Los robos de cobre aumentan en Navarra y castigan sobre todo a Zona Media y Ribera

El auge de los hurtos es proporcional al incremento del precio del metal

Agentes de la Policía Local de Cintruénigo intervinieron en mayo de este año cuatrocientos kilos de cableado de origen injustificado
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Agentes de la Policía Local de Cintruénigo intervinieron en mayo de este año cuatrocientos kilos de cableado de origen injustificado
Agentes de la Policía Local de Cintruénigo intervinieron en mayo de este año cuatrocientos kilos de cableado de origen injustificado

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Lucas Domaica

Publicado el 01/07/2024 a las 05:00

El robo de cobre nunca ha desaparecido del punto de mira de los ladrones, que ven en él un material de fácil extracción, penas ligeras y rampa de salida en el mercado. Si a estos tres argumentos se les suma que su precio es cada vez más elevado, la ecuación es fácil: aumentan los robos. Navarra no es ajena a esta tendencia y los hurtos y robos con fuerza del metal conductor también crecen. Si en 2022 la cifra llegaba a 70, en 2023 incrementaron un 100%, es decir, se doblaron, según datos aportados por la Guardia Civil de Navarra, que trabaja de la mano junto a Policía Foral para minimizar el impacto de unos delincuentes que atienden a dos perfiles.

“A fecha 1 de junio ya llevamos ochenta entre hurtos y robos con fuerza”, informan desde la Benemérita, que reconocen que “hay un incremento objetivo”. Al referirse a hurto, el cuerpo de seguridad señala a la acción en la que los delincuentes sustraen el cobre sin dañar el continente. Por el lado del robo con fuerza explican que consiguen el material deteriorando el tendido eléctrico, por poner un ejemplo entre diferentes infraestructuras.

“Nosotros hacemos dos divisiones en el perfil del delincuente”, añaden desde la Guardia Civil. El robo de cobre puede correr a cargo de delincuentes de tipo local, que aunque no centran todos sus esfuerzos en este metal sí tienen “mucha incidencia”, y grupos criminales organizados.

El primer delincuente es el “común” y de tipo “más bajo”. “Lo que hace es sustraer cobre de empresas, polígonos que están en obras o partes abandonadas de las que se puede extraer ese cableado”, describen sobre la segunda fase realizada por los ladrones, que no es otra que la sustracción. Para ello, antes han tenido que elegir cuál será la zona, eso es a lo que se le denomina como primera fase del plan. Una vez pelado el cable, que es el tercer punto del proceso, estos delincuentes locales suelen vender el metal en chatarrerías, el último punto. Un punto y seguido hasta la próxima. “Obtener dinero y subsistir”, indican. “No son grupos dedicados solamente al cobre. Hoy cobre, mañana asaltan una caseta de campo y se llevan una motosierra... No es una delincuencia organizada”, destacan desde el cuerpo policial.

En el mismo lado del delito, aunque mejor organizados están los grupos criminales. “Hemos tenido alguna que otra incidencia en los últimos años”, recuerdan desde Guardia Civil citando a una banda afincada en Hospitalet de Llobregat (Barcelona) que puso el foco en cable de campos fotovoltáicos de Navarra.

Eran cinco hombres, de entre 33 y 43 años, que fueron cazados con 1,5 toneladas de cable de cobre en un vehículo. “Llegaban por la noche a los campos, extraían el cable y tiraban con el coche”, detallan. Según Guardia Civil, “sacaban muchos metros, fue por toda Navarra y más hacia el sur”. “Era una banda de ciudadanos del Este de Europa. Conseguimos sacar dónde enfriaban esos materiales, que era en Cataluña, y se les pudo detener”, indican satisfechos.

Este tipo de grupos criminales organizados trabajan de campaña en campaña. Van a una zona, roban y desaparecen. Por lo general atienden a un modus operandi similar y suelen habitar en Cataluña y Madrid. Además, desde Guardia Civil destacan que en estas bandas hay integrantes con conocimientos. “Ahí pones en riesgo tu vida si sufres una electrocución”, explican hablando sobre otra operación en la que los delincuentes actuaron en subestaciones eléctricas. “Esos sabían muy bien cómo sustraer el cobre, era arriesgado”, señalan. Pero, ¿quién compra este material conseguido de forma ilegal?

EL ORIGEN Y EL DESTINO DEL COBRE 

Las estadísticas dicen que los puntos calientes se ubican en la Zona Media y la Ribera. Polígonos industriales, fábricas, estructuras de telecomunicaciones eléctricas en zonas rurales y de campo son sus zonas preferidas. “Son ubicaciones en las que es más difícil de prevenir el robo y aporta más seguridad al autor”, contextualizan.

Una vez el cableado en el maletero, los delincuentes se encargan de transportarlo a grandes centros de reciclaje fuera de Navarra, en el caso de las bandas organizadas sobre todo. De esa forma, ese metal es difícilmente trazable, entre otras cosas porque lo pelan y no queda ninguna marca del cable que lo recubría, que en ocasiones suelen estar serigrafiados de alguna forma con el nombre de la empresa. “Cuando entregan el material igual hay 400 kilos de cobre, pero una vez que lo encontramos en esa planta de reciclaje es difícil trazarlo”, lamentan sobre ese complicado seguimiento.

Los centros de reciclaje deben dejar constancia de la persona que ha llevado el cobre y de la cantidad, pero aún así la tarea para encontrar al autor es complicada. “ A veces los centros ven algún indicio o detalle en el material que no concuerda con esa persona que lo vende y nos llaman”, explican. “Una de las cosas que estaría bien, que sería positivo para prevenir esos hechos sería exigir el pago mediante transferencias bancarias para que ese dinero transferido quede trazado y no pagado en metálico”, añaden sobre una fórmula para contrarrestar este negocio ilegal. Sin embargo, los ladrones suelen preferir la vía del efectivo, que pueden vender hasta 1.000 euros diarios. Y de mil en mil van pasando por los centros de reciclaje y chatarrerías.

“Muchas veces es más cuantioso el daño que generan que el beneficio que obtienen”

A los autores de los robos lo que les importa es el dinero que pueden sacar con el material robado. El impacto económico y las afecciones que pueda tener su acción en los servicios prestados por ese cable va por otro lado. “Muchas veces es mucho más cuantioso el daño que ocasiones que el beneficio que obtiene”, comentan desde Guardia Civil de Navarra citando el caso ocurrido el 12 de mayo en Cataluña (día de las elecciones autonómicas) cuando hubo un robo de dimensiones considerables en la red de los trenes cercanías de Barcelona y el servicio tuvo que ser paralizado.

“A lo mejor, provocan unos daños de 20.000 euros y lo venden por 600 euros”, ejemplifican. “Entonces, para la empresa o persona perjudicada el cobre es lo de menos. Lo que les importa es lo que realmente les va a costar poner en funcionamiento de nuevo la línea”, añaden. Por el lado delincuente, a día de hoy el kilogramo de cobre oscila entre los 4,50 euros y los 6, precio que va al alza poco a poco y potencia de forma directa el aumento de robos con fuerza y hurtos y que supera el valor de otros metales.

Vista la problemática existente, hay fábricas y compañías instaladas en la Comunidad foral que contactan con los cuerpos de seguridad para prevenir y alertar de ataques. “Hay empresas en particular que ven que los delincuentes están poniendo el ojo sobre ellos y avisan”, indica la Benemérita. “De hecho, una se puso en contacto este año con nosotros y la Policía Foral porque tenía muchas instalaciones a lo largo de Navarra”, reconocen. Ante ello, el cuerpo de seguridad compartió la información aportada por la empresa y se coordinaron entre los dos cuerpos para vigilar esas instalaciones repartidas por la Comunidad foral.

Pero estas sustracciones no se realizan solo en zonas rurales y en polígonos en los que los delincuentes se sienten inmunes. Ladrones locales y bandas han dado últimamente un paso hacia la ciudad y ya sustraen materiales en portales. Pero no son cables, aquí se trata de los elementos que adornan las puertas, pomos u otros, por lo que recomiendan no instalar objetos de gran valor.

BAJO RIEGO PENAL 

Las sanciones son otro de los factores que animan a los ladrones de cobre a seguir dando golpes. Los robos con fuerza están penados con entre uno y tres años de cárcel. Por su parte, los hurtos oscilan entre los seis y los dieciocho meses de cárcel. Estas penas pueden modificar en función del valor del cobre extraído y los daños causados al ejecutar la acción, entre otras cosas que son baremadas en el juzgado.

Quizá, el mayor riesgo que corren estos ladrones sean las quemaduras que pueden llegar a sufrir. “Generalmente es personal que tiene conocimientos previos porque ha trabajado en el sector de la construcción, de la electricidad o incluso instalando esas líneas y saben extraer el cobre sin poner en riesgo su vida, pero ha habido algún susto”, confirma la Guardia Civil. “No hemos tenido que lamentar ninguna vida”, añaden, pero sí que han podido localizar a ladrones en el hospital. “Normalmente llevan quemaduras características y, si después lo podemos relacionar con el robo, se le imputa”, aseguran sobre esa “pista” derivada del descuido.

Los cuerpos de seguridad navarros continúan su lucha contra el robo de cobre, que ha ido evolucionando con el aumento del precio de una tarea delictiva más bien precaria a una ejecución llevada a cabo por bandas de lo más organizadas.

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