Obituario

Tere Urrutia Bea, doctora y vecina de Mutilva

Tere Urrutia Bea.
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Tere Urrutia Bea.
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Teresa Tuñón Alvarez

Publicado el 17/10/2022 a las 08:02

Conocí a Tere en el año 1986 cuando, tras estudiar ambas la carrera de Medicina (ella en Pamplona y yo en Madrid), decidimos hacer la tesis doctoral en el área de Neurociencias del departamento de Anatomía de la Facultad de Medicina de la Universidad de Navarra. Ella procedía de Vergara, de lo que se sentía especialmente orgullosa.

El tema propuesto tenía el rimbombante título ‘Estudio citoarquitectónico de la corteza del lóbulo temporal medial’. Cada una centraríamos el estudio en una zona del cerebro, próximas entre sí, denominadas corteza entorrinal y perirrinal. Cuando llevábamos unos meses trabajando me comunicó con alegría que estaba esperando su segundo hijo, Juan (hoy ingeniero experto en energías renovables), y que había decidido abandonar la tesis para preparar su nacimiento. Tras infructuosos intentos por convencerla de que podría intentar compatibilizar la tesis con su embarazo, seguimos realizando los cortes histológicos por si alguno de los alumnos internos del departamento que trabajaban con nosotras se animaba a continuar con la propuesta de investigación.

En su momento, yo no entendí en absoluto la decisión de Tere de abandonar su especialidad médica y traté de convencerla insistentemente de que contratara los servicios de una persona que le sustituyera en casa. Hoy, desde el dolor inmenso de su pérdida, y desde la más profunda admiración, me siento obligada a dedicarle estas pocas letras de homenaje, por su valiente decisión en aquel momento en el que se le presentaba una atractiva labor investigadora.

Desde ese día, percibí con claridad que cada decisión que Tere tomaba en su vida seguía el mismo criterio: servir y atender a los que tenía a su lado. En su casa de Mutilva, la dedicación a su marido Julio y a sus hijos Paula y Juan le llenaba totalmente sus días; pero siempre sacaba tiempo también para atender y disfrutar de sus amigas, de las que ella hablaba con orgullo “mis amistades femeninas”. Nunca se le pasaba celebrar un cumpleaños o un aniversario, convocando a un café o una cena. Amaba lo bello, era austera, generosa, buena cocinera, apañada para los arreglos caseros y cuidaba con esfuerzo del jardín con el único fin de crear un ambiente amable y divertido en el que todos se sintieran cómodos. El sentido del humor y la complicidad con su marido nos hicieron reír hasta pocos días antes de morir.

La admiración que le debo por su continuo afán de servicio a los demás incluye la labor que desarrolló durante muchos años en la obra social de Burlada Lagundu Arakil, en donde junto con sus amigas ‘la Sansa’, Pilar, Mercedes, Carmen, etc. daban apoyo escolar y enseñaban castellano a los colectivos más desfavorecidos. Es este un trabajo de dedicación del que nunca presumió y que como las cosas bien hechas es un tesoro escondido que muy probablemente a los ojos de Dios tiene mucho más valor que el ‘Estudio citoarquitectónico de la corteza del lóbulo temporal medial’.

Tere falleció el 24 de septiembre, día de la Virgen de la Merced, tras casi dos años de lucha contra un tumor de pulmón. Y lo hizo exactamente como había vivido, con mucha fe y alegría, dejando todo arreglado, agradeciendo a todos que la quisiésemos tanto (aunque fue ella la que nos dio una lección de amor y de servicio) e intentando transmitir con paz que se trataba de un paso al más allá, donde estaban todas las personas que se le habían adelantado para disfrutar con Dios.

La autora es amiga de la fallecida

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