Nicolás Redondo: "Pamplona es una moneda en el zoco árabe montado entre el PSOE y Bildu"
El histórico dirigente del Partido Socialista de Euskadi habló este miércoles 10 de enero en Pamplona de los retos de la democracia española y de los de un socialismo que con Sánchez ha elegido un camino “inhóspito”


Actualizado el 11/01/2024 a las 07:16
Nicolás Redondo Terreros (Barakaldo, 1958) se crió en la margen izquierda de la ría de Bilbao. Su padre, Nicolás Redondo, fue el histórico líder de la UGT que le montó una huelga a Felipe González en 1988 porque creía que si tenía que ser exigente con un partido era con el propio PSOE en el que militaba. El hijo siguió los pasos de la política. Llegó a secretario general del Partido Socialista de Euskadi y fue candidato a lehendakari en los años 1998 y 2001. Poco después de las elecciones vascas de 2001 dimitió de todos sus cargos por francas discrepancias con la nueva línea política del PSE-PSOE. Ese mismo año se convirtió en presidente de la Fundación para la Libertad. El pasado septiembre, después de 50 años afiliado al PSOE, fue suspendido de militancia por sus críticas a la amnistía y a las negociaciones para la investidura de Pedro Sánchez. Acaba de publicar el libro No me resigno. Populismo, nacionalismo y los retos del socialismo moderno. Ayer ofreció una conferencia en Pamplona organizada por Sociedad Civil Navarra y a la que asistieron más de 250 personas. Antes ofreció esta entrevista.
¿A qué no se resigna?
No me resigno a muchas cosas. No me resigno al silencio cuando las cosas están mal. No me resigno a perder los principios básicos de la transición española. No me resigno a que devalúen la Constitución española. No me resigno a que el PSOE vaya por donde va. Son muchas cosas ante las que me rebelo.
¿Ve más resignada a la sociedad española que a los que hasta hace poco eran compañeros suyos de partido?
Creo que hay que diferenciar. A la sociedad no le podemos pedir más de lo que hace. Vota y la última vez lo ha hecho bien, votando muy mayoritariamente a los dos grandes partidos nacionales. Ha dado un varapalo a los partidos nacionalistas. El problema lo tenemos en los partidos políticos. Lo más razonable en julio hubiera sido el acuerdo entre el Partido Popular y el Partido Socialista. En cualquier país de Europa se hubiera dado por seguro y sin ninguna complicación, los grandes partidos hubieran estado a la altura de las circunstancias. No ha sucedido en España, pero no es culpa de la sociedad.
¿Es responsabilidad por igual del PSOE y del PP?
Especialmente del PSOE, que decidió emprender otro camino. Y es el gran problema que tenemos hoy. Sánchez decidió andar un camino absolutamente inhóspito, lleno de peligros y que nos puede conducir, si no nos ha conducido ya, a una gran crisis política en España.
¿Qué es lo que más le preocupa hoy del PSOE?
Me preocupa y me duele el silencio de los dirigentes del Partido Socialista. Lo que están diciendo muchos veteranos del partido y lo que estoy diciendo yo, aunque ya no esté en él, lo decimos con dolor.
Algunos dirigentes socialistas actuales dicen que ustedes, incluyo a Guerra y González, son ya pasado y que deberían dejar de airear sus quejas. ¿Qué opina?
A mí no me importa. No hay nadie en el partido, ni más joven, ni de más edad, que me dé ninguna lección de ningún tipo. Admitiré siempre la discrepancia, pero no el insulto. Así que no tengo ningún problema en que digan lo que digan. No me ha preocupado cuando estaba dentro, menos ahora.
¿Esperaba ver pasos más decididos de quienes se atreven a mostrarse críticos dentro del PSOE, como Emiliano García Page o el aragonés Javier Lambán?
Yo tengo mucha consideración hacia las posiciones de ambos, lo que me preocupa es el silencio de todos los demás. Hasta el 23 de julio era asumido por todo el mundo en el PSOE que la amnistía era inconstitucional. Pero se han convencido de la noche a la mañana, y se han convencido todos, de que la amnistía no solo es constitucional, sino que es beneficiosa para España. ¿Lo hacen por miedo o por conveniencia? Pienso que deberían rebelarse, porque el PSOE ha sido siempre un partido rebelde.
¿Le parece tan preocupante la ley de amnistía en sí como la pérdida del valor de la palabra dada?
La palabra de un socialista antes valía mucho, era más que un contrato, era un compromiso y tenía un componente ético. Eso ahora los dirigentes del partido socialista lo han perdido. Dicen que la primera derrotada de una guerra es la verdad y en esta situación la derrota es la de las palabras. Han perdido su valor. Donde los dirigentes del PSOE decían una cosa, ahora dicen la contraria y luego podrán decir la contraria a esta. Esa pérdida del valor de las palabras es el inicio de la crisis de la propia democracia.
Visto lo ocurrido en el Congreso esta tarde (por ayer), ¿aguantará Sánchez siendo rehén de sus socios durante toda la legislatura?
Yo solía pasar algunas temporadas en Mendaza, cerca de Los Arcos, y había una palabra que me gustaba mucho, ‘risión’. Lo de esta tarde ha sido una risión. Tenemos Gobierno, pero no puede gobernar. Nunca se debería haber pactado con el partido que dirige una persona que está fugada de la justicia. No hay ningún país occidental serio cuyo gobierno se sostenga con los votos de un prófugo. Se está devaluando la política y con ello lo que hicieron nuestros mayores en la transición democrática. Hace poco oí a alguien que recordaba la frase ‘¿Cuándo se jodió el Perú?’ (Vargas Llosa, en Conversaciones en la Catedral). El Perú, España, se jodió cuando empezamos a mentir. Lo que sucede es dramático.
El Gobierno de Navarra tiene en EH Bildu a su socio prioritario. ¿Cuál cree usted que debería ser hoy la naturaleza de la relación entre socialistas y EH Bildu?
El PSOE nunca debería convertir a EH Bildu en un protagonista de la política española. Nunca. Bildu es un partido legal y no tengo nada en contra de ello, pero no es un partido normal. Acabamos de ver que se han celebrado decenas de actos de mayor o menor envergadura de fortalecimiento de la leyenda de ETA. Eso se hace con el beneplácito de EH Bildu. Porque igual que Herri Batasuna no era nada sin ETA, EH Bildu no es nada sin la leyenda de ETA. Y mientras ellos no dejen de fortalecer esa leyenda y beneficiándose de ella, son un partido legal, pero no son un partido normal. Y yo con un partido que no es normal no llego a acuerdos de Gobierno o para sustituir a otro partido político. El PSOE va a ser responsable de los futuros éxitos de Bildu y los futuros éxitos de Bildu serán sólidos y nos traerán muchos quebraderos de cabeza.
Una reciente encuesta de CIES para Diario de Navarra con motivo de la moción de censura en Pamplona revelaba que el 31% de los votantes socialistas elegiría en las próximas elecciones otra opción. ¿Cree que el apoyo a EH Bildu vaya a pasar factura al socialismo?
Le va a pasar factura con toda seguridad. EL PSOE está hoy en el Gobierno de España y Sánchez está al frente del Gobierno. A cambio, es el momento de la historia de la democracia española en que menos poder tenemos los socialistas. Solo tenemos los gobiernos de Asturias, de Navarra y el de Castilla La Mancha. Nunca hemos tenido menos poder y eso es a cambio de tener a Pedro Sánchez en el Gobierno.
¿Hay en su libro un mensaje de optimismo para España y para el propio PSOE?
Sí, sí. Yo creo que se pueden y se deben hacer las cosas de otra forma. Tiene que recuperarse un partido reformista, que busque mayorías, no que busque gobernar a cualquier precio con Bildu, ERC, Puigdemont, el otro... necesitamos un PSOE que tenga un discurso para la mayoría de los españoles y que mire más al futuro que al pasado. España está paralizada desde hace 20 años. Necesitamos reformas clarísimamente desde entonces: en la educación, las pensiones... La inmigración y el futuro de los jóvenes son también retos que no se pueden afrontar en estas condiciones.
Recuperar la centralidad y el consenso en España también es cosa del PP. Visto lo ocurrido con la renovación del Poder Judicial. ¿Debe exigírsele otra actitud?
La situación hoy es difícil, estamos en un ambiente de polarización y de frentismo que dificulta cualquier acuerdo. Pero debemos ser capaces, todos, de mirar a la cara a nuestros adversarios, como en la transición, y de llegar a acuerdos. Ese fue el gran éxito del 78 y se puede ir hoy por la cañería.
"Pamplona, una moneda en el zoco árabe montado entre PSOE y Bildu"
Patxi López afirmó que el apoyo socialista a EH Bildu en Pamplona había sido la excepción y que eso en Euskadi era inviable. ¿Sabe usted por qué?
Habría que preguntarle a él, no tengo ni idea. Y hasta le podría creer lo de que es inviable en Euskadi. Pero , ¿por qué le tendría que creer? También se dijo que Pamplona nunca se iba a ceder a EH Bildu. No solo se dijo, sino que el presidente del Gobierno desde el sagrado púlpito del Congreso de los Diputados se vanaglorió de esa posición que parecía férrea de los socialistas de no entregar Pamplona. Puede ser que Patxi López crea lo que dice, incluso que lo quiera y que esto suceda. Pero no depende de él. Depende solo del interés de Pedro Sánchez. El gran problema que tenemos, por lo tanto, no es creer o no a estos dirigentes, sino saber que no tienen autoridad para decir lo que dicen. Muchas veces se ha hecho ya lo que ha dicho Sánchez, dejándoles en evidencia y sin ninguna crítica, ni reacción contraria. El PSOE era un partido de conflictos, de posiciones diferentes... ya no lo es.
¿Cree que tras el ayuntamiento de Pamplona vendrán otras concesiones del PSOE a EH Bildu, que aspira a Navarra para su proyecto soberanista?
Puede ser, no hay nada escrito. Hay una especie de omertá entre lo que hablaron Pedro Sánchez y Mertxe Aizpurua. Nada quita para que mañana salga a la luz otro acuerdo. Eso es lo que perjudica al país, al partido... Sabemos las locuras que se acordaron con Puigdemont, o una parte de ellas, sabemos que el PSOE ha aceptado el relato de los independentistas, sabemos lo que pactaron con el PNV, por cierto, también en nombre de Navarra, cosa que es sorprendente. Pero no sabemos todo lo que han pactado con EH Bildu. Pamplona era una moneda dentro del zoco árabe que han montado. Lo que pienso es que no merece la pena estar en ningún Gobierno a cambio de perder la dignidad.