Marca Navarra
Genaro Borobio, voluntario en la asociación El Taller: "Simplemente ayudamos a nuestros vecinos"
Lo mismo reparan cisternas que cuelgan cortinas a personas mayores con escasos recursos, muchas viudas, en sus propios domicilios


Publicado el 03/12/2024 a las 19:00
"Me suelen decir que no seré ingeniero, pero que tengo más ingenio que cualquiera”, desliza Genaro Borobio. Ingenio para arreglar cisternas y fregaderas que fugan, cambiar bombillas, descolgar cortinas o ajustar persianas. Pequeñas reparaciones para quien sabe hacerlas, pero auténticos quebraderos de cabeza para la mano inexperta o ya incapaz.
Esta es la misión de la asociación El Taller, con sede en la Rochapea, y que asiste a domicilio a personas mayores y con escasos recursos en toda la comarca de Pamplona. “ Nosotros no vamos de misioneros a Bolivia ni a India, que ellos sí merecen un aplauso. Simplemente ayudamos a nuestros vecinos, que también nos necesitan”.
DNI
Nombre: Genaro Borobio del Campo nació en 1948 en una aldea de Soria, el mayor de tres hermanos.
Familia: está casado y tiene una hija, médico. Vive en Egüés.
Trayectoria: tuvo una infancia dura, ausente de la escuela. Fue pastor de los 9 a los 15 años y trabajó en una granja en Urbasa sacando patatas. Finalmente se afincó en San Sebastián, donde trabajó como autónomo en el transporte y de conductor en el transporte urbano (Donostibus). En 2008 se prejubiló y el matrimonio se trasladó a Navarra, donde estudiaba su hija. Es voluntario de El Taller desde 2011.
Atienden cada año a más de 300 personas, el 70%, mujeres viudas con escaso poder adquisitivo. Borobio es una de las 22 personas voluntarias implicadas. Cobran solamente 5 euros más los materiales por cada reparación, pero se aseguran de que quien recibe la ayuda cumple los requisitos. “A quien llama se les pregunta la edad, con quién viven, la pensión que cobran, etc.”. Muchas llegan a ellos a través de asistentes sociales o de otras entidades, como Cáritas, Apoyo Mutuo o Itxaropen Gune. “Nos toca ver de todo, situaciones muy duras. Algunas personas no tienen encima ni esos 5 euros y los tienen que pedir a algún vecino. O te dicen que ya pasarán y nunca más se supo”. Él prefiere no echar muchas cuentas. “Yo vivo en Egüés así que solamente en gasolina... Todos los que estamos aquí perdemos dinero. Y no te cuento ya las horas de presencia nuestra que pierden nuestros cónyuges y nuestras familias, a las que hay que agradecerles que encima te animan a venir”.
Él entró en contacto con El Taller en 2011, después de pasar por el Banco de Alimentos junto a su mujer. “Estuvimos dos años en Mercairuña. Como tenía permiso de conducir camión, también me mandaban a las parroquias a distribuir los alimentos. Al final lo dejamos porque intervinieron a mi mujer de una rodilla”, recuerda. Pero él tenía ganas de seguir comprometido con algo y, por referencias, dio con El Taller. “Me presenté aquí y me dijeron: aquí te queremos mañana mismo. Y hasta hoy”. De lunes a jueves, es un fijo por las mañanas. “He aprendido aquí cantidad de cosas”.
Borobio es uno de los más veteranos de la asociación, porque la pandemia a punto estuvo de llevársela por delante. “Nos quedábamos tres y llegamos a vender toda la herramienta. Lo que sacamos, unos 4.000 euros, los donamos”. Manos amigas y donaciones privadas lograron insuflarle una nueva vida.
“Llevo aquí 13 años y todavía ni un solo representante de las instituciones ha pisado esto ni ha venido a ver si se necesita algo”, se queja el voluntario. "Le pido a la clase política que se baje de su pedestal".