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Mireli Lekanda, voluntaria de Cáritas en Echavacoiz: "Una nunca sabe qué está atravesando la persona que entra por la puerta"

Voluntaria en Cáritas de largo recorrido, los últimos 10 años los ha pasado en la parroquia del Pilar de Echavacoiz, “la más pobre de Pamplona”, recuerda esta bilbaína afincada en Idocin 

Mireli Lekanda Egurrola abre la puerta de la parroquia de Nuestra Señora del Pilar, en el grupo Urdánoz de Echavacoiz.
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Mireli Lekanda Egurrola abre la puerta de la parroquia de Nuestra Señora del Pilar, en el grupo Urdánoz de Echavacoiz.
Mireli Lekanda Egurrola abre la puerta de la parroquia de Nuestra Señora del Pilar, en el grupo Urdánoz de Echavacoiz.

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Ainhoa Piudo

Publicado el 05/12/2024 a las 05:00

Cuesta que Mireli Lekanda se libere. Aunque el horario de acogida y reparto de alimentos en la parroquia Nuestra Señora del Pilar de Echavacoiz teóricamente ya ha terminado esta mañana, el ir y venir de personas no se detiene. Son vidas que transitan el lado más duro de la cotidianidad. Qué comeremos hoy, bajo qué techo nos resguardaremos el próximo mes.

Esta vasca de melena blanca acumula una dilata experiencia como voluntaria, “siempre con Cáritas”. Antes estuvo en la residencia Landazabal (Burlada) y en la Misericordia. Hace 10 años, a través de una amiga vecina de Echavacoiz, entró en contacto con la parroquia, “la más pobre de Pamplona”, crisol de casi 70 nacionalidades diferentes. Hasta 14 personas ejercen en su seno como voluntarias, cuenta Ana Monserrat, teresiana y alma de la institución. “Prestamos también otros apoyos, como los escolares”.

DNI
Nombre: Mireli Lekanda Egurrola ( Bilbao 1948).
Familia. Es hija de María Josefa Egurrola, de Rentería, maestra; y Faustino Lekanda, de Deusto, montador de grúas. Tiene dos hermanos: Gotzone y Gaizka y una hija.
Estudios. Hizo secretariado en el Colegio Nuestra Señora del Pilar. Fue aupair en Irlanda y obtuvo un título superior de inglés.
Ocupación laboral. Trabajó de telefonista en la empresa Aguirena y como secretaria de dirección en Comercial de Suministros. En 1970 empezó en Aviaco (compañía aérea), en Bilbao y Málaga. Ya siendo Iberia, pasó por Donosti y llegó después a Pamplona, en cuyo aeropuerto trabajó durante 13 años, hasta 2006. Vive en Idocin.

Lekanda acude a Echavacoiz todos los jueves, mañana y tarde. “Desde que entras recibes una energía fantástica, tan positiva que te llena”, sostiene. “No lo veo como un acto de generosidad, porque me hace sentir bien y me enriquece una barbaridad”.

No es que peque de ingenua. “Las personas que vienen traen consigo mucho conflicto. Hay gente que viene de muy mal talante, pero una nunca sabe qué está atravesando esa persona que entra por la puerta”. Hay días que se lleva a cuestas la sensación de no haber estado todo lo acertada que debería. “¿Podía haber hecho algo más, haber movido los hilos de otra manera?”, se cuestiona cuando llega a su casa de Idocin, donde vive “rodeada de animales”. “Mis perros, mi loro Patxi, mis agapornis”, se detiene.

Percibe en estos años un deterioro de la situación social. “Cada vez hay gente más pobre, y se nota. Al principio me llamaba mucho la atención ver gente de aquí, navarros con pinta de señores estupendos, pero que venían a por la comida. Eso sí te da una sensación de Navarra pobre”. 

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