Día del Dietista-Nutricionista
Giuseppe Russolillo: "Lo más buscado en Google en relación con la alimentación es la palabra gases"
Hoy se celebra el Día Mundial del Dietista-Nutricionista. Alimentarse no es un acto solo biológico ya que trasciende a la parte emocional, psicológica, gastronómica, cultural, religiosa... “Comemos ideas” y, según afirma, ahora comemos peor que antes


Actualizado el 25/11/2024 a las 13:11
La palabra ‘gases’, cómo ayudar a reducir los gases, es lo más buscado en Google en 2024 en temas de nutrición. Y si es lo que más se busca es lo que más preocupa, afirma con cierta sorpresa Giuseppe Russolillo, ya que confiesa que esperaba encontrar antes términos como adelgazar. Russolillo, presidente del Colegio Oficial de Dietistas-Nutricionistas de Navarra y de la Conferencia Mundial de Nutricionistas, advierte de que este dato pone de manifiesto el problema a nivel de relación emocional con la comida y revela el impacto de los trastornos funcionales digestivos (TFD). Hoy, en el Día Mundial del Dietista-Nutricionista, se ha puesto el foco en estos trastornos en el marco de la campaña ‘Todo me sienta mal’. Para centrar el problema hay que saber que los trastornos funcionales digestivos son afecciones del eje intestino-cerebro que se asocian a su función, sobre todo a la absorción. El más conocido, el SIBO, ocurre por un sobrecrecimiento de bacterias en el intestino delgado. Dolor abdominal, hinchazón, gases, diarrea... Son solo algunos síntomas de este trastorno que alcanza al 20% de la población y hasta un 40% entre quienes tienen sobrepeso y diabetes.
El intestino es el segundo cerebro, tiene neuronas. ¿Cómo es la conexión entre ambos?
El sistema digestivo tiene una conexión directa con el cerebro a nivel de nervios: del cerebro parten nervios directos al intestino. La prueba está en que cuando tenemos miedo nos duele la tripa, cuando nos dan una mala noticia podemos llegar a perder el apetito, tener diarrea, vómitos. Hemos detectado un elevado número de TFD y están muy asociados al eje celebro- intestino.
¿En qué consiste este problema?
Anatómicamente no se diagnostica ninguna alteración en el tubo digestivo pero sí se alteran funciones como la absorción de nutrientes. Primero hay que tener un diagnóstico que descarte inflamación intestinal, por ejemplo, o intolerancias alimentarias (lactosa, gluten...). No se ve nada pero la persona tiene dolores abdominales, hinchazón, diarrea, gases, estreñimiento o dolor crónico que afectan a la calidad de vida.
¿Por qué sucede?
Estrés, ansiedad, depresión, trastornos del estado de ánimo o sueño y sedentarismo... Por ahí pueden venir muchos problemas. Hay que cuidar la salud emocional y mental. Además se añaden las dietas restrictivas, una alimentación desequilibrada, productos de baja calidad nutricional.... Puede haber sustancias en alimentos producidos en la industria que pueden desencadenar estos trastornos.
¿La mayoría están sin diagnosticar?
Sí. Y muchos tienen que ver con el equilibrio de la microbiota intestinal, el conjunto de microorganismos presentes en el intestino que cumplen distintas funciones (metabólicas, inmunológicas). Ante un SIBO hay que ponerse en manos de una dietista especializada que habitualmente trabaja en colaboración con psicólogos. Es la psiconutrición.
¿Pero qué ocurre en el SIBO?
Es un sobrecrecimiento bacteriano. Aparecen bacterias en el intestino delgado, donde se dan los procesos de absorción, que no deberían normalmente estar ahí. Puede haber problemas de salud psicoemocional que abran las puertas.
¿Entonces en una buena salud digestiva no solo influyen los alimentos?
Claro. Comemos mal pero las dietistas defendemos, además, que el acto de alimentarse no es meramente biológico. Va más allá y trasciende a la parte emocional, psicológica, gastronómica, cultural...No comemos alimentos, comemos ideas. Y cuando los alimentos están revestidos de una idea y los tomamos provocan el sentimiento alimentario. Renunciar al plato que cocina la abuela puede provocar una tristeza profunda. ¿A un navarro con 80 años realmente le vamos a quitar la chistorra? ¿No vamos a ser capaces de darle una solución a su seña de identidad? Cuando no se ve la alimentación desde una visión antropológica y cultural, fracasas.
¿Qué ocurre entonces?
Muchas prescripciones y consejos dietéticos que se dan están provocando no solo trastornos de la conducta alimentaria sino sentimientos negativos, de rechazo y tristeza, que acaban generando trastornos funcionales digestivos. Comemos ideas, insisto. Desde pequeños cualquier cosa que nos dan la asociamos a una idea o recuerdo. Cuántas veces nos ha pasado estar tristes y engancharnos a la bolsa de patatas, al chocolate... Estos mecanismos compensatorios de la alimentación a nivel emocional parten de la infancia. No puedes separar la alimentación de la cultura.
¿Cómo se tratan los TFD?
Es un abordaje integral que necesita gastroenterólogos, dietistas y psicólogos. Van de la mano. No es solo dar una dieta o un medicamento y apañase.
¿Pero cuáles son las claves?
Descartar otros procesos. Después, trabajar momentos tranquilos: cocinar relajados y comer también en un ambiente de calma. Aplicar técnicas de relajación. Llevar un diario dietético para identificar qué alimentos contribuyen al trastorno. Identificar, si va a haber apoyo de probióticos, los que mejor funcionan. No comer alimentos que pueden irritar (alcohol, bebidas estimulantes como el café y te), entre otras.
Si la alimentacion es tan importante ¿por qué comemos peor?
Comemos peor por un problema de analfabetización alimentaria. Antiguamente los alimentos eran bienes muy preciados e incluso el sacrificio de un animal era algo doloroso; cualquiera de nuestros bisabuelos entraría en shock si fuese ahora a un supermercado. La oferta alimentaria es excesiva y vergonzosa. Desconocemos cómo se produce un alimento y se ha perdido su valor simbólico. Y eso nos lleva a una desorientación absoluta a la hora de identificar los alimentos e incorporarlos correctamente en nuestra alimentación.
¿Los alimentos han perdido valor?
Sí. Uno va por el super y mete en el carro ‘animales muertos envasados en plástico’. Antes con un cerdo vivían tres familias y no se mataba un pollo todos los días. De hecho, ahora el 30% de los alimentos que se producen se tiran. Todo esto ha llevado a una alimentación dramática.
¿Dramática?
Sí. ¿Si hubiese una guerra hasta qué punto la población podría sobrevivir sin toda la oferta que hay? Antes estaba preparada. Por eso es dramático, por la desconexión que hay entre la sociedad y la producción de alimentos, qué contienen...
Es que leer etiquetas es muy complicado.
No entiendes nada y ni las puedes leer. La Administración lo ha dejado en manos de la industria alimentaria, que no nos debe educar en cómo elegir. Y se dicen tonterías como que al incorporarse la mujer al trabajo lo tenemos más difícil. No es eso.
¿Y entonces qué es?
Ha habido un cambio antropológico profundo. La oferta alimentaria es tan masiva que hemos perdido el conocimiento del alimento y nos lleva a problemas de salud. Se debería educar desde la infancia. Y hay que tener en cuenta la sostenibilidad.
¿Qué tiene que ver?
Las elecciones contribuyen al cambio climático. Entre el 30-40% de las emisiones de CO2 provienen de la forma en que producimos los alimentos. Puedes pensar que da igual, porque afectará a generaciones futuras, pero no es así.
¿Nos afecta ahora?
Hay datos claros: un sistema insostenible alimentario está asociado a la aparición de enfermedades crónicas como el cáncer. The Lancet publicó un artículo que vinculaba la pérdida de la biodiversidad de las especies animales y vegetales a la aparición de enfermedades crónicas no transmisibles como la diabetes, la obesidad, cáncer o la enfermedad cardiovascular.
¿Cómo es posible que perder una especie animal o vegetal se asocie a cáncer?
Es sencillo. La desaparición de especies va a influir en la salud humana, en la microbiota intestinal, porque formamos parte de un equilibrio. El estilo de alimentación afecta a la salud.
“¿Cómo es posible que en el hospital pongan espárragos de Perú?”
Rusolillo critica la dejadez de funciones de la Administración que, a su juicio, ha dejado en manos de la industria alimentaria la información sobre alimentos ante un cambio antropológico enorme y no ha dado herramientas para educar. Comemos mal por la analfabetización alimentaria: no saber cómo se produce un alimento, qué contiene, cómo comerlo, cómo cocinarlo a lo que se suma que debe ser sostenible, insiste. “¿Cómo es posible que pongamos espárragos de Perú en el Hospital de Navarra o pimientos de Chile o naranjas de China en los colegios?”.
¿Quizás porque es más barato?
Entonces que se tomen una vez al mes. No puede ser que traigamos limones argentinos depositando en el fondo marino más metales pesados y metilmercurio de la gasolina y luego la OMS nos diga que no se incluyan en los menús escolares pescados de gran tamaño por la cantidad de metales pesados que tienen. El 80% del tráfico marítimo es para traer alimentos de países con menos posibilidades para que los compremos más baratos. Es de locos y la población no es consciente.
¿Hay alimentos prohibidos?
No. Hay alimentos que podrán estar en mayor o menor medida en nuestra alimentación pero la grandeza es poder elegir. Y aquí insisto en que la ciudadanía no esta eligiendo libremente porque no le han dado herramientas.
¿Dada la conexión cerebro-intestino se deberían tener dietas personalizadas?
Cuando aparece una patología es indispensable individualizar porque se van a retirar alimentos que tienen un valor asociado y va a impactar en la psico emocional.
¿Y si no hay patología?
Hay que seguir una dieta equilibrada y saludable en la que toda la población tenga unas herramientas educativas.
¿Qué es una dieta equilibrada y saludable?
Es una alimentación que cubre las necesidades de energía y nutrientes para personas sanas y enfermas. Hasta aquí coincidimos todos. Las dietistas defendemos que la dieta saludable es un estilo de alimentación. Cubre eso pero atendiendo a las necesidades económicas, sociales, culturales, ideológicas, religiosas... Si no respeta todo eso no va a poder ser sana. Y además sostenible. Es la nueva definición de alimentación saludable. No podemos promoverla en la administración pública si no atendemos a todo. No hay café para todos.
¿Los sanitarios están en esta línea?
Cuando uno tiene una visión solo biológica de la alimentación, fracasa. Y es el gran problema del colectivo sanitario actual, principalmente médico y enfermería, con la nutrición. Es urgente la incorporación de dietistas-nutricionistas en la red pública. Quien no entienda que comemos ideas no va a poder hacer una prescripción dietética con éxito a un paciente.
¿Qué pasa con la tarta que nos han enseñado para comer 50% vegetal, 25% hidrato de carbono y 25% proteínas?
Es la prueba del fracaso del sistema sanitario. Ante la falta de conocimientos en dietética, habilidades culinarias, psicología, etc. nos quedamos en lo básico, los nutrientes. Esto es lo único que desde el colectivo sanitario explican al ciudadano. Estas tartas no resuelven el problema a la ciudadanía.
Mucha gente no sabe qué hacer. Es complicado.
No es que sea complicado es que no hay profesionales capacitados para dar ese mensaje. Cuando la madre va al pediatra con un niño con problemas de obesidad le dicen que coma menos, que no tome chuches y haga más ejercicio. Y en el peor de los casos le ponen un menú aparte en el comedor escolar, con la estigmatización que supone. Eso no debería funciona así. En un niño con obesidad hay un trasfondo emocional, posiblemente hay un ambiente obesogénico en su entorno, quizás una imposibilidad de los padres para cocinar bien. No se puede ir del centro de salud con una dieta impresa de mil calorías y que se apañe. Es la dieta del cajón. Distintos pacientes con problemas diferentes no pueden hacer la misma dieta.
¿Tan importante es cómo cocinar?
Sí. Hay que buscar soluciones, estrategias para cada uno: tener verduras de cocción rápida, saber hacer una ensalada...Por más que intentemos parar el gasto sanitario si no atendemos estas cuestiones el resultado no es bueno.
Más problemas de salud.
Sin duda. Llevamos 25 años reclamando la incorporación de dietistas en el sistema navarro de salud. Incumplimos normativas europeas. Cataluña, Galicia o Valencia tienen nutricionistas en Atención Primaria y en especializada.
¿Qué les dice Salud?
Cuando les decimos que incorporar dietistas ahorra dinero no nos toman enserio. Solo con el gasto de un mes de fármacos para reducir colesterol se pueden incorporar 27 profesionales que trabajan la alimentación y el ejercicio antes de poner medicación. Hay complementos, estilos de alimentación, hábitos... Hay que poner nutricionistas en los centros de salud y en hospitales como obliga la UE.
Ahora están entrando nuevas figuras en centros de salud como psicólogos.
¿Y cuánto ha costado? Hay que pensar en las necesidades de la población y en el enorme cambio antropológico. Los trastornos funcionales digestivos son la prueba más clara ya que después de un diagnóstico sigue habiendo problemas (dolor abdominal, hinchazón, gases...) Esto no se resuelve con una intención médica sino con psiconutrición.
¿Qué se puede hacer?
No se está haciendo nada. Se tiene que pagar una consulta privada de su bolsillo. Y hay que tener cuidado para no acabar en manos de personas no cualificadas. Existe una clara responsabilidad de la Administración pública. Y les hemos hecho saber que o garantizan la prestación o deberán responder. Y lo haremos desde el Colegio.
Menudo panorama.
Urge que en la alfabetización alimentaria las dietistas líderes en sostenibilidad alimentaria ayuden a la población en una alimentación sana y sostenible.
DNI
Giuseppe Russolillo, 49 años, casado, es natural de Palma de Mallorca aunque vive desde los 18 años en Navarra. Estudió Nutrición Humana y Dietética en la UN, es máster europeo en Nutrición y Metabolismo y doctor por la UN. Preside el Colegio Oficial de Dietistas-Nutricionistas de Navarra y desde 2000 preside la Conferencia Mundial de Nutricionistas. Centrado en sus facetas de docente e investigador, es profesor en la Escuela Universitaria ADEMA y en la facultad de Enfermería de la Universidad de Baleares e investigador en la Academia Española de Nutrición, que preside.