Conferencia
Antoni Ballabriga: “La transición a la sostenibilidad debe tener un sentido económico”
El responsable mundial de Inteligencia en Sostenibilidad de BBVA y presidente del Grupo de Expertos sobre Finanzas Sostenibles de la Federación Europea Bancaria, participó en Pamplona en el Congreso Tell Us Summit, organizado por el Club de Sostenibilidad de la Universidad de Navarra


Publicado el 03/05/2024 a las 05:00
La transformación sostenible no sólo decidirá el futuro del planeta, sino que se convierte en una oportunidad de mercado que debe llegar a todas las empresas. Especialmente a las PYMES, que “precisan de soluciones más concretas y ágiles”. Así lo indica Antoni Ballabriga, responsable mundial de Inteligencia en Sostenibilidad de BBVA y presidente del Grupo de Expertos sobre Finanzas Sostenibles de la Federación Europea Bancaria, con 16 años de experiencia en la entidad financiera. El pasado 19 de abril recaló en Pamplona con motivo del Congreso Tell Us Summit, organizado por el Club de Sostenibilidad de la Universidad de Navarra, para hablar sobre los retos globales en torno a la sostenibilidad y la labor de los bancos en este sentido.
La transición hacia la sostenibilidad implica un cambio de conciencia en las empresas… ¿cuáles son los principales obstáculos para llevarla a cabo y cómo pueden ayudar los bancos a que sea posible?
En los últimos años vemos cómo las grandes empresas, sujetas a una inversión creciente, adoptan la sostenibilidad desde un punto de vista estratégico; algunas movidas por una cuestión de cumplimiento de la regulación o de gestión de riesgos, pero, cada vez más, porque lo ven como oportunidad de negocio para abrir nuevos mercados, productos y servicios. La clave es que la transición tenga un sentido económico. En algunos ámbitos como la movilidad eléctrica o la transición energética el retorno está claro. Sin embargo, en otros todavía no hay rentabilidad. Por ejemplo, fabricar una tonelada de acero o combustible sostenible es más caro. Por eso se necesitan políticas públicas que ofrezcan incentivos y un contexto adecuado, con el acompañamiento del banco. Ese es nuestro reto: apoyar no solo las actividades sostenibles, sino descarbonizar las más difíciles, con financiación y asesoramiento.
¿Cuál es la situación de las pequeñas y medianas empresas en este sentido?
Las PYMES están en la dinámica del cambio, pero todavía hay que avanzar mucho. Al contar con un horizonte temporal de inversión muy corto, precisan de más acompañamiento, formación y, sobre todo, de ayudas más concretas y ágiles.
¿La aproximación a las PYMES requiere entonces un cambio de estrategia?
Las empresas financieras nos adaptamos a la realidad de cada empresa y de cada sector. Por ejemplo, en el sector primario la prioridad no es la descarbonización, sino la dependencia de recursos naturales de agua, suelo… y por eso formamos a los equipos para que ofrezcan el asesoramiento adecuado. Se trata de brindar soluciones más prácticas, como el riego por goteo, paneles solares… y de que los ahorros estén muy claros.
¿Existe apoyo institucional suficiente para llevar a cabo una transición hacia la sostenibilidad?
En España y Europa la sostenibilidad es una prioridad, y así se refleja en las políticas públicas, que fijan objetivos e incentivos. En este sentido hay un avance, pero también es responsabilidad de la Administración propiciar la inversión y garantizar que las ayudas tengan un marco sencillo y ágil. No puede ser que una PYME que ha invertido en energía fotovoltaica y tiene derecho a percibir una ayuda que cubra hasta el 40% de la inversión esté dos años y medio esperando esa subvención.
En su conferencia habló también del peligro del greenwashing en las empresas a la hora de comunicar actividades sostenibles… ¿hasta qué punto es preocupante esta práctica?
Hasta hace poco no había criterios definidos de lo que era o no sostenible. Por eso se han activado mecanismos que evitan que las empresas articulen mensajes de forma poco creíble. También es cierto que, al margen de la regulación, cada vez son más las compañías que robustecen sus propios marcos de control para mitigar el greenwashing. De hecho, se da también el fenómeno del green hushing, que lleva a no comunicar iniciativas por miedo a ser cuestionado. Lo ideal es buscar el equilibrio entre el greenwashing y el green hushing: comunicar sin sobreactuar.
¿Cómo articular una conciencia colectiva en torno a la sostenibilidad en un mundo globalizado como el que vivimos, pero con tantas diferencias y crisis entre los países?
El objetivo debe ser que todos los países, a pesar de partir de situaciones muy diferentes, tengan la oportunidad de hacer la transformación. En Europa y EEUU tenemos mayor potencial para crear este entorno propicio, al contrario que los países emergentes, que tienen más carencias, presupuestos muy bajos… Por eso se necesita que los más avanzados den su apoyo a los emergentes. El objetivo fijado en las últimas cumbres es la contribución con 100.000 millones de dólares anuales… una cantidad que todavía no se ha desplegado y que debería aumentar. La idea es que el Banco Mundial y entidades multilaterales favorezcan la atracción de capital privado con mecanismos de garantía. Es un reto titánico, pero en él que residen las claves que nos harán avanzar o no.

