Reportaje

Once personas de entre 50 y 64 años ponen voz y rostro al problema del paro en Navarra

Once personas desempleadas, la mayoría mujeres, ponen voz y rostro a las estadísticas del paro en la puerta de una de las nueve agencias que el Servicio de Empleo de Navarra tiene en toda la comunidad y denuncian la discriminación que sufren por la edad

Ana Lezaun, 63 años, nueve meses en el paro; Mª Antonia Castañeda, 56 años; Rosana Margolita, 55 años; Charo Beltrán (58 años) junto a su marido Lorenzo Martínez (jubilado); Mª Carmen Olite, 58 años; Itziar Rupérez, 52 años; y Mª Carmen Pérez, 52 años
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Ana Lezaun, 63 años, nueve meses en el paro; Mª Antonia Castañeda, 56 años; Rosana Margolita, 55 años; Charo Beltrán (58 años) junto a su marido Lorenzo Martínez (jubilado); Mª Carmen Olite, 58 años; Itziar Rupérez, 52 años; y Mª Carmen Pérez, 52 años
Ana Lezaun, 63 años, nueve meses en el paro; Mª Antonia Castañeda, 56 años; Rosana Margolita, 55 años; Charo Beltrán (58 años) junto a su marido Lorenzo Martínez (jubilado); Mª Carmen Olite, 58 años; Itziar Rupérez, 52 años; y Mª Carmen Pérez, 52 años

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Iván Benítez

Actualizado el 26/11/2023 a las 11:06

"En los cursos nos estamos encontrando con muchas personas de 60 años y me está sorprendiendo". Las palabras de este orientador laboral a la hora del café, a pie de calle, confirman la situación que se ha encontrado Diario de Navarra tres mañanas en la agencia integral de empleo y formación Iturrondo en Burlada, una de las nueve que quedan en la Comunidad foral.

Son las nueve de un lunes 13 de noviembre. “Prefiero no exponerme, voy a un curso de orientación laboral, me da mucho apuro”, se disculpan los más madrugadores. Voces entrecortadas, perfiles cabizbajos que piden mantenerse al margen. Luces y sombras. Da la sensación de que la mayoría que acude a los cursos de orientación o a solicitar prestaciones por desempleo, algunas lo hacen por primera vez, son mujeres de más 50 años. “Incluso de 60”, dice una de las usuarias mientras apura un cigarrillo antes de entrar a un curso de informática básica. “De las quince que estamos en clase, catorce somos mujeres y todas mayores”, sigue comentando Ana Lezaun, de 63 años, la misma de la fotografía principal. “Yo trabajaba en un estanco hasta hace nueve meses y ahora me encuentro que se me ha juntando el final de mi vida laboral con la jubilación. ¿Y qué pasa mientras tanto?”.

Algunas de las personas que llegan a este edificio de ladrillo rojo se quejan de no saber cómo gestionar una ayuda ni cómo solicitar una cita para un curso de orientación. “Te dan este papelito en recepción con un número y llamas y llamas y tardan en atenderte”, lamenta Laura, de 59 años. En su caso, lleva toda la vida sin trabajar porque le tocó criar a sus hijos. “Y ahora, al solicitar la prestación, me la niegan. Siempre recibo un no por respuesta. Así que no me queda otra que encerrarme en mi burbuja”. A su lado, una joven de 25 años, Itziar Pérez, trata de animarla.

Los datos registrados en las oficinas de los servicios públicos de empleo en Navarra publicados hace casi un mes indicaban que el número de desempleados se sitúa en 30.000 personas, más de 11.000 son hombres y más de 18.000 mujeres. Asimismo, esta semana el Gobierno central informaba de que el subsidio para mayores de 52 años, una ayuda vital proporcionada por el Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE) para desempleados con dificultades para reincorporarse al mercado laboral, “podría experimentar cambios significativos” a partir del 1 de enero de 2024. Actualmente, la cuantía se traduce en 480 euros mensuales.

Datos y más datos que, en realidad, solo ocultan vidas de carne y hueso. Dramas cotidianos que caen como una losa fría al abrir los ojos al amanecer. “Solo pedimos una oportunidad. Que las empresas no nos excluyan y borren toda una vida laboral al comprobar nuestra fecha de nacimiento. Tenemos experiencia, paciencia, responsabilidad y mucha psicología. Trabajamos bien y de forma diferente”, proclaman en este reportaje diez mujeres y un hombre con más de 50 años. Un perfil que ya alcanza el 9% de la tasa de paro en esta comunidad. Voces y rostros que visibilizan dramas cotidianos que hay detrás de las cifras del paro.

“Tu experiencia se borra y nadie se acuerda de ti”

Mª Carmen Olite, (58 años) Gerocultora

Mª Carmen se encuentra en la oficina del Servicio Navarro de Empleo gestionando un curso sociosanitario que complemente al que ya tiene de gerocultora. Perdió su empleo el 7 de noviembre en una residencia y reconoce que se siente perdida. “Cumples 50 años y de repente pasas a ser invisible. Tu experiencia se borra y nadie de se acuerda de ti”.

“Todavía nos queda mucha vida laboral”

Charo Beltrán, (58 años) Administrativa

El caso de Charo Beltrán, de 58 años, discurre contracorriente en este mercado laboral cargado de contradicciones. Formada en peluquería, cuenta que no había trabajado nunca hasta que en 2019, con 54 años, terminó un grado superior de Administración y Finanzas. “Y al año me empezaron a llamar”, sonríe. “Era mayor que la profesora”. Hace unos días se le terminó el último contrato después de tres años y ahora trata de gestionar el subsidio de desempleo. Le acompaña su marido, Lorenzo Martínez, un chapista jubilado en Volkswagen que empezó su vida laboral con 14 años. “Soy de la vieja escuela”, dice, desvelando que tiene 72 años. “Es una pena que los empresarios se deshagan de los profesionales a partir de los 50 años, porque es cuando están en lo mejor a nivel profesional. Se está perdiendo la especialización”. No tarda en salir por la puerta su pareja. “Sin trabajo, a esta edad, te sientes realmente mal”, admite Charo. “Estoy deseando volver a estar ocupada. A nuestra edad trabajas de otra manera y lo demostramos cada día. No es lo mismo que cuando eras joven. Todavía nos queda mucha vida laboral. Por eso, animo a reciclarse estudiando. Hay posibilidades y los grados son más fáciles para nosotros”.

“Nos descartan al ver la fecha de nacimiento”

Ana Bara, (53 años) Administrativa

“Tengo 53 años y más de 30 trabajando en gestión administrativa. Pertenezco a una generación a la que la se exigía experiencia más que títulos y ahora me encuentro tirada...”. Ana Bara ha cambiar de comunidad y al dejar su empleo se ha dado de bruces con una realidad que no esperaba. “Me siento frustrada. Las empresas sencillamente nos descartan al comprobar en el currículum la fecha de nacimiento. Resulta imposible acceder a una entrevista. He trabajado en nóminas y seguros, me he encargado de presentaciones con responsabilidad... y nada”. Cuenta que empezó su vida laboral con 16 años en un despacho de abogados. “Llevo pocos meses en el paro, pero al dejar el trabajo no tengo derecho a nada. Es una edad difícil y me considero muy joven para seguir activa”. Antes de entrar al edificio, dice que en el último curso de orientación asistieron quince personas y trece eran mujeres “más o menos de mi edad”.

“Me han llegado a decir que por mi edad no tengo derecho a trabajo”

Mª Antonia Castañeda (56 años) gerocultora

“Se me ha acabado el paro y he venido porque quiero saber si por ser mayor de 55 años me corresponde alguna ayuda”. Mª Antonia Castañeda, de 56 años, ha subsistido durante siete años con lo que ganaba cubriendo bajas laborales en una residencia de ancianos. “ Me llamaban hasta para cubrir bajas de un día. Y tenía que estar constantemente apuntándome en el paro. Así ha sido mi vida. Y cuando pedí que por favor me dieran más horas de trabajo, me respondieron que no me podía quejar porque no tenía derecho a exigir un puesto de trabajo”, denuncia. Una realidad generalizada. “Las empresas juegan mucho con las personas y con nuestra edad”. Tal precariedad laboral la obliga ha vivir en una habitación por la que paga 350 euros al mes. “Y no encuentras nada más barato. Al no tener liquidez nadie te alquila nada. ¿Cómo sobrevivo en estas condiciones con 56 años? Me ayudan mis hermanos y mi padre. Y a veces cuido de manera puntual a ancianos, pero no me quieren asegurar. La gente de nuestra edad está hundida. No tenemos derecho a nada. No recibimos ayuda ni siquiera para la vivienda”.

“Llevo en el paro desde hace doce años”

Alfonso, (64 años) Comercial

Alfonso prefiere mantener su anonimato porque es una persona conocida en Pamplona. Comercial de profesión desde que empezó en la adolescencia, se quedó sin empleo con 52 años y desde entonces no ha conseguido salir adelante, dice. Garcias a dos amigos, ha conseguido armarse de esperanza para gestionar un subsidio que pensaba no iba a conseguir. “Y me han resuelto el problema”, dice, al salir del edificio, abrazando a los amigos. “Menos mal que en la administración queda gente con empatía”. En su voz aprecia un nudo. “Esta ayuda es la vida”. 480 euros que complementa a otra de no más de 700. A sus 64 años reconoce que se “adapta” a los ingresos pero que las dificultades son grandes y que cuesta cubrir todas las necesidades. “Cuando me quedé en el paro, con 52 años, las empresas ya me dejaron claro que no contaban con una persona de mi edad, que no me iban a llamar. El problema de la sociedad actual es que no se es consciente de que se necesita un reparto equitativo de los bienes. Y si se reparte pobreza , la sociedad será pobre”.

“Ninguna empresa privada quiere mayores de 50 años”

Silvia Lazova, (54 años) Cocinera

Recibe el subsidio de desempleo de 480 euros para mayores de 52 años y a su vez trabaja días sueltos en la cocina de Osasunbidea. “Así llevo un año. Gracias a que mi marido trabaja”, dice. “Ninguna empresa quiere personas mayores de 50 años, principalmente en el sector privado. Supongo que creen que cuando eres joven produces más y no es verdad. A nuestra edad aportamos experiencia y responsabilidad”. Silvia, natura de Bulgaria y con más de veinte años en Navarra, asegura que ahora solo piensa en formarse y obtener algún titulo relacionado con hostelería.

“Se rieron de mí en una entrevista cuando les pregunté si tenía posibilidades”

Ana Lezaun, (63 años) Dependienta

Pero, ¿qué hace una persona de más de 63 años en la cola del paro? La historia de Isabel Ana Lezaun resume bien la situación que hay detrás de las estadísticas. La pamplonesa apura un cigarrillo antes de entrar al curso de informática básica que realiza junto a otras quince compañeras, catorce son mujeres de más de cuarenta años, precisa. “Trabajaba en un estanco hasta julio y me quedé en el paro. Ahora hay que vivir con 800 euros. Sientes que a partir de una edad te quedas sin posibilidades por haber dedicado a criar a mis tres hijos”. Era otra época y ahora muchas mujeres están sufriendo sus consecuencias. “Por eso no tengo preparación y no nos dan una oportunidad”. Después de toda una vida dedicada a sus hijos y a trabajar de cara al púbico, sin tiempo para poder formarse, “solo aspiras a seguir trabajando”, deja claro. “Se me va a juntar el despido con la jubilación y mientras tanto el tiempo es incierto”. Isabel reconoce que se siente discriminada por la edad. “En una entrevista de trabajo se rieron de mí porque pregunte si tenía una posibilidad. Eso sí, luego se disculparon. Me sentí humillada. He entregado muchos currículum y me he dado cuenta de que es una vía absurda e inútil”.

“Me duplicaron las tareas y como no llegaba me echaron”

Rosana Margolita Camacho,  (55 años) gerocultora

La despidieron l 1 de noviembre la residencia para personas de la tercera edad después de cinco años trabajando. Era muy querida y los ancianos la despidieron llorando. “No lo esperaba. Tuve que pelear el finiquito”, recuerda lo sucedido Rosana. “Nos echan a las antiguas para contratar a más jóvenes”. Todo empezó, asegura, cuando le cambiaron horarios exigiéndole duplicar su cometido. Es decir, debía realizar el trabajo de dos profesionales simultáneamente. A los cuidados a los ancianos sumaban las tareas de limpieza del edificio. “Un día me mandaron a una persona nueva para que la enseñara y durante días le mostré todo lo que sabía, sin darme cuenta de que estaban preparando mi salida. Me tiraron de malas maneras porque no terminaba de completar todo lo que me pedían”. Después de 27 años residiendo en Navarra y conseguir dos títulos sociosanitarios, “he adquirido mucha experiencia”, dice. “Ahora estoy gestionando alguna ayuda porque tengo una hipoteca y un hijo con minusvalía de 36 años. Así que si mañana me dicen que me contratan, ¡voy de cabeza!”.

“A veces pienso que va a ser complicado por edad y por ser mujer”

Mª Carmen Pérez, (52 años) operaria y carretillera

“He venido hasta la oficina del paro para solicitar la prestación”, explica Mª Carmen Pérez, operaria de fábrica y carretillera, a quien la empresa logística rescindió el contrato junto al resto de compañeros. “En cierta manera, sentí liberación. A la presión de trabajar siempre con la carretilla se sumaba que las condiciones no eran buenas, siempre apretando... Ahora sientes incertidumbre, a veces pienso que va a ser complicado por edad y por ser mujer... Después de darme unos meses de descanso he empezado a buscar trabajo en enero y la verdad es que me han llamado. Estoy teniendo suerte, pero en mi entorno veo que cuesta encontrar empleo por nuestra edad”.

“Hemos sacrificado nuestras vidas para criar a nuestros hijos”

Laura, (59 años) ama de casa

Fuma compulsivamente en el umbral de esta oficina del Servicio Navarro de Empleo. “No sé qué hago aquí si ya sé que me van a decir que no. Mi vida es un continúo no. Estoy completamente anulada. A esta edad siento que he sacrificado mi vida para criar a nuestros hijos, en mi caso son tres, y ahora que son mayores y se han ido de casa... Me dicen que las personas paradas de larga duración podemos recibir algún ingreso”. Se despide, entra al edificio y no tarda en salir. “Me han dicho que no me pertenece nada”. Habla sin rencor. “Como te decía, estoy acostumbrada al no. Al final, solo tengo ganas de ir a la psicóloga, de quedarme en mi burbuja, en casa. Venimos de una época en la muchas mujeres nos hemos sacrificado y ahora nadie nos ayuda. Estoy encerrada en mi mundo, me obligan a estarlo, no me puedo ni separar de mi marido”.

“Aportamos psicología, paciencia, experiencia”

Itziar Rupérez, (52 años) cocinera

Sonríe al recibir al periodista. “Yo me siento una privilegiada, me considero una persona con suerte. Soy fija discontinua en un bar del Camino de Santiago y en marzo volveré a trabajar”, explica. “Incluso, creo que estamos mejor que hace años porque nos han subido más los sueldos bases y se cuida la jornada laboral. Pero también es verdad que estoy viendo que la situación no es fácil. Es más, creo que si me echaran tendría dificultades para encontrar trabajo fuera de una cocina”, añade. “Si te digo una cosa, si fuera autónoma y dirigiese mi propio negocio solo contrataría gente de mi edad. Con más de 50 años aportamos experiencia, psicología, paciencia y madurez”.

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