Los viajes para ayudar a Cataleya, que ejerció la prostitución "engañada" y "amenazada"

Mujeres que ejercen, han ejercido la prostitución o sufren trastornos de salud mental vuelven sobre sus pasos en un recorrido interior de penalidades en un certamen de microrrelatos abierto a la imaginación y una temática: Viajar

Sobre el panel de los relatos, ‘Cataleya’, nombre figurado de una mujer acompañada por la asociación Itxaropengune,  recoge el que escribió con su letra y su corazón
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Sobre el panel de los relatos, ‘Cataleya’, nombre figurado de una mujer acompañada por la asociación Itxaropengune, recoge el que escribió con su letra y su corazón
Sobre el panel de los relatos, ‘Cataleya’, nombre figurado de una mujer acompañada por la asociación Itxaropengune,  recoge el que escribió con su letra y su corazón

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Natxo Gutiérrez

Publicado el 09/06/2024 a las 05:00

El primer viaje -el de la vida- que emprendió Cataleya hace 36 años estuvo salpicado de piedras. “Una vez, le pregunté a mi madre: ‘¿Quién es mi padre?’”. No obtuvo respuesta. Mayor de las mujeres en una familia de siete hermanos, pronto fue dada en adopción a una prima de su progenitora. Por prudencia y un pasado no tan lejano en un contexto de prostitución, que prefiere olvidar, oculta su identidad en un nombre figurado que sugiere. El hilo umbilical de los afectos con su madre acabó por romperse cuando a los 9 años un pariente abusó de ella. “Se lo conté a mi madre, pero no me creyó”. Segundo sobresalto en el andén de las heridas del alma.

Hace dos años recibió una propuesta para emprender un viaje, este sí real. En sus sueños surgió la idea de labrarse un porvenir que su tierra natal, Nicaragua, no le procuraba. Aceptó la invitación y voló, como su imaginación creyendo ver en su destino un rumbo de prosperidad. Al llegar, sus ideas como las promesas recibidas se desvanecieron. El camino se volvió áspero y tortuoso por la mella que en su mente le procuró entrar a trabajar en un prostíbulo de La Rioja. Fue, dice, “engañada” y también “amenazada”. No había marcha atrás en esas opciones que se toman en la vida creyendo ver luz donde todo es oscuridad.

“Prefiero no hablar” de esa etapa triste y dramática. Su silencio habla por sí solo. En medio de la dificultad, asomaron manos amigas que le socorrieron con la sugerencia de dar un viraje a su camino. Como condición, debía cambiar de contexto y de ciudad para trasladarse a Pamplona y acogerse al abrazo de la Asociación Itxaropengune. Lugar de Esperanza (Aigle). La descripción de la entidad social desvela buenas intenciones y mejores deseos para mujeres que creen haberlo perdido todo, incluido el sentido y la orientación en la vida. Tal era el estado anímico de Cataleya, que lo primero que pidió fue la ayuda de un psicólogo para poner en orden su mundo interior, surcado por un túnel sin luz. “Estaba muy mal. Un amigo me miraba que estaba así. Y me decía que había asociaciones de ayuda a mujeres. Me puse en contacto con una amiga que me habló de Pamplona”.

Al año de dar el salto y confiar en palabras amigas para abandonar el calvario, sus ojos claros vuelven a iluminarse. “No ejerce la prostitución”. Vive en un piso de acogida y acude a un curso para algún día dar rienda suelta a su deseo de dedicarse profesionalmente como cocinera. “Me encanta la cocina. Tengo muchas ideas en la cabeza. De momento, quiero estudiar porque no soy estudiada”, apunta.

Mari Mar Osés Larequi, coordinadora del programa Agar dentro de la asociación Itxaropengune, subraya el esfuerzo realizado: Cataleya es ejemplo de superación:“Hay procesos estupendos. La asociación pone el apoyo, pero es la mujer la que tiene que ser la protagonista de su propio proceso. El esfuerzo lo hacen ellas. El camino no es fácil. Son situaciones muy vulnerables que parten, en algunos casos, de sus países”.

La coordinadora del programa Agar -que debe su nombre al personaje bíblico de una esclava y con el que Itxaropengune comenzó a rodar en 2005- destaca de Cataleya su constancia como también su capacidad creativa. “Me gusta escribir, me gusta leer y me gusta pensar en cosas buenas”, responde ella.

EL VIAJE A TIERRA SANTA

La conjunción de voluntad, habilidad e imaginación cuajó en una redacción sobre un viaje a “Israel”, como dice cuando en realidad quiere hablar de Tierra Santa. “Soy muy cristiana”, aclara para justificar la elección de su itinerario imaginario descrito en un concurso de microrrelatos, organizado por la asociación. Son 34 las propuestas narradas con distintos recorridos bajo un único patrón, señalado en una temática sugerente y también terapéutica: Viajar.

Se trata de la segunda edición de un certamen local con libertad de estilo, fondo y forma. La ocasión, al tiempo de suponer un refuerzo de aprendizaje en escritura, permitió a sus autoras echar volar su imaginación con viajes deseados o realizar una retrospectiva de lo andado. Las hubo que realizaron un recorrido a su interior en una reflexión que dejó con la boca abierta a jurado y lectores.

Además de las mujeres acogidas al programa Agar, dirigido a aquellas que están o han estado “en un contexto de prostitución o son víctimas de trata con fines de explotación sexual”, hay creaciones que llevan la firma de destinatarias de un segundo pilar en la actuación de Itxaropengune: su programa de acompañamiento a mujeres que sufren trastornos de salud mental.

En la oportunidad brindada, Cataleya se dejó llevar por su fantasía y también el deseo de viajar a Tierra Santa, a ser posible con su hijo, de 17 años de edad. Sería un viaje de reencuentro que desearía hacer después de dos años de encontrarse separados. En su cabeza, rondan “muchas metas” -como dice- y de todas ellas predomina una: “Traer a mi hijo” donde ahora comienza a respirar y ver la vida de otra manera.

Su relato es parte de una exposición replicada en el propio localde Itxaropengune y en la UPNA. Hasta días atrás permaneció en el complejo universitario la muestra sujeta con pinzas como símil de una porción de vida sostenida en el alambre de la fragilidad. Que haya llegado una expresión de vida hasta un centro que ilumina mentes obedece a una propuesta de Corina Copescu, trabajadora en prácticas en Itxaropengune.

Dice su compañera Mari Mar Osés que los relatos son “ventanas abiertas” al exterior de los sentimientos de las autoras y ejercen un fin de difusión de la asociación a la que pertenece. Según señala, “todos los relatos son muy emotivos, muy personales y muy generosos porque en ellos se plasman vivencias muy fuertes. Son situaciones reales. Poderlas brindar y compartir supone un ejercicio de generosidad”. Lo que fue el año pasado una iniciativa del taller de escritura, compatible y complementario con un segundo programa de empoderamiento que permite poner nombre a emociones y sentimientos, es hoy un conjunto de relatos escritos con la tinta imborrable de la vida. Cataleya sueña con viajar a Tierra Santa. Cada día piensa en su hijo y en poder abrazarlo.

Mari Mar Osés Larequi, coordinadora del programa Agar en la ‘Asociación Itxaropengune.  Lugarde Esperanza’ (Aigle)
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Mari Mar Osés Larequi, coordinadora del programa Agar en la ‘Asociación Itxaropengune. Lugarde Esperanza’ (Aigle)Cordovilla
Mari Mar Osés Larequi, coordinadora del programa Agar en la ‘Asociación Itxaropengune.  Lugarde Esperanza’ (Aigle)

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Un lugar para la esperanza de mujeres que sufren

Lo que hace Itxaropengune como ‘Lugar de Esperanza’ que acredita su identidad es “apostar por las mujeres”. Su programa Agar está concebido para “la recuperación e integración de mujeres en contextos de prostitución y víctimas de trata con fines de explotación sexual”.

El fin señalado por su coordinadora, Mari Mar Osés Larequi, se concreta en un “programa de acompañamiento intenso” como preámbulo a cualquier actividad posterior de formación y promoción humana. Toda iniciativa pasa, como premisa inicial, por una etapa de valoración: “Cómo se encuentra la persona tanto a nivel emocional, administrativo, educativo, económico...”.

Las destinatarias llegan aconsejadas o derivadas de Servicios Sociales y equipos sanitarios, cuando no de la Policía o por contactos directos e indirectos establecidos allí donde se ejerce prostitución. El año pasado, las distintas vías encauzaron la comunicación con 220 mujeres.

“Para que estén en el programa, no hay obligación de dejar de ejercer. Hay mujeres que siguen ejerciendo, y podemos intervenir en aquello que necesitan”. El abandono de la prostitución se señala como obligación para acceder a los pisos de acogida.

La propia realidad, con mujeres que haciendo de esta actividad su medio de vida desarrollaban trastornos de salud mental, desembocó en la creación de un programa específico de atención en 2016-17. Abierto al sector femenino en general, sin estar circunscrito al ámbito de la prostitución y sí vinculado a un perfil de mujer “con sufrimiento psiquiátrico de diferente entidad” como señala Mari Mar Osés, se apoya en tres pilares: “acompañamiento, talleres y pisos tutelados, de atención intensa”. Derivadas de Salud Mental, recibió el año pasado a 75 personas.

LA OFERTA DE TALLERES

La asociación cuenta con 24 profesionales y 40 voluntarios, como concreta su director, Alberto Urteaga Villanueva.

La capacitación, como un primer paso a una formación más especializada en centros externos como son los talleres de cocina y geriatría , focaliza esfuerzos del personal contratado y voluntario, en especial en el programa Agar.

“El aprendizaje del idioma” es vital en el proceso que ayuden a mujeres de desviarse de contextos de prostitución y acceder a una alternativa de empleo. “El aprendizaje es muy lento. Hay personas que igual dejaron los estudios hace tiempo. Además, requiere mucha atención de personas que bastante tienen con otras preocupaciones de mayor urgencia”. Informática como la parcela de creatividad, con visitas al Museo de Oteiza que desembocó en una colaboración en la creación de un programa de creación artística, ampliaron la oferta. Poner nombre a los sentimientos y emociones iluminó el ciclo de empoderamiento y la oportunidad de narrar experiencias propias o plasmar sueños originó el taller de escritura.

El viaje de mi vida

Es algo que no puedo explicar pero mi enfermedad

me está dando y a la vez me está quitando algo muy valioso, muy costoso, que no se puede comprar pero que todos anhelamos, ansiamos: Tiempo. Después de pasar por todas las fases del duelo, en la que en alguna creo que aún sigo todavía, he conseguido ser policía, ser investigadora de homicidios, asesina, valiente, cobarde, y todo lo que me proponga. No me hace falta viajar físicamente a ningún lugar .., lo hago cada día a a través de imaginación con la ayuda de mis amigos: los libros. He viajado por nuestra querida Navarra, Elizondo, Vitoria, Barcelona, París, EEUU...,y muchos lugares más... Y siempre, a pesar de todo, en la realidad en la que vivo o en ese mundo paralelo  que imagino, me pregunto: ¿quieres vivir?, ¿quieres luchar? o, por el contrario, ¿quieres decaer?, ¿seguir deprimida?, ¿no luchar por la vida?

Y la respuesta es sí, SIEMPRE sí.

Submundo

El submundo es todo aquello que se mantiene oculto de la vista de la sociedad pero que existe en todos los rincones de ésta y cuando se destapa deja a descubierto una miserable realidad. Un mundo de prostitución, una realidad oculta, sin reglas, se mueve por el dinero e intereses. Lleno de relaciones superficiales en donde no hay confianza. Cada una tiene que velar por sí misma. Un mundo de mujeres sin carácter, manipulables, sin opinión; mujeres que reproduzcan la violencia, mujeres frágiles. Realidad que ocurre en las propias instituciones. Crea un mundo crudo que no entiende de humanidad, donde no queda otra que ser fuerte. La única manera de sobrevivir a este mundo de violencia, injusticias, machismo, frustración... Un sistema que trata a las mujeres como mercancía, sin derechos., haciendo que las personas se pudran por dentro... Tomar decisiones arriesgadas, operaciones clandestinas para encajar...

Ojalá existiera un mundo con más conciencia, humanidad, empatía con todas nosotras. Aparte del dolor sufrido se aprende a seguir adelante y no quedar atrapada ahí. Yo era una mujer en un cuerpo de hombre que arriesgó todo por ser realmente quién era. El submundo no entiende de humanidad por lo que la única salvación es tu fortaleza, alzar la voz aún cuando te intentan callar.

¿Os cuento un secreto?

He viajado a diferentes sitios a lo largo de mi vida.

He hecho viajes muy largos. Pero es que a mí me

gustaría contar un viaje que hice a Tudela este mismo

año. En diferentes ocasiones he escuchado a la gente

decir que la gente migrante viene a Navarra a vivir

de las ayudas del Gobierno, que somos vaga y que no

queremos trabajar. ¿Os cuento un secreto? Esto no es

verdad. Yo llevo en Pamplona 6 años. Llegué en

condiciones muy difíciles y construir mi vida aquí no

ha sido fácil. Pero gracias a diferentes personas que

he conocido por el camino lo he podido hacer con

mucho esfuerzo. Llevo un tiempo cobrando la renta

garantizada. Pero os cuento otro secreto. No es una

ayuda con la que puedas vivir con mucha comodidad.

Estoy muy agradecida de tenerla y eso me permite

sobrevivir. ¿Os cuento otro secreto? Mi sueño es

trabajar; quiero trabajar; soy fuerte, quiero trabajar

para conseguir mi dinero con mi propio sudor.

Pero, ¿os cuento otro secreto? No tengo permiso

de residencia y de trabajo. Este año realicé un viaje,

un viaje en un bus y de un día a Tudela, un viaje

para echar currículum en diferentes fábricas.

¿Os cuento otro secreto? Muchas mujeres queremos trabajar y vivir nuestra vida


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