Trastornos alimentarios

6 de cada 10 personas con anorexia o bulimia presentan ansiedad o depresión

Recientemente se celebró del 'Día de los trastornos de la conducta alimentaria', que afectan al 6% de los adolescentes y jóvenes

El 20% de los trastornos alimentarios se cronifican si no se abordan a tiempo.
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El 20% de los trastornos alimentarios se cronifican si no se abordan a tiempo.
El 20% de los trastornos alimentarios se cronifican si no se abordan a tiempo.

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Sonsoles Echavarren

Publicado el 07/01/2025 a las 05:00

Un laberinto de números. En el que solo se cuentan las calorías de los alimentos, los kilos que se pierden al no comer y las tallas en las que se consigue entrar. En esta ensaladilla numérica se convierte a menudo la vida de muchos adolescentes, jóvenes y adultos que conviven con los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) y cargan con esa mochila tan pesada que se convierte ya en parte de su cuerpo. Los datos son contundentes: el 6% de menores y jóvenes sufre anorexia, bulimia o algún otro tipo de estos trastornos alimentarios, un porcentaje que se ha disparado desde la pandemia de la covid. La edad de inicio, subrayan los expertos, se ha adelantado y ya hay niños de 8 y 9 años (prepuberales) que muestran síntomas. Con motivo del ‘Día Internacional de los TCA’, que se celebró el pasado 30 de noviembre, psiquiatras y psicólogos dan la voz de alarma ante una realidad, que podría atajarse con un abordaje temprano. Y evitar así que, como ocurre en el 20% de los casos, se convierta en una enfermedad crónica que puede terminar con la muerte en los casos más graves (en uno de cada diez). Los TCA no son algo aislado, sino que en 6 de cada 10 casos los afectados presentan alteraciones psiquiátricas, como ansiedad o depresión.

La psiquiatra infantil y juvenil Rebeca Hidalgo, que ha ejercido en el Centro de Salud Mental Infanto Juvenil de Sarriguren, lo tiene claro. “El impacto de los TCA va mucho más allá de la alteración en la conducta alimentaria. Estos trastornos afectan al desarrollo cognitivo, la bajada del rendimiento académico, alteraciones en la memoria de trabajo y en la capacidad de concentración”. Por su experiencia profesional, califica estos trastornos como “verdaderos ladrones de juventud” que se “infiltran sigilosamente en las familias” y transforman la dinámica familiar en “un campo de batalla” donde “el amor y la desesperación luchan cada día”. “He visto a padres agotados emocionalmente, a hermanos confundidos y, sobre todo, a adolescentes atrapados en una prisión invisible, que roba años cruciales de desarrollo y experiencias vitales”.

EL 70% SE RECUPERA

Pero no todo es negativo. Y el seguimiento a largo plazo de los pacientes pone de manifiesto que 70 de cada 100 casos se curan, si se combinan el tratamiento psiquiátrico, con el psicológico y el nutricional, junto a una sólida intervención familiar. “Pero la realidad en nuestro sistema sanitario público dista mucho de estos estándares óptimos. Y la escasez de recursos públicos compromete la recuperación de muchos pacientes”, lamenta Hidalgo. Y critica que cada mes de retraso en el inicio del tratamiento reduce en un 15% las probabilidades de recuperación completa. “La recuperación es posible y he tenido el privilegio de ver a muchas de mis antiguas pacientes convertirse en mujeres fuertes y resilientes, capaces de construir vidas plenas y satisfactorias”.

Hidalgo insiste en que la sociedad debe reconocer que el tratamiento de los TCA no es un gasto “sino una inversión en el futuro de nuestra juventud”. “Necesitamos más unidades especializadas, profesionales y programas. Ver a una joven recuperada no tiene precio”.

UNA VOZ QUE TE PERSIGUE

“Come más”. “Son cosas de la edad”. “Ya se te pasará”. Son frases que los pacientes con TCA escuchan y les duelen porque revelan “un desconocimiento alarmante”. “La realidad es muy distinta. Se trata de jóvenes que han perdido el control de sus propias vidas, sometidas a una voz intrusa que las domina y tortura”, explica Hidalgo. Esa tiranía mental, continúa, es constante, agotadora y les roba su capacidad de decisión. “No es una elección. No es un capricho. Es un secuestro de la voluntad por un trastorno que las mantiene prisioneras de rituales, pensamientos obsesivos y un autodesprecio que las consume”. La sensación de impotencia, subraya la especialista, se multiplica cuando la sociedad banaliza su sufrimiento. “O cuando los profesionales son incapaces de comprender la profundidad de su tormento”.

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