Solidaridad

Unas vacaciones especiales y empáticas

Más de 300 personas con discapacidad intelectual disfrutan estos días de un descanso en la playa gracias al apoyo de 100 voluntarios de ANFAS. Las familias ‘respiran’ y los protagonistas de esta historia aprenden lo que de verdad importa

Familias, voluntarios y profesionales de ANFAS implicados en el programa de vacaciones de verano posan delante de la sede, en Pamplona.
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Familias, voluntarios y profesionales de ANFAS implicados en el programa de vacaciones de verano posan delante de la sede, en Pamplona
Familias, voluntarios y profesionales de ANFAS implicados en el programa de vacaciones de verano posan delante de la sede, en Pamplona.

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Sonsoles Echavarren

Publicado el 16/08/2022 a las 06:00

Juancho Orradre tiene autismo y lleva 31 de sus 40 años veraneando con ANFAS. En Comarruga (Tarragona), Fuenterrabía , Orio, Zarauz (Guipúzcoa)... Disfrutando de las caricias del mar, los helados, la independencia de unas vacaciones sin su familia y las risas de los monitores voluntarios y el resto de sus compañeros al visitar un zoológico o un parque de atracciones. Él es uno de los más de 300 niños, adolescentes, jóvenes y adultos de esta asociación navarra en favor de personas con discapacidad intelectual, trastornos del desarrollo y sus familias que participan este verano en el programa de vacaciones. Una realidad gracias a 100 voluntarios. ¿El objetivo? Dar un ‘respiro’ a las familias, ofrecer a los usuarios la oportunidad de salir de su entorno y mostrar a todos otra cara de la realidad, a veces, desconocida. Así, personas con discapacidad, familiares, voluntarios y profesionales de ANFAS aplauden y valoran lo que de verdad importa. Los viajes de una semana oscilan entre 330 y 450 euros (con subvención del Gobierno foral). Aún se precisan más voluntarios (www.anfas.es).

Maribel Murillo Celay, de 73 años, es la madre de Juancho. “Estas vacaciones suponen lo que no podemos ofrecerles los padres. Para nosotros, es un ‘respiro’ y para ellos, la felicidad”. Lo mismo opina la tudelana Romina Aguado Romero, de 45 y con discapacidad leve. “Ha sido una maravilla. Las risas, el cachondeo con los monitores... Solo pido una cosa: ¡Que vayamos más días!”, se ríe. Y sonríe también Raquel Moreno, psicóloga de la residencia Javier (Elcano), donde vive Romina. “Es una experiencia muy buena salir del entorno seguro. Adaptarse e integrarse.”

Para que estos días sean posibles hay mucho trabajo detrás. Lo saben bien Maite Iriarte Aizcorbe, responsable de voluntariado de Anfas; y María Martínez Honrado, del programa de vacaciones. “El ocio y el tiempo libre son un derecho universal para todos”. Y aplaude la labor de los voluntarios (uno por cada tres usuarios, según el grado de dependencia), a los que se les ofrece una formación. ¿Y requisitos? Solo ser mayor de 16 años. Como Álvaro Fernández Iraizoz, de 17 y alumno de un grado medio de FP de Atención a Personas con dependencia; Sergio Sarasa Echeverría, de 21 y que estudia Filología Hispánica o Paula Pangua Irigaray, de 22 y alumna de Medicina.

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