

Salud y vida digna en El Salvador
Seis voluntarios viajaron con la ONG "Y os lo cuento" para hacer chequeos médicos, enseñar RCP, donar 2 incubadoras y aportar invernaderos y pollos
Actualizado el 29/08/2024 a las 23:39
"Me considero afortunado y privilegiado, en primer lugar por poder viajar, y en segundo lugar, por poder destinar mis vacaciones a la cooperación”, afirma Xabier Luna Berango, bombero navarro de 45 años y gestor de un proyecto solidario en El Salvador, junto con otras cinco personas -dos de ellas navarras también- y de la mano de la ONG Y os lo cuento. “Quiero pensar que cada proyecto me hace mejor persona”, añade, mientras allí, en el país centroamericano, todos siguen trabajando sin descanso. Hoy será el penúltimo día de los once que han dedicado de sus vacaciones a la solidaridad con quienes viven en Tenancingo y alrededores, municipio del departamento de Cuscatlán, en el centro del país, un lugar lleno de bosques, lagos y volcanes, de clima tropical y donde la población vive de la agricultura y la ganadería en régimen de subsistencia. Hay muchas necesidades y los voluntarios han dedicado todas las mañanas a realizar atenciones sanitarias y por las tardes , a ofrecer talleres para enseñar con muñecos las técnicas de RCP -rehabilitación cardiopulmonar- que pueden salvar muchas vidas, sobre todo en lugares que quedan lejos de los centros urbanos...
Además, llevaron dos incubadoras -cunas climáticas las llaman allá -, donadas por Navarra y que fueron para el Hospital Nacional de Sucitoto. Los médicos y enfermeras estaban encantados con la donación: solo tenían una incubadora para atender unos 500 nacimientos al año en la zona y unos 2 prematuros al mes. También han ayudado a construir invernaderos para cultivar y han comprado incubadoras de pollos y pollos y gallinas para unas 15 familias, favoreciendo así la soberanía alimentaria para una vida más digna. Todo ello en colaboración con la ONG o contraparte local CORDES (Asociación para la Cooperación y el Desarrollo Comunal de El Salvador) y con la Asociación Solidaria de Mujeres.
Junto con Xabier Luna forman el grupo de voluntariado su mujer Sheila Sevillano Royo, enfermera de 41 años; David Auzmendi Alfaro, enfermero-bombero de 33 años y también de Pamplona; la mexicana Melisa Pérez Zacarías, médica de 38 años; y la pareja de fisioterapeutas formada por Arkaitz Fadón Gómez (Bilbao), de 29 años, y Lide Arratibel Sola (Donosti), de 28. Todos ya veteranos excepto David Auzmendi, novato hasta ahora en la cooperación internacional. “La verdad es que la experiencia ha superado mis expectativas iniciales”, asegura desde El Salvador. “Desde el primer momento la gente nos ha tratado con gran amabilidad, con mucho respeto y agradecimiento, al final sientes que recibes más que lo que das”. De hecho, el grupo está alojado en casa de una de las mujeres de la Asociación Solidaria, y entre ella y las compañeras les preparan comidas típicas como sopa de gallina, popusa, carne adobada, arroz, huevos revueltos...


PARA CONCIENCIAR DESPUÉS
Entre chequeos y talleres, quedan algunos ratos para “hacer algo de ejercicio” -acompañados por las risas de mujeres y niñas que se apuntan- y no han faltando tampoco tardes de juegos con cartas o sesiones de salsa con un altavoz. “Está siendo una experiencia super bonita”, dice Luna, que se encarga de hacer fotos y vídeos para documentarlo todo, ya que después, cuando vuelvan a Navarra darán charlas para contar su experiencia en El Salvador, como hacen en todos sus viajes. De ahí el nombre de la ONG (yoslocuento.org). “Es una forma de concienciar”, explica, “de denunciar la vulnerabilidad de algunos lugares del mundo allá y que la gente sea más consciente de los privilegios que tenemos en el primer mundo y de que es una labor de todos equilibrar la balanza”.
Mientras tanto, vienen atendiendo por día en los chequeos sanitarios a unas 50 personas -alcanzando a unas 600-, así como a unas 200 en los talleres de formación y a 15 familias con invernaderos (para cultivar tomates y otros productos) y pollos.
La doctora Melisa Pérez explica que las consultas médicas son sobre todo “chequeos rutinarios” pero indispensables, dado que en estos lugares la gente tarda en acudir al médico. Por ejemplo, varios pacientes fueron diagnosticados de hipertensión. Pudieron así darles tratamiento y “advertirles de lo perjudicial que puede llegar a ser si no toman su medicación y cuidan su dieta”, además de acudir de forma regular a su médico. Para esta doctora mexicana, destinar sus vacaciones a la cooperación es “invertir en una experiencia que siempre te devuelve más”. Por su parte, la pareja de fisioterapeutas, Arkaitz y Lide, que participaban por segunda vez en un viaje con esta ONG, calificaban la experiencia de “enriquecedora”, entre otras cosas por la calidez de la gente “que nos ha recibido con los brazos abiertos”, compartiendo “incluso lo que no tienen”.


Los voluntarios también han percibido un mayor nivel de seguridad en el país. Hace unos cinco años había mucha inseguridad, entre otras cosas por las maras -bandas juveniles-, pero las autoridades han encarcelado a “muchísimos delincuentes”. Sin embargo, la parte negativa es que al parecer, al destinarse mucho más dinero para la seguridad, están bajando las ayudas en sanidad, educación, etc.
Luna destaca que en esta ONG el 100% de los donativos van a los proyectos -unos 8.000 euros en el caso de El Salvador-, ya que los gastos de alojamiento, comida, transporte, etc. salen del bolsillo de los propios voluntarios. Ya han desarrollado también proyectos en Haití, Kenia, México, Zambia, Guatemala, Perú, Tanzania, Brasil, Palestina, Mozambique, Guinea, Ecuador, Colombia... Y suma y sigue.