Consejos para familias con hijos con altas capacidades
El 1,05% del alumnado navarro está censado con altas capacidades. Aquí se ofrecen pautas de lo que sus padres deberían hacer para ayudarles y lo que no es recomendable


Publicado el 10/05/2022 a las 06:00
Las familias constituyen un pilar fundamental en el ecosistema del alumnado con altas capacidades. Entre sus labores debe estar las de proporcionar un apoyo emocional en todo el proceso académico; desde la detección de las altas capacidades hasta la evaluación y ajustes educativos correspondientes. “Desde la escuela debemos escuchar a las familias. Generalmente nos hemos encontrado con dos perfiles de familias diferentes. Una en las que aún sabiendo que tienen un hijo de altas capacidades prefieren no hacerle el diagnóstico y que sigan con el resto de su clase como hasta ahora. El otro tipo son los que necesitan un diagnóstico de altas capacidades para poder entender qué está pasando, sobre todo cuando presentas problemas emocionales”, apunta Isabel Aracama, responsable del equipo de altas capacidades en el CREENA y autora del libro 'Modelo de intervención con el alumnado con altas capacidades de Navarra'. Bajo estas líneas, unos consejos básicos para familias (adaptado de Artiles, Álvarez y Jiménez, 2002).
LA FAMILIA DEBERÍA
Aceptar como son. Respetar su personalidad. Evitar etiquetas del tipo “superdotada o superdotado”
Estimularlos a que desarrollen su potencial cognitivo. Motivarle, pero sin agobios.
Darles libertad de pensamiento y proteger su poder creativo.
Proporcionarles acceso a materiales de su interés.
Participar de sus inquietudes, compartir, animar a resolver sus problemas sin temor al fracaso, ayudar en la planificación de proyectos y tareas.
Hacerles partícipes de las tareas del hogar, igual que cualquier persona de la familia.
Fomentar la autonomía, orientándoles hacia el modo de encontrar respuestas.
Intentar una actuación de colaboración con el centro escolar, compartiendo la información relevante
Ocupar su tiempo libre con actividades variadas de su interés.
Demostrarles el mismo afecto que al resto de la familia. Mantener alta su autoestima. Favorecer el desarrollo de sus habilidades sociales.
Estar abiertos a hablar con ellas y ellos sobre su educación.
Proporcionarles la posibilidad de convivir con todo tipo de niñas y niños.
Ayudarles en su educación integral.
Colaborar estrechamente con la escuela.
NO ES RECOMENDABLE
Propiciar la consideración de “rara o raro” o superior a los demás niñas y niños.
No acelerar artificialmente el ritmo de aprendizaje ni exigirles demasiado. Priorizar el desarrollo cognitivo sobre su desarrollo global.
Evitar que sean originales y diferentes en sus respuestas.
Saturarles con materiales innecesarios y ajenos a sus intereses y necesidades.
Interrumpir su concentración, siendo flexibles y respetuosos con su trabajo. Impedirles realizar proyectos propios.
Otorgarles privilegios especiales, centrando todos los intereses de la familia en torno a él o ella.
Eludir sus cuestiones y exasperarse con su ansia de saber y sus preguntas.
Adoptar una posición crítica frente a la escuela, propiciando enfrentamientos con el profesorado y el centro.
Agobiarles con actividades, presionarles en exceso. No pensar que va a ser excelente en todo.
Darles un trato especial respecto de sus hermanos o hermanas.
Mostrar los conflictos de pareja respecto de los objetivos de su educación.
Aislarles del mundo exterior, especialmente de sus pares de edad.
Centrarse en los aspectos intelectuales olvidándose de lo social y lo emocional.
Rechazar la responsabilidad compartida y complementaria en la tarea de educar.
