La Unidad de Ictus, un viaje a la incertidumbre: "Aunque te quedes bien la vida no vuelve a ser igual"

845 pacientes de ictus han ingresado en 2024 en las ocho camas disponibles en este espacio, unos habitaciones adaptadas para afrontar la fase más aguda de esta patología cerebrovascular

María Herrera Isasi, coordinadora de ictus de Neurología del Hospital Universitario de Navarra, junto a un paciente ingresado en la Unidad de Ictus
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María Herrera Isasi, coordinadora de ictus de Neurología del Hospital Universitario de Navarra, junto a un paciente ingresado en la Unidad de Ictus
María Herrera Isasi, coordinadora de ictus de Neurología del Hospital Universitario de Navarra, junto a un paciente ingresado en la Unidad de Ictus

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Lucas Domaica

Actualizado el 29/10/2024 a las 09:46

La mesa redonda en la que los médicos dan habitualmente las malas noticias a las familias de los pacientes de ictus está en una sala pared con pared con el control de la Unidad de esta patología del Servicio de Neurología, en la segunda planta del pabellón E del Hospital Universitario de Navarra (HUN). Por allí pasan hijos, parejas, hermanos y amigos, entre otros, de personas que pocas horas antes percibían la vida de forma muy diferente a la que lo harán -en el mejor de los casos- cuando pongan un pie fuera de ese edificio.

“Aquí el dolor se corta con cuchillo, es muy palpable. La gente lo pasa muy mal, tanto paciente como familiares”, dialogan María Herrera Isasi, coordinadora de ictus de Neurología del HUN, y Beatriz Zandio Amorena, médico especialista de la Unidad de Ictus (UI), precisamente en esa planta que para muchos será maldita pero que para otros ha supuesto la salvación.

Te da un ictus y ya no eres el mismo: desde que tienes la cara un poco torcida, hablas distinto, tienes reacciones rarísimas...”, enumera posibles secuelas Herrera, que lleva en la UI desde que se inaugurara en febrero de 2005 con el objetivo de dar atención a tiempo completo a las personas afectadas por ictus en su fase más aguda.

La puerta de acceso a este espacio es corredera y se abre automáticamente. Nada más entrar a la derecha aparece la sala de control desde la que visualizan a cada uno de los ocho pacientes monitorizados. “Les vemos en esta pantalla”, indica una enfermera con su dedo apuntando a una pantalla dividida por habitaciones. “Hay dos individuales y tres dobles”, detalla. Ese habitáculo da cobijo al centro de operaciones desde donde se analizan los parámetros de los pacientes -tensión, oxigenación cerebral o azúcar, entre otros-. Unos factores que si están en orden ayudan a reducir el daño cerebral, una de las metas de la unidad.

Aunque te quedes bien, la vida no vuelve a ser igual porque la experiencia es muy traumática

Desde aquí también inician el diagnóstico de la causa del ictus para elaborar un tratamiento cuanto antes. “Eso es tan importante como sacar el trombo”, dice Roberto Muñoz Arrondo, médico especialista en Neurología, desde una consulta ubicada en el sótano del edificio donde se realiza un seguimiento a los pacientes a los tres meses de recibir el alta, se va completando el diagnóstico y se conversa con tranquilidad sobre todo lo que rodea a la enfermedad.

Seguido del control de la UI aparecen las puertas marrones con marcos verdes y los números 209, 210, 211, 212 y 213 serigrafiados en blanco. Ahí están los pacientes de esta unidad que está acreditada por la Organización Europea de Ictus desde 2021. “Ahora hay cuatro”, informa la coordinadora explicando que se trata de un día “tranquilo” hasta la fecha. “Es raro que no hayamos tenido un ingreso ya por la mañana, sobre todo los viernes. Suelen ser terribles”, reconoce pasadas las 12.00 horas. Al otro lado de las puertas hay vidas cambiadas.

Ana Zapata Elizari e Itziar González Zozaya, enfermeras, observan las pantallas de dos ordenadores ubicados en el control de la Unidad de Ictus
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Ana Zapata Elizari e Itziar González Zozaya, enfermeras, observan las pantallas de dos ordenadores ubicados en el control de la Unidad de Ictuseduardo buxens
Ana Zapata Elizari e Itziar González Zozaya, enfermeras, observan las pantallas de dos ordenadores ubicados en el control de la Unidad de Ictus

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Un paciente lleva tres días en la unidad y una arritmia le ha complicado el proceso de recuperación del ictus que sufrió. “Esa arritmia es una causa muy frecuente en pacientes mayores”, explica la coordinadora. También hay otro llegado desde La Rioja, comunidad con la que el Gobierno de Navarra tiene un convenio. Él llegó con el lado derecho paralizado fruto de un coágulo en la arteria carótida. “Es la segunda causa más frecuente”, apunta Herrera teniendo siempre muy presente los datos y reiterando en la idea de que es una patología evitable en el 80% de los casos.

VOLVER A HABLAR

En la habitación 212 hay una persona que ha vuelto a hablar a sus 66 años. Se llama Satur y le acompaña su hermana Coro, de 68. Son de Areso. Dos días atrás, cuando bajó de su casa sobre las 10.10 horas a seguir reventando leña sufrió un ictus. “Notó que le dio algo, se fue desplomando y se dio un golpe en brazo derecho”, cuenta Coro, médico jubilada, en nombre de su hermano, que observa atento desde la cama y asiente.

En ese momento, según relatan, otra hermana vio a Satur debajo del tractor y no se dio cuenta de que estaba mal, pero al pasar otra vez y comprobar que estaba en la misma postura se preocupó. “Satur ya no le respondía”, comenta Coro explicando que él, ingeniero jubilado, no estaba inconsciente pero tenía la parte derecha del cuerpo paralizada y con afasia, no hablaba aunque sí entendía.

La evidencia científica dice que la Unidad de Ictus es el tratamiento global a un paciente que más marca la diferencia

“Llegué y vi que se podía tratar de un ictus”, dice Coro, que se encontraba en Leitza en una clase de pilates en el momento de los hechos. Lo siguiente fue llamar al 112, que llegó junto al equipo médico de Leitza en un cuarto de hora. “Corroboraron que podía tratarse de un ictus -no sabían si era isquémico o hemorrágico- y activaron el código ictus”, señala ella sobre este protocolo que pone en preaviso a los sanitarios presentes en Urgencias antes de la llegada del afectado. “SOS avisa a Urgencias y desde triaje nos avisan a nosotros”, explica María Herrera. “En cuanto llega lo pasan a la sala de reanimación y allí lo ve el personal de Urgencias y nosotros, del área de Neurología”, indica.

El siguiente paso supone llevar al afectado al escáner. Allí comprobarán si realmente es un ictus. En caso afirmativo iniciarán el tratamiento para disolver el coágulo. “Se puede hacer con una medicación intravenosa o a través de un dispositivo mecánico que va a través de un sistema de catéteres introducido por la arteria femoral”, explica Muñoz Arrondo. “Intentamos hacer los dos”, detalla reconociendo que el segundo método resulta más “efectivo” porque alcanza directamente al trombo y lo “aspira o engancha”.

Y después, como Satur, el paciente sube a la UI, donde pasa la fase más aguda y se le supervisa de forma exhaustiva. “Era algo que no esperábamos para nada porque era el que mejor estaba de los tres hermanos”, señala Coro. Satur tenía un trombo en la arteria cerebral media. “En la base”, dice su hermana explicando que “era candidato a la anticoagulación vía cateterismo”, ese método explicado por Muñoz que va directamente al problema.

Nuria Aymerich Soler y Roberto Muñoz Arrondo, especialistas en Neurología, durante una ecocardiografía
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Nuria Aymerich Soler y Roberto Muñoz Arrondo, especialistas en Neurología, durante una ecocardiografíaeduardo buxens
Nuria Aymerich Soler y Roberto Muñoz Arrondo, especialistas en Neurología, durante una ecocardiografía

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“Cuando salió de la intervención vi que hablaba dos palabras y me quedé más tranquila”, confiesa con una sonrisa a la vez que Satur hace un movimiento con la pierna derecha por debajo de la sábana blanca del hospital, esa articulación que horas atrás tampoco podía mover. Pronto, en el mismo día o al siguiente, como explica Coro, pasará a planta. Pero de momento en la unidad, enfocada en pacientes semicríticos, es donde mejor le atienden Nuria, Karmele, María, Beatriz, Pedro, Ana, Itziar, Raquel, Maite, Ivonne... y el resto de efectivos de enfermería y técnicos en cuidados auxiliares de enfermería de todos los turnos.

Es importante volver a explicar al paciente qué es lo que ha pasado y por qué

“La ratio enfermera-paciente es mucha menor que en una planta normal”, comenta María Herrera. “Enfermería tiene una serie de protocolos de asistencia al ictus, escalas que se les pasan para monitorizar si empeoran, si mejoran...”, detalla sobre un equipo entrenado para esto. “La evidencia científica dice que la UI es el tratamiento global a un paciente que más marca la diferencia”, asegura ella apuntando al conocimiento que poseen los sanitarios y los protocolos establecidos, que siempre están actualizados. A 30 de septiembre, según datos aportados por esta Unidad, han ingresado en Navarra 845 pacientes y en 2023 hubo en total 1.079.

QUERER... Y PODER

En las habitaciones de la UI hay ocasiones en las que los pacientes empiezan ya con su rehabilitación, aunque el grueso lo inicien en la planta y, posteriormente, acudiendo a la Clínica Ubarmin, por ejemplo. “La recuperación es muy costosa. Después del ictus están cansados, han pasado por un proceso físico potente”, indica la médico. Según ella, cuanto antes se empiece, “mejor”. “Es más habitual que la UI sea un reposo, pero cuando se prolonga la estancia aquí sí que se comienza”, añade citando ejercicios de rehabilitación motora y enseñar a cómo tragar mejor porque suelen tener problemas.

“Esto empieza a partir del segundo o tercer día”, indica apoyada en el mostrador del control de enfermería. “Lo ideal, y lo que hacen las unidades nuevas, es que la rehabilitación esté físicamente al lado”, señala diciendo que en el HUN tienen que desplazar al paciente hasta el pabellón A con todo lo que ello implica para un afectado en ese estado.

La fase aguda del ictus es estresante para el paciente y muchas veces se va con dudas

La actitud es vital. El querer, el estar con determinación y no tirar la toalla cuando se den cambios a corto plazo” añade. Pero María Herrera pone un matiz. “Pero también hay que poder”, explica.

Parte del equipo que atiende la Unidad Ictus
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Parte del equipo que atiende la Unidad Ictusgobierno de navarra
Parte del equipo que atiende la Unidad Ictus

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“Hay pacientes con una afectación cognitiva que no comprenden bien lo qué le dicen, lo qué tienen que hacer en neurorehabilitación”, señala acompañando la reflexión con la frase: “Es una experiencia traumática. Muchas veces tienen depresión, ansiedad de que les vuelva a ocurrir... se les pone encima un montón de cosas. Es demasiado”, prosigue informando de que en Ubarmin sí hay psiquiatras y psicólogos en la unidad de daño cerebral adquirido que acompañan al paciente en el proceso. “Lo consiguen los que están cognitivamente mejor, tienen buen carácter previo y buen apoyo en su entorno”, contextualiza la coordinadora reconociendo que llegan “muchas personas solas” a la unidad.

“Cada vez hay más personas supervivientes a un ictus y eso es un reto a nivel sociosanitario. Antes muchos fallecían, ahora viven con secuelas”, reflexiona citando la labor de ADACEN (Asociación de Daño Cerebral de Navarra). Porque aunque te quedes bien, la vida de las personas que han pasado por un episodio de ictus “no vuelve a ser igual”. En la UI se respira incertidumbre y aunque los carteles de las paredes traten de sacar una sonrisa y concienciar a pacientes y familiar, la realidad es la que es. La incertidumbre es muy dolorosa. Preguntan si mejorarán, si no mejorarán, si volverán a hablar, si podrán ser como antes, pero para eso no hay respuesta certera. Por suerte, la mayoría de los casos se pueden evitar y en caso de tropezar, Navarra cuenta con una unidad que hay que empezar a valorar.

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