El examen de la vida
Unas décimas en la nota de la EvAU pueden cambiar el futuro de un estudiante y de su familia


Publicado el 09/06/2024 a las 05:00
Me acuerdo hasta de la ropa que llevaba y de lo que comí ese miércoles al mediodía. En plena canícula de junio de hace treinta años, quedé con mis amigas para ir por primera vez a la universidad. Y entrar a aquellas aulas que nos parecían enormes, con el DNI y varios bolígrafos en la mano. Sudando y con taquicardia. Con una falda hippy con estampando de elefantes y aún haciendo la digestión de un pollo con patatas. Esperando a que un profesor que nos parecía un anciano pronunciara nuestros dos apellidos y el nombre. Para enfrentarnos a nuestro primer examen de Selectividad, el de Lengua Castellana. Una cita para la que llevábamos preparándonos todo el curso y que iba a abrir (o cerrar) las puertas de nuestro futuro laboral. Han pasado justo treinta años desde aquellos tres días de nervios, comentarios de texto, análisis sintácticos (lo sé, ahora eso ya no se lleva), traducciones de inglés, problemas de derivadas o análisis literarios de las obras de García Márquez o García Lorca (lo que no ha cambiado). Decía que han transcurrido tres décadas entre aquellos exámenes y a los que se enfrentaron la semana pasada más de 4.000 bachilleres en toda Navarra, entre ellos mi hijo mayor. Y he vuelto a dormir mal, a despertarme por la noche, a alegrarme si salían las preguntas mejor preparadas (¡Sí! ¡Cayeron los ejes temáticos de ‘La casa de Bernarda Alba’!) Como si me fuera a examinar yo de nuevo. Ahora ya, la suerte está echada. Solo falta esperar al miércoles para saber si ese número con decimales que se grabará a fuego será o no suficiente para franquear el acceso al futuro.
Obviamente, la paz o la incertidumbre de los bachilleres no es la misma si ya han logrado plaza en una universidad privada (aunque, obviamente tengan que aprobar la EvAU) o si sus calificaciones de estos días, unidas a su media de Bachiller, alcanzarán la temida ‘nota de corte’ para acceder al grado de Medicina o al doble de Ciencia de datos y ADE, algunos de los más demandados y que precisan calificación más alta. Una décima arriba o abajo que puede cambiar la vida de un estudiante. Quedándose en su ciudad o marchándose fuera de casa. Y, por supuesto, el bolsillo de su padres.
Una nota que hará que conozca a unas personas o a otras, que tenga unos profesores que le contagien más o menos su pasión y que, en definitiva, se ilusione por esos estudios que quizá ha decidido a última hora. Viajo hasta mis 18 años y entrar en la carrera elegida era mi principal preocupación. Pero desde mi perspectiva actual y buceando en el pantano de la memoria, me doy cuenta de no hay nada irreversible. De que si te equivocas de estudios, puedes cambiar. Incluso si más adelante no te satisface tu trabajo, también es posible reinventarse. Porque la vida no es una prueba. Aunque sí que nos examinamos a diario. Ya no llevo mi falda de elefantes pero por fin me he dado cuenta de que lo único que importa es lograr nuestros objetivos. Más allá de la nota que nos pongan.