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Duelo gestacional

“Nuestros hijos no son solo fetos, tienen nombre y les queremos”

Marina Balda (36 años) y Carmen Marañón (39) perdieron a sus bebés en el octavo mes de embarazo

Ampliar Marina Balda (izq), con su hijo Alain (3 meses), y Carmen Marañón. Las dos perdieron a sus bebés poco antes de la fecha de parto. Marina, a su hija Mar (23 de diciembre de 2019) y Carmen, a Aiur, el 12 de mayo de 2021
Marina Balda (izq), con su hijo Alain (3 meses), y Carmen Marañón. Las dos perdieron a sus bebés poco antes de la fecha de parto. Marina, a su hija Mar (23 de diciembre de 2019) y Carmen, a Aiur, el 12 de mayo de 2021J. A. Goñi
  • Sonsoles Echavarren
Publicado el 30/10/2022 a las 06:00
Marina y Carmen tienen 36 y 39 años, trabajos muy diversos y una vida también distinta. Pero se han convertido en almas gemelas. Y solo una sabe del sufrimiento de la otra y reconoce el brillo en sus ojos líquidos como si fuera su propio dolor. Porque las dos han pasado por una de las experiencias más terribles, sino la más, en la vida de una persona. Sobre todo en la de una madre. Como es la muerte de un hijo. En su caso de un bebé ‘non nato’, cuyo corazón dejó de latir dentro de su útero cuando quedaban pocas semanas para que dieran a luz. En el caso de Marina, responsable de prevención de riesgos laborales, perdió a su segunda hija, Mar, el 23 de diciembre de 2019, dos semanas antes de la fecha de parto. Y Carmen, orientadora sociolaboral, escuchó aquellas terribles tres palabras: “No hay latido”, el 12 de mayo de 2021, cuando quedaba un mes para alumbrar a su primogénito, Aiur. Las que siguen son las líneas de dos historias que nadie querría contar. Pero que están tejidas con la valentía de hacerlas públicas para “ayudar a otras madres que pasen por lo mismo”. En la misma “lucha” se ha enrolado también Miren López Lareki, de Villava, y que dio a luz a Maitane, sin vida, el 1 de abril de 2020.
La historia de Carmen Marañón comienza cuando se queda embarazada de su primer hijo, en octubre de 2020. Como padece la enfermedad de Crohn (intestino), sigue las revisiones en la consulta de alto riesgo pero “todo va genial” y las analíticas salen “perfectas”. “Una tarde, al volver a casa después de estar tomando algo con mis amigas, no notaba movimientos. Me preparé un Cola Cao, comí chocolate... para ver si así se movía. Pero nada”, recuerda. “Estaba estupendamente. No me dolía nada. Ni sangraba. Pero por si acaso fuimos a urgencias. Yo pensaba que me iban a decir que todo iba bien y volveríamos a casa tranquilos”. Pero no fue así. Al pasar el ecógrafo por su vientre, la ginecóloga frunció el ceño, llamó a un colega para corroborar su sospecha y pronunció las tres palabras que ningunos padres quieren escuchar: “No hay latido”. A partir de ahí, sigue el relato, todo fue muy rápido. Ingreso en habitación, parto provocado y el nacimiento de Aiur. “No queríamos verlo pero nos recomendaron que lo hiciéramos. Lo cogí en brazos y era precioso. Yo sabía que estaba muerto pero esperaba a que llorara”, se emociona al recordarlo.
En ese momento, confiesa, no quisieron hacerle fotos pero, después, cambiaron de idea y las sacaron tras la autopsia. “La salida del hospital sin el niño en brazos fue muy dura. El saber que no lo vas a volver a oler, a sentir... Buf. La llegada a casa solos, donde ya teníamos el cambiador, sus ropitas, peluches... Terrible”
La autopsia de Aiur, subraya Carmen, confirmó que el pequeño murió por colestasis (que ocurre cuando una hormona del hígado de la madre entra en contacto con la placenta). Tras la autopsia y la incineración llegó otro momento muy duro, recalca. “Cuando te entregan las cenizas en una bolsa de papel en la que pone ‘feto de Carmen’. ¡Pero no era un feto sino mi hijo! ¡Tenía nombre! ¡Existió!”. Por eso, en su casa, tiene su rincón, con flores, peluches...
“¿Que si quiero tener más hijos? No, no, tengo mucho miedo de que me vuelva a suceder (si se ha dado una vez la colestasis, es más probable que se repita, aunque existen tratamientos para evitarla)”. Tras el posparto y la vuelta escalonada al trabajo, Carmen ha recibido el apoyo de la psicóloga del centro de salud sexual y reproductiva de Iturrama, Dolores Gil, y de un grupo online de madres que han perdido bebés.
VEINTE MINUTOS CON MAR
La historia de Marina se parece y no a la de Carmen. En su caso, era su segundo embarazo. “Todo iba perfecto. En la última revisión, la matrona me dijo que había tenido una gestación ‘de libro’. Ningún problema”. Pero el 8 de diciembre de 2019, un mes antes de la fecha prevista de parto, Marina se levantó con toda la cama mojada. “Pensé que había roto aguas y nos fuimos a urgencias pero allí me dijeron que era flujo abundante y volvimos a casa”. Pero ella notaba que algo no iba bien. “Tenía la tripa blanda y había perdido cuatro kilos de un día para otro. Comía chocolate y no sentía los movimientos. Así que volvimos al hospital”. Y ahí sí que escuchó las tres palabras que no se creyeron: “No hay latido”. “Rápidamente, tienes que dar un luz a tu hija muerta porque, según dijeron, llevaba varios días así en la tripa”. El alumbramiento fue bien y Marina y su marido Jorge pudieron compartir veinte minutos con su hija Mar. Se sacaron fotos y guardaron algunos recuerdos en una caja (las huellas de los pies, un mechón de pelo, un peluche, el cordón umbilical...) de una niña que nació con 3,100 kilos y un corazón y una placenta “perfectos”. “Tras la autopsia, nos dijeron que se desconocía la causa de la muerte. Después, llegó el confinamiento y yo no podía dejar de pensar en qué habría pasado mientras caminaba por la terraza de mi casa”. A Mar la incineraron y depositaron sus cenizas en un columbario en el cementerio de Pamplona. “Muy cerca de donde está enterrado mi padre -cuenta Marina-. Yo diseñé la lápida pr ella”.
Entonces comenzaron los consejos de que debía ir a un psicólogo. “Todo el mundo me lo recomendaba pero yo no les hice caso. Mi marido, mi hijo Miguel (5 años), mi madre y mis hermanos fueron para mí mis psicólogos”. Y al poco, Marina volvió a quedarse embarazada. Aunque la gestación tampoco llegó a término, pues tuvo un aborto de primer trimestre. “Pero no me rendí. Yo estaba sana y quería tener más hijos”, insiste. Así que en octubre de 2021, se quedó embarazada por cuarta vez, en aquella ocasión de su pequeño Alain, que nació el pasado 24 de junio. “¿Qué cómo llevé el embarazo? Con mucho miedo. Fue terrible”, confiesa. Desde la consulta de alto riesgo del HUN, la atendió la ginecóloga Milagros Roche y le explicó que no iban a dejar llegar el embarazo a término para evitar o prevenir problemas. Así que le practicaron una cesárea en la semana 36. El pequeño Alain nació así el 24 de junio, una semana antes de que su hermano Miguel cumpliera los 5 años (el 1 de julio).
“Cuando murió Mar empecé con esta campaña de recogida de firmas. Lo que quiero es que el tema deje de ser un ‘tabú’ y que la gente hablé de ello. Que no tengan miedo a preguntar”. Tanto ella como Carmen recuerdan algunas de las frases que, aunque bienintencionadas, tuvieron que escuchar con dolor: “Eres joven y vendrán otros bebés”, “la naturaleza es sabia” o “las cosas pasan por algo”. “No hay que buscar grandes frases de apoyo. A veces, es suficiente con un abrazo”, coinciden. Y recalcan que sus hijos, Aiur y Mar, ocupan un lugar en su familia. “Porque nacieron y porque les esperábamos con amor”.
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