Palabras y silencios en femenino plural
María Moliner, bibliotecaria y madre de cuatro hijos, escribió un diccionario de 3.000 páginas en sus ratos libres


Actualizado el 11/03/2024 a las 13:22
El jueves llegué a mi casa a las ocho y media de la tarde tras presentar un libro. Antes entré en el supermercado para comprar un paquete de galletas rectangulares para preparar una tarta de cumpleaños. Ya en la cocina, freí unos filetes con patatas para la cena y cocí unos garbanzos con chorizo para la comida del día siguiente. Mientras, le explicaba a mi hijo pequeño quién era Dios para mí para que completara su trabajo de Religión. Y escuchaba cómo le había ido a mi mediano con un amigo al que le estaba ayudando con las matemáticas. En el tiempo en que se calentaron los garbanzos, terminé de corregir unas prácticas de mis alumnos de la universidad en la mesa de la cocina y envié algunos mails y ‘Whastapps’ que aún tenía pendientes. Cenamos, recogí la cocina, coloqué la ropa de la cuerda en los armarios y el cesto de la plancha y me tiré, como un fardo, sobre la cama después de repetir a mi hijo pequeño, a voz en grito y tres veces, que se lavara los dientes. Supongo que te sonará de lo que hablo. Hombres, mujeres, jóvenes, mayores... vivimos una vida ajetreada, salpicada por el estrés y con la guinda del cortisol. Que no quise poner en mi tarta de galletas. Insisto, el trabajo dentro y fuera de casa es de todos. El visible e invisible, domo dice el Credo. Pero hoy, aprovechando el ‘Día de la Mujer’, voy a contar una historia que se conjuga en femenino plural.
La de María Moliner. Aquella mujer que parecía una abuelita entrañable, con su moño y sus gafas, y que escribió ella sola “el diccionario más completo y divertido de le lengua española”, como lo definió el Premio Nobel de literatura Gabriel García Márquez. Recuerdo aquellos dos volúmenes, forrados en un papel blanco y negro en las estanterías de mi casa cuando era niña. Pero no fue hasta mucho después cuando conocí la biografía apasionante de esa mujer que nació en Paniza (Zaragoza) con el siglo XX y que reunió en dos tomos vocabulario español (de la idea a la palabra), mientras cocinaba para sus cuatro hijos o les ayudaba con las tareas del colegio. Siempre sentada en la mesa del salón. En la que sus tarjetas con las palabras se apilaban al lado de las tazas del café o de las tostadas del desayuno. “Tenía una gran capacidad de concentración. No se inmutaba cuando correteábamos alrededor”, cuentan sus hijos. Pero aquella mujer enamorada de las palabras se quedó sin ellas y las sustituyó por los silencios en 1975, cuando sufrió una arterioesclerosis cerebral y perdió la memoria, seis años antes de morir, a los 81 años. Esta historia emocionó al dramaturgo Manuel Calzada Pérez, que escribió una obra sobre esta biografía fascinante y que tituló ‘Diccionario’. Cada vez que consulte algún vocablo de estos dos volúmenes, lo voy a hacer con mucho más interés. Y voy a recordar a María. Cada vez que vuelva a casa después de presentar un libro o de comprar galletas. Cuando aún me quede trabajo visible e invisible.