Un padre y 4 hermanos: linaje de solidaridad en Goizueta

Los Etxeberria Aranaz encarnan un ejemplo de vocación de ayuda en sus miembros, bomberos y sanitarios voluntarios en Goizueta. Lo han vivido en casa. Su padre fue médico en la zona. La madre, matrona, falleció en marzo. Interior reconoció su labor en un sencillo y póstumo homenaje.

El aita y los 4 hijos, en el parque de bomberos de Goizueta. De izda a dcha; José Javier Etxeberria Salaberria, y Patxi, Martin, Iñaki y Lucía Etxeberria Aranaz.
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El aita y los 4 hijos, en el parque de bomberos de Goizueta. De izda a dcha; José Javier Etxeberria Salaberria, y Patxi, Martin, Iñaki y Lucia Etxeberria Aranaz
El aita y los 4 hijos, en el parque de bomberos de Goizueta. De izda a dcha; José Javier Etxeberria Salaberria, y Patxi, Martin, Iñaki y Lucía Etxeberria Aranaz.

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Carmen Remírez

Actualizado el 12/05/2024 a las 10:07

En la familia Etxeberria Aranaz se mama la solidaridad desde el útero. En sentido literal. El aita, José Javier Etxeberria Salaberra, médico jubilado, vecino de Goizueta, y la ama, Marian Aranaz Jiménez, matrona originaria de Barásoain y recientemente fallecida, ya se conocieron y ennoviaron gracias al voluntariado que ambos prestaban en Medicus Mundi y a su trabajo en común en el hospital Reina Sofía de Tudela, y no tuvieron problema en tener a su primogénito, Patxi, en Ruanda, donde colaboraban con la atención sanitaria a la población local, mermada de recursos, en un hospital de Nemba. Casi casi repiten parto en el continente africano. Se lo puso cuesta arriba la guerra.

Si no, allí que viene al mundo el segundo hijo de la pareja, Martin. Pero la violencia creciente en la zona les hizo regresar a Europa, donde tampoco dejaron nunca de ayudar a los demás. Tanto en su profesión, como en su tiempo libre, prestando energía, tiempo y conocimientos como sanitarios. La familia se completó con la llegada de Iñaki y de la pequeña, Lucía. Los seis han formado parte de los bomberos voluntarios de Goizueta, un pueblo con 30 de ellos para una orografía difícil (a casi media hora en coche de Leitza o de Hernani) y con menos de 1.000 habitantes, pero donde también se respira ese ambiente de arrimar el hombro por el vecino.

Por ello, tras la muerte este año de la ama, como la nombran con cariño, el Gobierno foral y el servicio de Bomberos reconocieron a título póstumo la labor de Marian Aranaz y la entrega que sigue de los otros 5 miembros, el aita y los cuatro hijos. Reunidos recientemente para esta entrevista, una soleada mañana de finales de abril en Goizueta, vestidos con el uniforme de bombero, ellos le restaban importancia al homenaje conjunto, aunque sí coincidían en valorar el ejemplo de la figura materna, cuya honda huella impregna todo el reportaje. 

“En Goizueta todo el mundo es necesario. Es verdad que estar aquí aislados contribuye a un ambiente de ayuda, de hoy por ti, mañana por mí. De auzolan, de cuidadores. Eso cala entre los jóvenes. Además, nosotros lo hemos visto en casa toda la vida”, explica Martin, que asume el voluntariado casi como una faceta más de buena parte de la población goizuetarra. Patxi, desde el otro lado de la mesa, admite que en su casa había además el plus de la atención sanitaria de urgencia, estrechamente vinculada a la labor profesional de sus padres. “¿Te acuerdas del busca del aita? Era un aparato negro rectangular, poco más que un teléfono, que cuando se activaba empezaba a lanzar unos pitidos...Yo cuando lo oía, según la cara que veía que ponía el aita, sobre todo cuando se preparaba a toda leche, ya sabía que había pasado algo serio”.

UNA DECISIÓN "NATURAL"

Para Lucia Etxeberria, implicarse en el cuerpo de bomberos voluntarios no supone “un esfuerzo”. “De alguna manera es como que el tiempo que estás en el pueblo, estás disponible, sigues la formación mensual, conoces a la gente, los procedimientos... Es natural. No solo es que tú des, es que tú también ganas con todo esto. ”

Iñaki recuerda bien el gran incendio que se desató en los carnavales, hace 5 años. Fueron 400 hectáreas y momentos de tensión. “Pilló a mucha gente de fiesta, es juerga grande en el pueblo, y éramos pocos los disponibles. Fue una noche muy larga y hubo que resguardarse en algún momento, que avanzaban las llamas, pero haber evitado males mayores te da satisfacción, esa gratitud de la gente cercana que valora el esfuerzo y quieren poner su granito de arena y te ofrecían ayuda y bocatas. Somos voluntarios y tenemos mucho que mejorar, pero ese ambiente en el que todo el mundo se muestra comprometido es muy satisfactorio”.

En la familia además, contribuyen con los dos perfiles que requiere el parque. Tanto el más puro de bombero, como el de ATA, técnico de ambulancia, que exige una titulación sanitaria para poder acudir como voluntario. “Cuando una persona da el paso de implicarse en el grupo de bomberos voluntarios, hay que distinguir si da el perfil de bombero o el de técnico sanitario (requisito necesario para poder ir en la ambulancia, que implica un curso de habilitación equivalente a un grado medio).

“Se va notando que la población también va envejeciendo y aunque médico y enfermera las 24 horas del día, la mayoría de nuestras salidas son con la ambulancia. Cada año, en el parque, tocarán alrededor de 80 salidas, y muchas de ellas son a veces exclusivamente urgencias médicas. La ama, de hecho, iba con el aita a veces, porque cuando estaba de guardia, la enfermera vivía en Arano y depende de a dónde tuviera que ir (Arano queda a unos 20-25 minutos en coche de Goizueta)la ama le acompañaba para echar una mano, así fue cómo poco a poco, en el lado de bomberos y en el de sanitarios, todos nos fuimos involucrando”.

En su caso, Martin rememora una búsqueda de dos personas que habían salido desde Zubieta y se perdieron en una jornada de niebla y frío en Artikutza. Una de ellas falleció. “Me uní a aquella búsqueda sin ser todavía voluntario, pensando a ver si yo podía aportar algo también. Me marcó ver cómo echar una mano, conocer el terreno, puede sumar”. En esta zona, con orografía complicada, tanta pista, el conocimiento del paisaje o de cómo llegar a un lugar puede ser muy útil. “Si te llaman y puedes ir, pues vas. Si conoces el sitio, mejor. Para nosotros eso ha sido lo normal”.

1 PADRES. José Javier Etxeberria Salaberria, nacido en Goizueta el 19 de marzo de 1956, médico jubilado. Trabajó durante años en la zona de Leitza, Goizueta y Arano. Su mujer fue Marian Aranaz Jiménez, nacida en Barásoáin. Ejerció como matrona en el hospital Reina Sofía de Tudela y el Hospital Universitario de Navarra. Falleció, víctima de un cáncer, el pasado 3 de marzo.
2 HIJOS.
-Patxi Etxeberria Aranaz, nació en Ruanda el 30 de enero de 1992, donde sus padres trabajaban de la mano de Medicus Mundi en el hospital de Nemba. Está soltero. Es ertzaina y vive en Guipúzcoa.
-Martin Etxeberria Aranaz, nació ya en Navarra el 8 de junio de 1993. Policía Foral, tiene mujer y dos hijos. En diciembre será padre del tercero.
-Iñaki Etxeberria Aranaz, 25 de octubre de 1994, profesor de FP en Elizondo. Tendrá a su primer hijo en junio.
-Lucia Etxeberria Aranaz, 22 de diciembre de 1997. Enfermera en el área sanitaria de Leitza, Goizueta y Arano.

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