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Un verano inclemente: hasta los pueblos frescos han sufrido las altas temperaturas

El verano ha sido también inclemente con localidades acostumbradas a sobrellevar el sofoco del día con el frescor de la noche. Un ejemplo: Aribe, donde el termómetro puede caer hasta los 9 grados como una bendición del cielo, soportó en junio una noche infernal de 22

Ampliar Azud
El azud de descenso de la almadía se convirtió el miércoles en un tobogán para Iñaki Erdozáin Baztan, su hermano, Jesús, y su hijo, MikelIrati Aizpurua
Publicado el 28/08/2022 a las 06:00
Algún privilegio habría de tener el pueblo”, alejado del abrigo de las prestaciones que ofrece la ciudad pero reconfortado con la suavidad de las temperaturas cuando el verano en las grandes urbes es asfixiante. Juan Carlos Elizondo Juampérez, que reparte como cartero novedades en un amplio radio de acción en torno a Aribe, dice que en su pueblo “no ha habido problemas para dormir. Abres la ventana de noche” y corre un aire que es una bendición. El río Irati que surca sus entrañas atenúa la temperatura nocturna. Sus palabras se elevan como la brisa que pregona justo en frente del Hotel Aribe, que desde hace 16 años regenta el milanés Fiorenzo Benechi. “Quizás este año haya refrescado menos, pero no te creas... Aquí, de una semana a otra, cambia el tiempo. Anda aire y se nota”. De otras comunidades, “viene gente buscando el fresco”. De Valencia y Segorbe (Castellón), Alicia Ordaz Gascón y Pepe Gil López tienen su propia opinión: “Antes, lo normal era buscar el norte, pero hay días con más calor que abajo”. Rostros sudorosos tras un palizón en bici entre Isaba y Arette, tras salvar las curvas cerradas de Belagua, encuentran en la localidad roncalesa un oasis en el que refrescarse. En su caso particular, no primaron las temperaturas suaves lo que les movilizó a buscar aires alejados del Levante como su pasión deportiva: “Somos un poco masocas. Venimos buscando puertos”. Más allá de sensaciones térmicas, opiniones y experiencias personales, un repaso a los registros de meteorología prueba que las olas de calor han azotado también a pueblos de noches frescas y manta para dormir. Tal principio ha sido una ilusión en vigilias de dar vueltas en la cama sin poder conciliar el sueño. Cosa impensable no echar una manta pero cierta. Eso de ponerse la chaquetica cuando declinaba el día ha sobrado este año. “Ha sobrado todo. Esto ha sido fuego”. Con 90 años en el horizonte cercano, Felipe Cervantes Vizcay asegura no haber conocido cosa igual.

ARIBE (media mínima de junio: 9,9º / día 19, 22º)

No hay desmesura en la conclusión aplastante del hombre del tiempo en este rincón del valle de Aezkoa, que registra una de las medidas mínimas más bajas en Navarra durante el estío. Desde hace 28 años, Felipe Cervantes es fiel a la encomienda de apuntar las ocho variables que arroja la estación de meteorología instalada al otro lado de la carretera que conduce al valle de Salazar. En el dintel de entrada de Casa Casimiro, una fecha revela su antigüedad: 1891. “En realidad, la casa la hizo el padre de Casimiro Goicoa, el abuelo de mi mujer. Era albañil y puso la fecha. Es la casa -afirma- más fresca del pueblo, la más sombría, pegada al río”. Sobre el Irati, un puente romano se alza justo enfrente como una prolongación de un camino imaginario de la historia.
Aribe
Desde hace 28 años, Felipe Cervantes Vizcay se ocupa de recoger y anotar las variables de la estación meteorológica de AribeIrati Aizpurua
“¿Qué ha pasado este verano?”, atiende por interpelación este veterano de la meteorología. “Siéntese, por favor. Yo le explico”. Despliega en sus manos “los asientos con los valores”, el estadillo de temperatura, pluviometría y humedad, entre otros conceptos. “Lo que ha pasado es que en junio, pero también a últimos de mayo, no se habían visto unas calores así. Ya no digamos, julio y agosto”. Las estadísticas confirman su apreciación: “19 de junio, 31 grados de máxima y 22 de mínima”. En junio -agrega- ha habido “muchas noches de 17 grados y también 18. En julio, se dieron máximas de 37 y 38”. En un escenario desconocido ha renunciado, en noches pesadas, a la manta. “Normalmente la suelo utilizar cuando bajan las calores, pero en junio..., hasta el pijama sobraba”.
Además de ser meticuloso en la rutina de enviar las novedades del tiempo a un móvil de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), haga calor, llueva o nieve, Felipe Cervantes se deja guiar por su intuición para valorar los cambios en el cielo y la tierra. De hecho se dedicó en cuerpo y alma a cultivar la tierra hasta alcanzar el merecido descanso de la jubilación. Hace casi tres décadas acogió con gusto la encomienda de registrador de la temperatura. “Aquí, desde Ochagavía hasta Espinal, se plantaba mucha patata. Donde hoy está el Carrefour en Aribe se encontraba la estación de la Organización Patata Sociedad Anónima. Cuando se murió el encargado, me propusieron hacerme cargo de las mediciones. Ya les dije: ‘Si es algo que me llena la vida y si puedo hacer un bien por los demás, aquí estoy’”. Dicho y hecho. Hasta hoy.
Al otro lado del río, a la altura del puente que canaliza la carretera a Salazar, Karima Nakmouche despacha género congelado desde su camioneta. “Este año ha sido muy duro. Ha habido mucho calor en todos los lados”, dice quien recorre distintos rincones navarros desde la localidad alavesa de Oyón. Ludi Elizondo Clara, que en ese instante retira su compra recién hecha, coincide con su primo, el cartero, en las bonanzas que ofrece el río Irati a los habitantes de sus márgenes. “Tengo una casa en Hiriberri que, como Abaurrea Alta, está más alto. Aquí, en Aribe, la sensación es de menor calor, por el río”.
Aribe
Karima Nakmouche vende alimentos congelados a Ludi Elizondo en AribeIrati Aizpurua

ABAURREA ALTA (media mínima de agosto: 11,2º / día 12, 21º)

A un cuarto de hora en coche y poco más de diez kilómetros de distancia, la carretera remonta 300 metros de altitud hasta los 1.039 de Abaurrea Alta. La localidad emplazada en el punto más elevado de Navarra y, por tanto, predispuesta en teoría a sobrellevar los rigores del verano con menor peso, no ha escapado al azote de las olas de calor. “Seguro que en Pamplona ha sido peor”, expone Marcelo Alemán Iribarren con aire interrogante a dos recién llegados de la ciudad. “Aquí refresca más, pero ha habido este verano noches que no se ha podido dormir, incluso con las ventanas abiertas”. La casa del herrero -que es su oficio-, no es la típica de robustas paredes de “80 centímetros de grosor” de pueblo, donde el calor como el frío, cuando el invierno baja el mercurio a temperaturas tiritantes, hallan dificultad para colarse. “Es una casa prefabricada. Arriba se calienta más, pero abajo se suele estar bien”, aclara. Eso sí, en los peores días, ha soplado el aire, pero de ventilador.
Irati Kaminondo Ibiricu, originaria de Valcarlos y que ayuda a su suegra en el mismo servicio que en Aribe realiza Felipe Cervantes, habla de los problemas que sus hijos han tenido para dormir: “Los chiquitos lo han pasado peor. Ha habido noches que no podían descansar. Calor y calor, y venga sudar y sudar”.
Abaurrea Alta
Marcelo Alemán, el herrero de Abaurrea Alta, e Irati Kaminondo IbiricuIrati Aizpurua
Hay un dato en el recuento de las variables que le ha llamado la atención. “No habíamos conocido una sequía tan intensa. La estación suele medir, de normal, 20 grados” en este concepto. “Nunca se había disparado a 29 o 30 grados”, aprecia con un ligero vistazo al entorno, necesitado de lluvia. “Los inviernos -señala- no son los de antes. En el año 2013 sí que hubo buena nevada. Tuvimos que ir con raquetas hasta la estación meteorológica para recoger los datos”.
Como ganadero afectado por la ausencia de precipitaciones, Javier Bueno Incheta afirma que ahora “están saliendo todas las enfermedades al ganado habidas y por haber”. Cerca, José Berrot Domínguez -“el veterinario de Salazar, Roncal y algún pueblo de Aezkoa”, como se presenta-, rasura la pezuña de una vaca. “Está bien un poco de sudor”, esboza como sinónimo de actividad.
Un rasgo que caracteriza a Jesús Sánchez Cantero es su sensibilidad por la naturaleza. “Soy hombre de campo y la naturaleza es mi Dios”, se autodefine. En un receso de un paseo con su nieto Ugaitz, lamenta el nuevo rumbo de los acontecimientos climáticos que hacen que el entorno no sea el de antes. “He conocido inviernos de 21 grados bajo cero. Erremendia tiene el récord, con menos 24. Este año ha sido muy raro. Antes te ponías una manta o una colcha en verano y a dormir toda la noche”, recuerda con 68 años de edad como contraste a un verano tan atípico como agobiante.

ISABA (media mínima de julio: 11,5º / día 25, 16º)

Isaba, a cerca de 40 kilómetros de distancia, marca la siguiente escala en este periplo del tiempo. A 50 minutos en coche, la carretera serpentea entre valles hasta descender a 816 metros. Si Isaba cuenta con playa, donde confluyen los ríos Belagua y Uztárroz a “distinta temperatura” -señala el guipuzcoano Asier Unzetabarrenetxea Gallego-, Ochagavía tiene piscina natural. En realidad es un remanso del río Anduña, que hace las veces de pileta con agua dulce y bien fresca.
Isaba
A la derecha, Jon Ezquer conversa con dos amigos en un espacio a la sombra de la travesía de IsabaIrati Aizpurua
Donde hay edificio de piscina, cubierta pero ampliada en verano con una superficie verde para el bronceado de la piel, es en Isaba. Raquel Ederra Anaut, Cristina Ferández Abizanda e Idoya Villacastín Lasa, que alardean con orgullo de sus raíces roncalesas, aclaran que son “más de río”, pero no escatiman la oportunidad de darse un chapuzón en el complejo que lleva el nombre de Ángel Galé.
“Ha habido días que dormir ha sido horroroso”, coinciden las tres con el parecer de residentes de otros puntos del norte. “El calor suele ser más soportable pero lo de este año ha sido exagerado”, observa una de ellas. Idoya Villacastín recurre a una experiencia personal de estas vacaciones para acentuar la inaudita situación. “Fui a Huelva a principios de agosto y me decían: ‘Pero, ¿a dónde vas? ¿Estás loca? En Huelva el día 8 hizo 26 grados y aquí, en Isaba, marcaba el termómetro 36”. Por si fuera poco, “un día llovió en Huelva”.
El remate a la sensación general de este estío implacable y condescendiente lo justo es que las noches de chaquetica han sido mínimas. “Hemos ido en tirantes”, proclaman como sentencia del verano anómalo. Lo de presincidir de una prenda habitual otros años es algo compartido con Jon Ezquer en una improvisada tertulia con sus amigos a la sombra.
A siete kilómetros, en Roncal, el baztanés Xabier Ameztoy Etxenike apenas ha notado el cambio. Más bien al contrario, ha agradecido y sentido “el frescor del atardecer. Imprescindible descansar por la noche con el frescor para aguantar el día”, receta quien cuida de la salud de vecinos y visitantes como enfermero adscrito al consultorio. El miércoles, a eso de las tres menos cuarto de la tarde, el termómetro de la farmacia marcaba 32 grados.
Once kilómetros adelante, bajo unas nubes amenazantes de tormenta, la sensación de bochorno aconseja todo menos caminar sin rumbo en Burgui. El descanso en la siesta o un baño en el río Esca es lo más recomendado. Una superficie ajardinada en una de sus márgenes hace las veces de playa para quienes optan por la segunda de las opciones. Mikel Erdozáin Oterino disfruta nadando y, en un desafío personal que rompe la lógica de acercarse a unas escaleras cercanas, remonta caminando el azud de la presa. Le acompañan su padre, Iñaki Erdozáin Baztan y su tío Jesús, con raíces en Sangüesa e Isaba, hoy residentes en las localidades vizcaínas de Leioa y Getxo. La presa, como el resto del cauce del Esca, sufre los estragos del verano. Descubre su lecho de piedra, oculto el 30 de abril cuando volvió el descenso de las almadías. Justo cuando regresan a las toallas, el guipuzcoano Asier Unzetabarrenetxea Gallego se sumerge en el agua. Está atento a su hijo Enetz mientras se relaja del sofoco reinante. “La temperatura del río -dice- está más elevada este año. Solemos ir más arriba, a Anso, Isaba y Belagua,pero como este año...”. El aumento de grados que percibe en su piel halla reflejo en una sensación similar cuando sale del agua. “En Burgui hace igual cuatro grados más que en Isaba. De hecho, cuando hay gente en Isaba que cuando quiere calor, viene aquí”, dice. Los últimos días han sido más llevaderos en pueblos frescos donde el verano se ha dejado sentir. Sobre todo de noche.
Ochagavía
Cuatro menores saltan al agua en la piscina natural de OchagavíaIrati Aizpurua
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