José Luis Arrondo, urólogo y andrólogo: "La disfunción eréctil es un problema pero antes resultaba un drama"
Sobre penes, testículos, impotencia e infertilidad. Alrededor de estas cuestiones han discurrido los más de cuarenta años de trabajo del urólogo y andrólogo José Luis Arrondo. Una referencia de la andrología, “como la ginecología para el hombre”, a nivel nacional. Con motivo de su jubilación, hace balance de una profesión que le ha hecho “muy feliz”


Actualizado el 13/10/2024 a las 08:06
Ni en sueños pensó el joven hermano marista José Luis Arrondo que se iba a dedicar al estudio y cuidado del pene y los testículos. Que iba a colgar los hábitos, a estudiar Medicina y a especializarse en las enfermedades del aparato reproductor masculino. Tampoco fue consciente de que iba ayudar a tantas personas. Corría 1968 y este joven de Fustiñana sumaba 20 años. A las cuatro de una de esas madrugadas previas a la oración, en el colegio de los Hermanos Maristas de Plasencia (Badajoz) se presentó en la celda del superior y le planteó un ultimátum. O le enviaba de misionero a África o abandonaba el convento. “Me dijo que era muy joven y que no podía ir a misiones. Así que me marché y decidí estudiar Medicina. Si no podía curar las almas, curaría los cuerpos”. José Luis Arrondo Arrondo (Fustiñana, 1948) lo cuenta así una mañana de mediados de septiembre en una cafetería del centro de Pamplona. En uno de esos días en los que el verano ya se diluye en el otoño. Licenciado en Medicina por la Universidad de Zaragoza, se especializó en Urología (aparato urinario) y Andrología (aparato reproductor masculino) y se ha convertido en una de las referencias en este campo. Expresidente de la Asociación Española de Andrología, que él impulsó, y autor de libros como ‘Práctica andrológica y disfunciones sexuales masculinas’, ‘Historia íntima del pene. La nueva sexualidad masculina’ o ‘Vino, salud, amor y sexo’, ha ejercido su profesión en el Hospital Universitario de Navarra, hasta su jubilación hace una década, y en la sanidad privada (ha operado en las clínicas San Juan de Dios y San Miguel), que ha abandonado recientemente. Casado con una especialista en medicina interna, es padre de tres hijos varones (de 44, 42 y 39 años) y tres nietas (14 y 12 años y 6 meses).
Resulta curioso que abandonara su vocación religiosa para convertirse en un especialista del aparato sexual masculino...
Yo vengo de una familia humilde de peones de agricultores. Y como tenía un tío marista, me llevó al convento para estudiar. Pero empecé a leer a Miguel de Unamuno y me di cuenta de que aquella vida no era para mí. Regresé al pueblo y comencé a trabajar en una conservera, aunque lo que yo quería era estudiar Medicina. Mis padres, Pedro José y Bibiana, me animaron a hacerlo y me aseguraron que mi sueldo no era necesario para mantener a la familia. Así que me fui a Zaragoza. Por las tardes trabajaba en un taller mecánico y en los veranos, lo hacía en Munich (Alemania), cargando electrodomésticos de la Siemens en un tren. Así fue cómo me pagué la carrera. Estoy muy agradecido a los Maristas porque me inculcaron valores importantes para la vida, como el espíritu de trabajo o la pasión por hacer algo a pesar del sacrificio por lograrlo.
¿Y por qué se decantó por la urología?
Como suele ocurrir siempre, por los profesores que tuve en la universidad, que explicaban muy bien.
Y de ahí dio el paso a la andrología...
Me di cuenta de que al hombre se le daba poca importancia en los temas sexuales. Parecía que los problemas, sobre todo de infertilidad, venían siempre de la mujer. Pero no. Debía haber un especialista, el andrólogo, que estudiara estas anomalías y disfunciones. Si hoy sigue siendo una especialidad poco conocida, ¡imagínate en 1979, cuando yo empecé! Logré que en el servicio de urología del hospital, se creara una unidad para este tipo de consultas específicas para el varón. No era lo mismo acudir por una infección de orina que por una infertilidad. La consulta era totalmente distinta, con un humanismo diferente.
Y entonces escribió ‘Práctica andrológica’. Una especie de ‘biblia’ de la andrología.
No había nada escrito ni en España ni en América Latina y se convirtió en una referencia. Creo que hizo un gran bien a todos los pacientes.
En sus más de cuatro décadas de práctica médica, ha sido testigo de la evolución psicosocial tan tremenda que ha habido sobre estas cuestiones...
¡La revolución ha sido total! Antes, existían los llamados ‘moldes culturales del deseo’. En los hombres se valoraba más lo promiscuo, tener el sexo a flor de pie, importaba el número de veces en que se mantenían relaciones sexuales, el tamaño del pene... Como eran machos, no debían llorar. Con las mujeres, sin embargo, ocurría todo lo contrario. Se alababa su capacidad de maternidad y, a nivel sexual, debían estar anestesiadas y reprimidas. A cualquier mujer que intentaba sacar los pies de las alforjas, se la llamaba ‘puta’ o ‘viuda alegre’.
¿Ahora no continúa esta situación?
En las consultas y con las charlas, hemos hecho una gran labor social y desterrado mitos. Ahora, el hombre viene a la consulta, se abre en canal y es capaz de llorar porque ha tenido un hijo o se ha separado. Se ha humanizado muchísimo. Aunque, en algunos casos, aún no se ha borrado la huella del chimpancé y siguen siendo machos violentos. Antes se pensaba que la violencia tenía que ver con la testosterona pero se ha demostrado que no. Los hombres con testosterona baja son más violentos, tienen menos ganas de trabajar, generan mal ambiente en casa... Y cuando se les pone tratamiento hormonal, mejoran.
En cualquier caso y aunque se haya mejorado, no es habitual que un hombre acuda al andrólogo a revisiones periódicas...
Pero es que antes, el hombre ni siquiera iba al médico. Menos al urólogo y aún mucho menos, al andrólogo. No te digo nada cuando le decías la frase dramática:“Túmbese en la camilla y bájese el pantalón”. ¡Cuando las mujeres siempre lo han hecho con toda normalidad en el ginecólogo! En los años ochenta, los hombres ni siquiera acudían a la consulta por vergüenza y era la mujer la que tenía que traer un frasco con semen de su marido para analizar. Ahora la situación ha cambiado. Yo hablo de la liberación de la mujer pero también, de la varón. El hombre se ha liberado del papel de macho dominador y violento.
INFERTILIDAD Y PROBLEMAS DE EYACULACIÓN
¿Cuáles son los principales problemas por los que un hombre acude a la consulta del andrólogo?
Sobre todo, por infertilidad y problemas sexuales, como falta de deseo, dificultad de erección (precoz o retardada), problemas en el desarrollo genital (pene pequeño, torcido...) Siempre ha existido una gran obsesión por el tamaño pero por lo que hay que preocuparse es por el funcionamiento.
¿Cómo afecta la infertilidad al hombre?
Alrededor del 15% del total de varones son infértiles. Y en el caso de una pareja con problemas de infertilidad, en la mitad de los casos el origen está en la mujer y en la otra mitad, en el hombre. ¿Las causas? Confluyen las físicas (falta de espermatozoides) y las psicológicas. Hace unos años, tuve un paciente que era guardia civil, en los años más duros del terrorismo de ETA. En los análisis de semen no se veían espermatozoides. Al tiempo, le trasladaron a otra ciudad y a los pocos meses, su análisis era normal y su mujer se quedó embarazada. En casos más leves, hay problemas por estrés en el trabajo, porque te llevas mal con tu mujer... ¿Y cómo se resuelve? Con medicación, cirugía y psicoterapia que lleva a cabo el sexólogo. A veces, es necesario un trabajo conjunto. Tengo otra anécdota de un problema sociocultural. Me llegó a la consulta un hombre con el pene torcido derivado por infertilidad. El problema era que no habían podido mantener relaciones sexuales pero no se había atrevido a consultar. Con la curvatura correcta, consiguieron el embarazo.
¿Qué otros problemas físicos abundan?
Patologías en los testículos: hidrocele (acumulan líquido), varicocele (varices), criptorquidea (testículos que no se sitúan en el escroto)... En una ocasión, dejé el testículo de un hombre en el abdomen. Era preferible para que siguiera produciendo testosterona y no le diera problemas.
¿Pero la impotencia sigue siendo lo que más amarga a la gente?
Los problemas de erección son siempre los que más han amargado porque los hombres creían que su misión estaba en la entrepierna. Pero eso también ha cambiado. El hombre se ha dado cuenta de que su aparto genital forma parte del cuerpo y puede tener problemas. ¡Hay que humanizar la vida íntima del varón! Porque quizá un día también le pueda doler la cabeza y no tener ganas (se ríe). Una disfunción eréctil, ciertamente, es un problema. Pero no un drama, como ocurría antes y generaba depresiones. Para algunos era peor que la infertilidad, que entonces se consideraba un problema de las mujeres.
Insiste en que muchos de sus pacientes se han convertido en sus amigos...
¡Claro! ¡Y quedo con ellos los fines de semana! Es que en las consultas me han contado tantas cosas y se han abierto tanto, que hemos pasado a la amistad. Tengo muchas anécdotas de gente que me para por la calle. No hace mucho, un hombre de más de 40 años me presentó a sus padres y les dijo que gracias a mí ellos eran abuelos. En otra ocasión, una pareja que no se podía quedar embarazada, finalmente lo logró, y tuvieron mellizos. Me trajeron dos quesos, uno por niño. Me encontré con un hombre y su bebé, que yo sabía que había nacido por un banco de esperma. ¡Me sorprendí al ver lo mucho que se parecía a él! Porque a pesar de no llevar su genética, era su padre. ¿Sabes qué me ha dado la andrología? ¡Todo! Ha dado sentido a mi vida profesional y personal. He sido muy feliz. Si naciera de nuevo, volvería a hacer lo mismo.
SEXO TRAS LA JUBILACIÓN
Un revolucionario. Así se considera que ha sido José Luis Arrondo en la sanidad navarra y española. Él creó un banco de semen en Navarra cuando no existía ninguno. Y él fue también el primero que hizo análisis de esperma, junto con la enfermera que trabajaba con él. “En Pamplona estaba el único laboratorio de España que hacía estos análisis”. Insiste en el cambio de comportamiento del hombre en estos años... Lo que también ha favorecido a la mujer por el reparto de papeles, mucho más justo en la familia.
¿Estos cambios también afectan a la vida sexual de las parejas?
¡Claro! Las mujeres de entre 60 y 80 años, actualmente no quieren saber nada de sexo. Porque nunca han disfrutado de la sexualidad y la han vivido como una obligación. Sin embargo, las féminas que ahora tienen 40 años y disfrutan de su sexualidad, cuando lleguen a los 60 también lo harán. A pesar de los cambios físicos.
¿La sexualidad no tiene edad?
Claro que no. De hecho, muchas parejas mejoran su vida sexual después de la jubilación. Hay que desterrar otro de los tabúes: que el sexo es igual al coito. Los hombres tienen que saber que a partir de una edad no van a tener tantas erecciones y hay que aceptarlo. A la consulta han venido parejas mayores pidiendo ayuda para mejorar sus relaciones.
En el extremo opuesto están los jóvenes...
La educación sexual es un tema pendiente. Las familias y los colegios tienen mucho que hacer. No se puede abandonar a chavales a que su aprendizaje sea solo a través de la pornografía o en Internet. Las relaciones sexuales entre los jóvenes cada vez son antes y muchas veces, sin precaución. Hay que educar y prevenir, no solo por los embarazos no deseados sino para evitar enfermedades de transmisión sexual.