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Superación

Idoia Jorajuría abraza su sueño de enseñar y devuelve a sus alumnos el apoyo recibido

Idoia Jorajuría tiene 35 años, parálisis cerebral y una plaza de maestra de Pedagogía Terapéutica en sus manos. El pasado julio se erigió como la primera navarra con esta discapacidad en acceder a la función pública en educación. Y devuelve así el apoyo recibido en su vida a sus alumnos de educación especial

Ampliar Idoia Jorajuría
La pamplonesa Idoia Jorajuría Galetx, de 35 años, delante del mural de manos de colores del centro de educación especial Andrés Muñoz Garde, en Iturrama, donde imparte claseEduardo Buxens
  • Sonsoles Echavarren
Publicado el 08/08/2022 a las 06:00
El día en que cambió su vida, Idoia Jorajuría Galetx estaba jugando al parchís con su madre. Pero ninguna de la dos era capaz de concentrarse en los números ni en el movimiento de las fichas de colores, más allá del tintineo rítmico de los dados contra las paredes del cubilete. Era martes 26 de julio y el reloj de la casa de la familia materna en Urzainqui (Roncal) marcaba las 14.20 horas. Cuando Idoia, con los nervios en la boca del estómago y las uñas clavadas en las palmas de la manos, dio un brinco hasta el ordenador. “¡Ya han salido! - gritó-. ¡He sacado un 6,29!” Saltó y se abrazó a su madre, Ana Galetx, que volvió a comprobar el listado para que no hubiera habido algún error. Llamaron al padre, que también estaba en la casa, para darle la buena noticia. “Pero, ¿estáis seguras? ¿Ya habéis mirado bien?” Y sí, no había lugar para el error. La pamplonesa Idoia Jorajuría, de 35 años, acababa de enterarse de que había aprobado la oposición de maestro en la especialidad de Pedagogía Terapéutica, que tuvo lugar a finales de junio. Hasta aquí, una historia corriente. Como la de tantos (tantas, en este caso, porque la mayoría de las aspirantes eran mujeres) que se han hecho con una de las más de 300 plazas para docentes este año. Pero el relato de Idoia es especial. Como ella. Con parálisis cerebral desde que nació, una discapacidad que le ocasiona problemas para manejar las manos (dificultades para escribir con bolígrafo), caminar con soltura y hablar con una buena articulación del lenguaje, esta pamplonesa no se ha dejado amedrentar por los obstáculos de la vida y ha luchado por salir adelante. “Estoy feliz. Es la tercera vez que me presento a las oposiciones. He luchado mucho, trabajado y estudiado al mismo tiempo. Para mí era muy importante tener resuelto mi futuro. ¡Y lo he logrado!”, se ríe mientras apura un botellín de agua en una calurosa mañana de agosto, sentada con su madre en una terraza del centro de Pamplona. Con una de las plazas del turno de discapacidad en su haber, Idoia cumple así el sueño que ya adelantaba en las páginas de Diario de Navarra en junio de 2005, recién cumplidos los 18 años y a punto de examinarse de Selectividad, cuando fue entrevistada, precisamente, por cómo había llegado a aprobar el Bachillerato y querer acceder a la universidad. “Siempre me han gustado los niños y la educación. Mi sueño es estar en un colegio, con un montón de críos pequeños”, confesaba entonces. Y como, a veces, como por arte de magia y del trabajo, los sueños se cumplen, Idoia lleva cinco cursos siendo tutora en el centro público de educación especial Andrés Muñoz Garde, de Iturrama, donde espera poder seguir a partir de septiembre. “Podría estar en cualquier colegio, pero quiero acompañar a los alumnos con necesidades especiales. Es una manera de devolver todo lo que yo he recibido durante estos años”.
Graduada en Educación Infantil por la UPNA, en Psicopedagogía por la Universidad de Navarra y Máster en Intervención Social, también en la universidad pública, Jorajuría no ha dejado de enseñar desde que terminó sus estudios. Y lo ha hecho en los colegios públicos El Lago (Mendillorri), García Galdeano (Txantrea), San Jorge, San Miguel (Noáin) y los institutos Irubide, Ibaialde y Navarro Villoslada (donde ella cursó ESO y Bachillerato). “Fue muy especial impartir clases en una Unidad de Currículo Especial (UCE) con Txano Ansa (recientemente fallecido) y que fue profesor mío en el instituto”. Pero su verdadera pasión la ha descubierto la educación especial y en los alumnos de todas las edades (desde niños hasta jóvenes) del Andrés Muñoz, donde lleva cinco curso como tutora interina. “La lucha diaria de estos menores y de sus familias es para mí un aprendizaje. Eso de que el profesor enseña y el alumno aprende no es verdad. ¡Yo aprendo con cada uno de sus avances!” Además, cuenta, se implica de manera tan personal con cada uno, que hasta les envía audios de ‘wasap’ a diario. Como hizo en el confinamiento con su alumno Ionan Inchusta Adot, con Síndrome de Down y West y muchas operaciones de vista. “Ver que una alumna a la que le cuesta verbalizar me dice un día: ‘adiós’ es increíble”.
APOYO VISUAL
Para Idoia, sus dificultades físicas no son un impedimento para impartir sus clases con la mayor profesionalidad y acompañar a sus alumnos. Porque siempre le “da la vuelta” y encuentra otras fórmulas. “Por ejemplo, cada alumno lleva a diario un cuaderno de ida y vuelta a casa, en donde las familias y los tutores anotamos cómo ha ido el día y si ha sucedido alguna incidencia. Pues en vez de eso, yo envío a los padres un audio de ‘wasap’ sobre la jornada y ya está”, resuelve rápido. Lo mismo ocurre con la pizarrra. En la que, en vez de escribir, utiliza otros métodos más visuales. “Y aunque tengo ‘disatria’ (dificultad para articular bien, por lo que habla muy lentamente y con problemas de vocalización), algunos alumnos dicen que a la única que me entienden es a mí”, se ríe.
¿Y cómo es el ambiente laboral con los compañeros? “Hay que tener en cuenta que Andrés Muñoz es un centro de educación especial para alumnos. ¡Pero no para docentes! O sea, que yo no estoy aquí por mi discapacidad y hago el mismo trabajo que el resto”, expone. En su labor docente de la última década, por la que ha pasado por tantos centros, ha encontrado situaciones de todo tipo. “En general, la relación con los compañeros es buena, positiva... Aunque aún queda un largo camino que recorrer en el campo de la inclusión laboral de las personas con discapacidad”, lamenta. En el centro Andrés Muñoz, que suma actualmente 86 alumnos, cada tutor, como Idoia, cuenta con el apoyo de un cuidador en el aula, además del resto de personal (comedor...) “Aunque sí que hay integración, el día a día es más cruel que las palabras bonitas”.
Una realidad, la de la mayor o menor inclusión laboral, que ha experimentado también en su acceso a la función pública. “En 2016 estaba convencida de que había sacado plaza. Convencidísima. Porque el examen me había salido muy bien. Pero yo creo que el tribunal se asustó al escucharme hablar, en la defensa oral. Además, no mostraron ningún respeto. Estuvieron todo el tiempo mirando el móvil”, se entristece al recordarlo. Pero en todo este proceso no estuvo sola. Y contó (y ha seguido contando) con el apoyo de su profesora de universidad Reyes Berruezo, “alguien muy importante para mí y mi familia”. Berruezo, junto con la orientadora Isabel Valdelomar y otros profesionales, se quejaron ante el defensor del pueblo, Javier Enériz, y los dos consejeros de Educación del momento, José Luis Mendoza y María Solana. Pero nada. Sin respuesta.
UN AUTÉNTICO 'BOFETÓN'
“No hubo suerte y me quedé sin la plaza. Fui un auténtico bofetón, lloré de rabia y me preguntaba: ‘¿Qué va a ser ahora de mi vida?’ Sin embargo, todas estas personas me han prestado un gran apoyo moral, que ha sido muy importante para mí”.
Una situación que, considera, ha resultado importante para el desarrollo las oposiciones posteriores para aspirantes con alguna discapacidad. “Aunque las pruebas aún están basadas en un sistema muy desfasado”. Tras el disgusto de 2016, volvió a presentarse en 2019 pero tampoco aprobó. “Así que este año, la alegría y la emoción han sido colectivas. Todo el mundo se ha alegrado mucho conmigo”, aplaude. Y el tribunal, insiste, se ha mostrado “mucho más accesible”. “El apoyo moral de todas las personas que han creído en mí ha sido crucial”. Como sus padres, su hermano, de 31 años; su primer sobrino, Xuhar, de 16 meses; sus profesores y compañeras de promoción...
“Aún no me creo que sea funcionaria- se ríe- y a mi madre le ha cambiado hasta la cara. ¡Estamos felices! El esfuerzo, que ha sido mucho, ha tenido su recompensa”. Y el trabajo en los centros escolares, unido a la preparación de las clases en casa y al estudio diario se han traducido en la palabra que resonaba en sus oídos ese 26 de julio cuando jugaba al parchís con su madre y se levantaba para mirar la pantalla del ordenador: funcionaria. Ese vocablo que ha cambiado su vida. Fruto de su trabajo. No de un golpe de suerte ni del número que suman los dados del cubilete.

Paseos por el campo, el pueblo y voluntariado en asociaciones sociales

Idoia Jorajuría es una mujer de costumbres sencillas. De pasear por el campo y “tomar el aire”. Y de ir a los pueblos de su familia: Urzainqui (Roncal), el de su madre; y Sunbilla (Bidasoa), el de su padre. “Me encanta estar allí con la familia”. Más aún, desde que el año pasado nació su primer sobrino, Xuhar, de 16 meses, el hijo de su único hermano, de 31 años, cuatro menor que ella. “Ahora, que ya ha aprobado la oposición, hay que enriquecer la parte social, la red de amigos”, insiste su madre. Pero hasta ahora, Idoia no ha echado en falta una mayor vida social porque no ha tenido ocasión para aburrirse. Su tiempo ha estado cubierto.
Desde que terminó la carrera, ha participado siempre en actividades de voluntariado. Como en la Fundación Santa Lucía-Adsis (San Jorge), de apoyo social y educativo a niños y jóvenes en riesgo de exclusión; la Asociación Síndrome de Down o en su día en la asociación cultural Waldorf Navarra (un centro de educación alternativa a la oficial). En Adsis fue coordinadora del ‘Proyecto Puzzle’, de apoyo escolar, entre 2011 y 2014. Entonces, además de desempeñar funciones de pedagoga, profesora de apoyo y coordinadora, diseñaba talleres educativos, materiales pedagógicos y de ocio y tiempo libre.
Ha participado también como ponente en algunos seminarios, como el de ‘Atención a la diversidad’ (UPNA), en el ‘I Congreso Síndrome UP’ (’Un abrazo a la discapacidad’), seminarios en ‘Evaluación e intervención psicopedagógica en alumnado con discapacidad motórica’ (Universidad de Navarra) o mesas redondas sobre ‘Superación de discapacidades’ (Casa de la Juventud de Pamplona) o sobre ‘Mujeres y discapacidad’ (Ateneo Navarro).
En las oposiciones de maestro de este año, el Departamento de Educación del Gobierno de Navarra ha ofertado 31 plazas reservadas para personas con discapacidad (4 en Educación Infantil castellano, 2 en Educación Infantil euskera, 14 en Educación Primaria castellano, 6 en Educación Primaria euskera, una en Lengua extranjera en euskera y 4 en Pedagogía Terapéutica, la especialidad a la que se ha presentado Idoia). En este último caso, se inscribieron a las pruebas de junio quince personas, de las que solo seis se presentaron al examen. De ellas, dos aprobaron el escrito y solo una, Idoia Jorajuría, también el oral. Por lo que ha sido la única persona con discapacidad que se ha hecho con una plaza de funcionara en su especialidad. Y ha quedado en el número 33 de los aprobados.
Entre todas las especialidades de maestro para personas del turno de discapacidad, de los 21 presentados al examen escrito, diez lo aprobaron y ocho superaron, además, la prueba oral, aunque uno de ellos quedó sin plaza. En total, el reparto ha quedado del siguiente modo: Educación Infantil castellano (3 funcionarios), Educación Primaria castellano (1), Educación Primaria euskera (1), Lengua extranjera euskera (2, pero una sin plaza) y Pedagogía Terapéutica (1).
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