Emilio Boulandier Maiza, exalcalde de Alsasua

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Emilio Boulandier Maiza
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Juan Cruz Alli Aranguren

Publicado el 09/06/2024 a las 09:17

El martes 4 de junio falleció en Alsasua Emilio Boulandier Maiza a los 90 años de vida fecunda y comprometida al servicio de la sociedad y de la democracia. A su viuda Felisa Herrera, hijos José Javier y Blanca Esther, a la “niña de sus ojos” y nieta María, mi condolencia.

Conocí a Emilio cuando iniciaba su trayectoria de parlamentario del PSN-PSOE (1979-1987). Por su origen familiar ferroviario estuvo vinculado a la UGT con una actitud permanente de servicio a la sociedad en general y a los trabajadores y personas desfavorecidas en particular. Su motivación vital fue poner todo su esfuerzo para conseguir una mayor justicia social, libertad y bienestar colectivo tanto con sus compañeros de trabajo en Olazagutía como en su localidad de Alsasua. Todo lo hizo sin perder la sonrisa de su rostro con los ojos vivos y ‘pillines’ de quien era buen observador y ‘más listo que los ratones coloraos’ con los que le identificaban sus mejillas. Su rostro hablaba sin palabras y, cuando estaba serio, es que había algo que no compartía, expresándolo sin acritud y con el gran sentido común que le caracterizaba. Fue siempre un buen practicante y conocedor del fútbol, que llegó a ser entrenador en 1971, y, por ello, tenía una actitud deportiva de la vida y la política, respetuosa con las reglas del juego, consciente de que no se gana siempre e, incluso, se puede perder… hasta por goleada.

Fue alcalde de la villa de los alisos durante dos mandatos (1983-1991), entre el de Gerardo del Olmo (Altsasuko Herria-HB) y José Manuel Goikoetxea (EAJ-PNV), a quien siguieron otros alcaldes y alcaldesas nacionalistas de distinta adscripción (1991-2024). Representó un hito de recuperación socialista de una alcaldía de la que había sido titular el médico socialista Constantino Salinas (1931-1936), también vicepresidente de la Comisión Gestora de la Diputación Foral, localidad en la que el socialismo y sus organizaciones tuvieron gran presencia histórica vinculada a los ferroviarios, grupo social muy diferenciado al que pertenecían las familias de Emilio y su esposa. Los tiempos políticos habían cambiado y se impuso el nacionalismo, continuando como concejal hasta alcanzar 22 años. Durante su vida pública ejercida, a veces, en un medio muy hostil, tuvo el apoyo vital y anímico de Felisa, porque, tras un hombre de tan larga trayectoria pública, siempre hay una esposa fuerte, sostén de la familia, y un hijo que admira a su padre, a veces tan ausente, y lo tiene de referencia.

Por ser una persona de profundas convicciones políticas sufrió con conductas y comportamientos en el seno de su partido que, entendía, no respondían ni a la ética ni a la ejemplaridad socialistas. Sus críticas, siempre internas, procedían de quien, en los tiempos de hierro, fuego y muerte, se había comprometido con riesgo y había sufrido, personal y familiarmente, amenazas y coacciones de los enemigos de la libertad y la democracia. Por ello tenía autoridad interna y era reconocido por sus compañeros, aunque no todos le hicieran caso. Hasta que llegó un momento en que, con pesar y crisis, tomó la decisión de separarse de la organización, por coherencia con sus convicciones más profundas. Para Emilio, “Virtud es fortaleza, ser bueno es ser valiente; […] porque el valor honrado de todas armas viste” (A. Machado).

Siempre mantuvo el espíritu humanista, socialista y ugetista de su origen al servicio de las personas concretas que eran sus convecinos, con los que aspiró a formar una comunidad libre y solidaria con su diversidad social, cultural e ideológica. Para él “el hombre es la medida de todas las cosas, de las que son, en cuanto son, de las que no son, en cuanto no son” (Protágoras). En su última etapa lo demostró al servicio de los jubilados y pensionistas de Alsasua, promoviendo su asociacionismo y mejoras sociales en sede y actividades. Como era conocido y conocedor del medio, su capacidad gestora fue imprescindible para conseguir las ayudas que los hicieron posibles. Fue una demostración más de su vocación de servicio. Para describir su trayectoria invoco los versos de Machado, que Emilio nunca su hubiese aplicado a sí mismo: “Hay en mis venas gotas de sangre jacobina, / pero mi verso brota de manantial sereno; / y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina, / soy, en el buen sentido de la palabra, bueno”. Estoy seguro que, si lo oyese, añadiría: “porque soy socialista, y así me lo enseñó mi padre”.

A sus 90 años, Emilio era consciente del final y lo transmitía a los suyos. Por ser “humano, demasiado humano”, sabía que “Ella viene siempre. / Desde que nacemos, / su paso, lejano o próximo, huella / el mismo sendero por donde corremos / hasta dar con ella”. Se ha ido sereno con la convicción del deber cumplido, poniendo su voluntad y trabajo para dejar una sociedad más justa, libre y solidaria que la que encontró: “¡Adiós compañero!”, ya te ha llegado “el día del último viaje” y ha partido “la nave que nunca ha de tornar”, pero no te ha encontrado “ligero de equipaje, / casi desnudo, como los hijos de la mar” (A. Machado), sino con un bagaje de generoso servicio a la sociedad.

El autor es expresidente del Gobierno de Navarra

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