y todas deben estar en interconexión y evangelizar juntas.
Los grupos que han trabajado en el Sínodo alrededor del mundo coinciden en los mismos temas de preocupación: mujer, LGTBI, discapacidad, divorciados...
Claro, porque se aborda qué supone ser Iglesia hoy. No se trata de modas, de ideologías ni de grupos de presión que crean una agenda. La Iglesia acoge a todos y nadie se tiene que sentir excluido porque es un hogar. El amor nunca se impone. Solo se propone. El que vaya a la Iglesia va a encontrar una familia y cariño. Jesús no condena sino que salva.
El Papa insiste en que nadie se sienta excluido...
Es un ejemplo. Recuerda cómo eran las primeras comunidades cristiana (acogedoras, fraternas y alegres). El Sínodo nos llama a la conversión, a un hogar común.
CADA VEZ, MÁS MUJERES
Cada vez son más las mujeres que ocupan puestos de responsabilidad en la Iglesia...
¡Y más que debería haber! Todo aquello que sea propio de los laicos puede hacerlo una mujer. ¡Es que mujer y laico no son dos categorías distintas! En este tema, debemos ir a máximos. No a mínimos. Antes resultaba inaudito que una mujer fuera miembro de una comunidad vaticana. En pocos años, ha habido un cambio muy grande. Son procesos que van a distintas velocidades.
¿Qué ocurre con el colectivo LGTBI, los divorciados, las personas con discapacidad, los que están en los márgenes?
Todas estas cuestiones se han abordado en el tema de la participación. Y no es una novedad de este Sínodo sino que ya se había hablado con anterioridad. La Iglesia, insisto, debe ser inclusiva. Todos se tienen que sentir acompañados, no excluidos. Cualquier persona debe sentir que la Iglesia es su hogar. Todo encuentro con Cristo sana siempre. Si a una persona la excluimos de la presencia de Cristo, la cerramos en sus propios límites. El obispo de Pamplona, Florencio Roselló, se refiere en su última carta sobre el Sínodo a que también han participado los presos, voluntarios de prisiones... De manera habitual. Ahora hay que poner en práctica todo lo que se ha trabajado en el Sínodo.
También se habla de la misión digital. ¿A qué se refiere?
Tenemos que saber y conocer el mundo en el que vivimos. A veces, nos parece que estamos en un tiempo que ya no existe. Hay que hablar en el lenguaje de hoy. Por eso, es importante que haya evangelizadores digitales. Pero hay que acompañarlos, formarlos. Con el llamado sínodo digital, ha habido conexiones con estos evangelizadores. Pero lo más importante es comunicar la alegría y entusiasmar con la presencia de Cristo resucitado. Ese es el reto. Porque Cristo va con la gente herida, con sus dolores.
¿En qué países han evolucionado más los temas del sínodo?
Existen distintas velocidades pero el continente que va por delante es América Latina. Tiene una estructura muy fuerte, el CELAM(conferencias episcopales de América Latina). La experiencia religiosa, pastoral y social ha ayudado a que el proceso se haya desarrollado más fácilmente.
¿Qué le diría a alguien que se ha alejado de la Iglesia?
Ven a tu familia, que tus heridas no te condicionen. ¡Siempre vas a ser acogido!