Seguridad

Socorristas, un bien escaso

La llegada del verano obliga a los municipios con piscinas municipales a buscar socorristas titulados, una tarea que cada vez es más complicada por su escasez. Abárzuza y Lodosa ya tienen los suyos para la presente temporada

Aarón Leoné Irisarri vigila el baño de unos menores en la piscina grande de Abárzuza
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Aarón Leoné Irisarri vigila el baño de unos menores en la piscina grande de Abárzuza
Aarón Leoné Irisarri vigila el baño de unos menores en la piscina grande de Abárzuza

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Lucas Domaica

Publicado el 02/08/2024 a las 05:00

En la sección de actualidad de la página web de la Federación Navarra de Salvamento y Socorrismo aparecen publicados dos cursos de formación de socorristas que han sido cancelados por falta de inscripciones. Aunque tan solo sea la cancelación de dos cursillos, esto es un síntoma de la dificultad existente para algunas localidades de la región a la hora de contratar personal para la época estival.

“Es cierto que no hay mucha gente interesada en trabajar de socorrista”, comenta Mireia Apesteguía Garín, una joven de Estella que cumple su segundo año como socorrista en las piscinas municipales de Abárzuza. Según relata esta estudiante de Enfermería, la primera vez que se interesó por ocupar este puesto de socorrista fue hace tres años. Apesteguía acabó el curso y se presentó en Abárzuza con su currículum. “En el mismo momento me cogieron para trabajar”, reconoce mientras completa el turno de mañanas.

Su par en este trabajo es Aarón Leoné Irisarri, un estudiante de Ingeniería Eléctrica en Valencia que ha aprovechado su vuelta a casa por las vacaciones de verano para trabajar de socorrista. Esta semana ella va de mañanas y Leoné hace lo propio por la tarde hasta las 20.00 horas.

Esas tareas van desde comprobar el estado del agua midiendo los niveles de cloro, PH, temperatura o turbidez, hasta poner el robot en marcha al término de las jornadas. Pero por encima de todo está la seguridad de los bañistas. En las piscinas de esta localidad de 514 habitantes, según los datos recabados por el Instituto Nacional de Estadística en 2023, el tiempo es el que marca la afluencia de bañistas en los dos vasos, uno grande y uno pequeño. De los días de estar casi solos a los que se pueden juntar más de setenta, “a ojo”. “Viene la gente del pueblo y de vez en cuando alguien que esté de vacaciones aquí”, comenta ella, que completó el curso en Bilbao.

Mireia Apesteguía Garín y Aarón Leoné Irisarri, en Abárzuza
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Mireia Apesteguía Garín y Aarón Leoné Irisarri, en Abárzuzamontxo a.g.
Mireia Apesteguía Garín y Aarón Leoné Irisarri, en Abárzuza

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Por su parte, Leoné hizo lo propio en Valencia a lo largo del curso universitario. “Quería tener un trabajo en verano. Es mi pueblo y el de mi madre y quería trabajar aquí”, reconoce el joven de 19 años. Para esta pareja de socorristas, Abárzuza es un pueblo donde se está “ a gusto” y es “cómodo” para trabajar.

Esto no quita que de vez en cuando tengan que atender a bañistas. “Gracias a Dios no hemos tenido que hacer ninguna intervención como tal. Sí que hay casos de cortes, picotazos, heridas... cosas leves”, explica Leoné igual que su compañera. Cosas leves, pero la presión ahí está para los vigilantes de estas instalaciones acuáticas.

Sí que se siente presión. No es lo normal que pasen cosas en la piscina, pero en el momento menos esperado puede ocurrir algo y tienes que actuar”, dice ella.

“Cuando hay mucha gente hay que estar a mil ojos y hay responsabilidad”, completa esta vecina de Estella. Aarón prefiere no denominarlo “presión”, pero reconoce que hay que estar “muy alerta”. “Hay que prestar atención sobre todo cuando la gente se empieza a acumular en el agua cuando hace calor”, dice. “Ver cómo se tira la gente, llamar la atención a los bañistas que se tiran de formas peligrosas y avisar de que tengan cuidado con el bordillo...”, apunta sobre los usuarios en general, aunque pone el foco sobre los más jóvenes.

“No les quitas el ojo a los críos que no se defienden mucho en el agua, siempre teniendo en cuenta que si son pequeños tienen que estar con su madre o padre”, añade sobre los niños. Teniendo muy presente este aspecto y las tareas diarias que tienen que realizar, ambos, ella con dos años de experiencia después de que el año pasado no trabajara de socorrista y él como debutante, coinciden en que las piscinas de Abárzuza son un buen sitio de trabajo por el buen ambiente que hay con los vecinos.

EXPERIENCIA PARA LAS PISCINAS DE LODOSA

Las piscinas municipales de Lodosa cuentan con algunos socorristas que superan los seis años de experiencia. “Cada año sentimos más presión por las noticias que se ven de otros sitios”, comenta Amaia Campo Prados, lodosana de 31 años que lleva siete años como socorrista durante la temporada de verano. “Cada vez tenemos que estar más alerta, hay normas nuevas que cuestan que se cumplan...”, añade Campo, que el resto del año vive en la República Dominicana trabajando como profesora.

Desde la izda.: Anthea De Tomás, Javier Gastón y Amaia Campo, en Lodosa
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Desde la izda.: Anthea De Tomás, Javier Gastón y Amaia Campo, en Lodosacedida
Desde la izda.: Anthea De Tomás, Javier Gastón y Amaia Campo, en Lodosa

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Sobre esa sensación de presión y responsabilidad también hablan Javier Gastón Fresán y Anthea De Tomas Campo. “Sí, cada año un poco más duro. Conforme pasan los años eres más consciente de lo que puede pasar y es mayor la responsabilidad”, apuntan ambos, uno con más de cinco años de experiencia y otra con tres como socorrista a sus espaldas.

En lo que va de verano, las incidencias registradas en estas piscinas municipales de esta localidad, que cuentan con dos piscinas de chapoteo y enseñanza y dos grandes, han sido similares a las de Abárzuza: heridas, rozaduras, picotazos de avispas, caídas, algún corte... “Otros años sí que ha pasado algo más grave pero por ahora no. Hacemos mucho hincapié en que se cumplan las normas y se consigue prevenir este tipo de accidentes”, coinciden los tres.

La teoría de estos recintos es fácil, cuanto más calor, más gente, y cuanta más gente, más cosas pasan. “Esta semana con la ola de calor puede haber en la piscina unas cien personas a la vez”, indica Javier, que a su vez enumera otras labores diarias como poner flotadores, preparar la camilla, completar el botiquín y poner todo en orden ante la llegada de los bañistas.

El gran motivo por el que estos jóvenes se sacan el curso y acceden a estos puestos es por el dinero, como ellos mismos reconocen, pero el punto vocacional también tiene que estar presente en esta profesión que cuenta con una responsabilidad importante.

CIFRAS

​300 Horas dura el curso de socorrismo en instalaciones acuáticas gratuito impartido por la Federación Navarra de Salvamento y Socorrismo durante los meses previos al verano.

16 Años es la edad mínima para participar en ese curso de socorrismo que es de carácter presencial y se imparte en diferentes localidades.

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