Jesús Mari Viguiristi Artozqui, ‘Irunsheme’-Comparsero


Publicado el 19/01/2025 a las 08:51
Amanece un día de enero con el frío invernal pero, más allá de la climatología, el corazón se nos queda helado al tener que despedir a nuestro querido Vigui.
Jesús Mari Viguiristi, Vigui, nos dejó tras 75 años de una existencia llena de anécdotas y vivencias pamplonesas. Los que lo conocieron en su juventud recordarán a un muchacho de escolapios. Descubro con entrañable curiosidad que su madre, María Cruz, fue amiga de mi abuela Teresa, en los tiempos de la Guerra Civil, en los que trabajaban de enfermeras en el seminario, convertido en el Hospital Alfonso Carlos.
Recuerdo a Vigui enseñándonos a Javier y a mí, así como a tantos otros, a bailar los gigantes de la Comparsa de Pamplona. Pero, “primero vete para ver qué turno de cabezudo o zaldiko te toca”. A veces, dijéramos que por indisposiciones sanfermineras, podías incluso llevar un kiliki. Y así, con infinita paciencia, rodeado del tabaquil humo, nos tutorizaba el equilibrio y las danzas en la Asiática, nuestra Juan Sebastián Elcano iruñatarra.
Y es que Vigui hacía tiempo que había sobrepasado la frontera de la persona, para ser un auténtico personaje de la vida cultural de Pamplona. Era PTV, sí, pero no de los de boquilla, pues lo era por derecho propio, consagrado en los altares de los hangares de la antigua Estación de Autobuses; institucionalizado en los eventos más castizos y jatorras del folklore cultural vasconavarro organizados en Pamplona.
Cómo no creer que sus primeros pensamientos al iniciar el día, o al salir de su portal de la calle Tudela hacia la relojería en San Ignacio, serían para sus amados gigantes y cabezudos. El escaparate del negocio familiar, en el que trabajaba junto con su hermano, era mágico: todavía no había llegado la fiebre de los muñecos de goma y los hermanos ya tenían a la vista del público réplicas fidedignas, hechas a mano, de los gigantes. El Ayuntamiento de Pamplona no habría osado reclamar derechos de imagen, pues ni Tadeo Amorena podría sentirse más homenajeado.
Vigui tuvo una activa vida folklórica, donde la música y la danza formaban parte de su esencia. Me atrevo a destacar otro aspecto, quizás desconocido para muchos, pero apreciado por sus inseparables comparseros. Y es que pasaba largas horas con Mari, los Patxis, el Lotero (y esposa) y perdónenme a quienes no cite, en las labores de mantenimiento: el trabajo entre bastidores, desde el 15 de julio hasta San Fermín Txikito, y luego hasta San Saturnino, y tras éste, un largo semestre hasta el 6 de julio siguiente.
No era un taller, sino un auténtico atelier de artistas de la escalera, del cartón piedra, del pincel fino y del pan de oro. Porque si Tadeo Amorena y Félix Flores fueron los creadores, Pedro, Pitti, Azcárate, Mari y otros fueron los artistas-restauradores, Vigui se encontraba entre los asistentes, trabajadores, presentes frente a viento y marea. Los Reyes Europeos de Rosario (Argentina) también lloran su ausencia.
En los últimos años lo llevaban en silla de ruedas hasta donde estuviera la Comparsa y, con su presencia, impulsada por la fuerza del cariño, nos entregaba su espíritu jovial y jatorra. Quién sabe si ya hoy estará con Trinidad y otros comparseros, y con Sorozábal y Apesteguía, los policías municipales que durante tantos años se encargaron de asegurar el tránsito de la Comparsa por las calles de Pamplona.
Vigui hizo pauta de su conducta el poema-fábula de Fiacro Iráizoz sobre los gigantes, que en su final decía: “Sé humilde tu vida entera; / huye siempre de un encuentro / con esa gente altanera / que va mostrando por fuera / lo que no tiene por dentro. / Y piensa que hay mil farsantes / de apariencia fanfarrona, / muy soberbios, muy boyantes… / ¡y son como los gigantes… / los gigantes de Pamplona!”.
Ya imagino a Tadeo y Félix, y a todo aquel que admiró la Comparsa continuando con nuevos versos: Aprecien hoy iruñatarrak / a quien a estos reyes amó. / Que sabiéndolos vacíos / su corazón les donó. / Perciban cuando los vean / lo que Vigui sembró: / pamplonesismo y afecto, / de quien a todos se entregó.
La Pamplona-Iruñea que revisa periódicamente el callejero quizás encuentre una oportunidad para rendir un homenaje a nuestro Vigui.
Berriz ikusiko gara horrela idatzita badago. Goian bego.
*Ignacio Alli Turrillas es excompañero en la Comparsa del fallecido