Eva Belmonte: "En el BOE da la sensación de que el Gobierno le ha pillado el gusto a los decretos ley"
La periodista, creadora de ‘El BOE nuestro de cada día’, desgrana en Pamplona lo que esconde el lenguaje administrativo. Denuncia la una falta de claridad que aleja a ciudadanos y de la que se aprovechan los políticos


Actualizado el 12/04/2022 a las 07:11
Eva Belmonte Belda confiesa que se enfada mucho. Le ocurre porque la periodista alicantina (Elche, 1982) consulta el Boletín Oficial del Estado cada mañana desde que en junio de 2012, después de 8 años trabajando en la redacción de El Mundo en Barcelona, sufrió un ERE. Enseguida lanzó El BOE nuestro de cada día, una página web en la que desgrana las leyes, disposiciones y otros documentos del boletín, y que acabó alimentando la organización periodística sin ánimo de lucro Civio, conformada por diez personas. La labor lleva a que Belmonte elabore “grandes esquemas como una loca” para entender el a menudo rebuscado lenguaje administrativo. La periodista se desquita con la batería y el boxeo porque le crispa la tendencia de tratar a la ciudadanía “como a niños pequeños” y la falta de claridad. “Si no se entiende lo que se aprueba y lo que se hace, nos creemos cualquier cosa de cualquier medio. Y si no lo entiendes, no conoces tus derechos y no puedes ejercerlos”, denuncia. Por esta razón recaló este lunes en el Palacio Condestable de Pamplona, para hablar sobre el lenguaje y los textos sociales en la charla Entendiendo el BOE. Aunque duela, de la mano de Ateneo Navarro.
¿Con qué premisa abrió 'El BOE nuestro de cada día'?
Quería hacer periodismo sobre políticas públicas, no sobre lo que dicen los políticos sobre cosas que me interesan. Qué se aprueba de verdad, qué pasa… Cuando tenía algún ratillo libre en Barcelona lo miraba y siempre había temas. Cuando me echaron, como no era capaz de parar, me mudé a Madrid y empecé a leerme el BOE y a escribir artículos.
¿Falta análisis periodístico de las leyes que se publican?
Bastante, nos centramos en qué opina todo el mundo o en repetir las declaraciones de los políticos, que no es la labor de un periodista. A veces sí hay análisis políticos, cada vez más centrados en el marujoneo; parece un Sálvame de la política. Pero también es la política de ahora mismo; en la comisión de control del Congreso o de cualquier parlamento autonómico es más la tontería del día, a ver cómo queda en el telediario que yo insulte a Pepito… Hay poco de explicar las medidas y de vigilar si son como se anuncian.
A veces se anuncian medidas y en la letra pequeña cambian un poco. ¿Cómo beneficia esta técnica?
Todo el mundo se queda con el anuncio y no con lo que se ha aprobado. Es ocultar determinadas cosas o vender algo mejor cuando no es tan estupendo. Cuando se anuncia que el Consejo de Ministros o Pedro Sánchez van a tomar una medida es lo que sale en todos los titulares y todo el mundo lo da por bueno. Al día siguiente lo leo y digo que eso no es así; el impacto que yo tengo no tiene nada que ver con el de los titulares de todos los medios. Es un problema general del periodismo que se crea lo que cuentan de primeras.
¿Se nota la impronta de cada gobierno en lo que se publica?
Sí, aunque no tanto entre gobiernos como entre ministerios. Hay ministerios que escriben muy bien las normas y son muy claras dentro del lenguaje complejo; están ordenadas, tienen sentido, no tienen contradicciones entre ellas o no aprueban cosas que ya estaban aprobadas, que pasa mucho. Otros son un caos absoluto.
¿Como cuál?
Ahora ya no tanto porque aprueban menos, pero Transportes era una cosa de locos. Al principio de la pandemia hacía falta que hubiera BOE extraordinarios un domingo, pero es que luego había veces que había uno un domingo a las cinco de la tarde porque no había dado tiempo a meter una medida; podía haberse organizado mejor. Cada vez se escribe peor. Siempre ha sido complejo el lenguaje administrativo pero cada vez hay más errores, cosas que se contradicen de un punto a otro.
¿Se hace política a través del lenguaje del BOE?
Sobre todo cuando se usan los preámbulos, en lugar de para ayudar a interpretar la norma o explicar por qué se ha aprobado, para hacer propaganda. Recuerdo una reforma de un tema laboral y el preámbulo era que lo que había hasta ahora era un horror. Mi teoría después de estudiar el personal eventual de los ministerios es que cada vez hay más asesores de comunicación y menos técnicos. Te encuentras con leyes escritas sin saber lo que había antes, frases larguísimas y preámbulos propagandísticos. Da la sensación de que es más importante cómo cuentas las cosas que lo que hagas.
¿Qué trucos utilizan los ministerios para hacer política?
El más habitual es colar dentro de una norma muy larga y compleja, a veces muy técnica, normas de cualquier cosa sin anunciar. Pasa con los decretos ley ‘potajes’, que llamo, con nombres etéreos como decreto ley de mejora social de no sé qué. Se tiene que aprobar en bloque. Igual es de reforma de pensiones y a provecho y meto el cambio en un organismo para nombrar a mi primo. Uno de los últimos fue el de medidas por la guerra de Ucrania, eran como 70 páginas. De repente ves en un punto que se estaba dando carta blanca a los supermercados para que limitaran el número de productos que se llevaba la gente.
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¿Se utiliza más la vía rápida, los decretos ley?
Sí. Más o menos todos abusaban igual, pero la pandemia ha hecho que reventase. Tengo la sensación de que el Gobierno [español] le ha pillado un poco el gusto y por defecto ya lo hacen todo por decreto ley; no puedes aprobar una reforma laboral, que es algo tan importante, y saltarte todo el trámite parlamentario. Se está abusando bastante más y la excusa de la pandemia ya no sirve porque llevamos dos años.
¿A través del BOE se puede ver cómo es la sociedad?
Nos fijamos en las leyes y nombramientos, pero hay partes muy bonitas, dentro del lenguaje BOE. Cuando hay textos de patrimonios culturales, sobre todo los inmateriales. Me gusta mucho el de la cultura sidrera, la descripción es preciosa y vienen a decir que la sidra provoca niveles de sociabilidad más altos que cualquier bebida, matrimonios y batallas entre pueblos. Es una cosa loquísima. ¿Cómo cuentas que la paella es superguay en ese lenguaje? Salen cosas divertidas.
¿Qué dice de España?
Que la mayoría de nuestro patrimonio inmaterial es de fiesta, comida y bebida. Explica un poco como somos, pero al final va a lo histórico y no se ha adaptado el lenguaje administrativo. En el BOE hay mucho copia y pega; si se ha regulado un tema durante 200 años, vas copiando. A veces tiene referencias a cosas que no existen desde hace tiempo.
No puede ser que un texto destinado a la gente que peor está no se entienda
¿Debería actualizarse?
No puedes usar la palabra que te dé la gana, pero sí ser más claro. Y para eso debes ser más directo: esto estaba así y ahora queda así. Da la sensación de que está escrito como cuando alguien que no es muy listo habla y quiere parecer listo, retuerce mucho las frases. O porque en realidad escriben para ellos; unos funcionarios escribiendo para otros.
Como en algunas sentencias...
Pero no tiene por qué ser así, pero la tradición es esa. Leo muchas sentencias de tribunales norteamericanos e ingleses y ahí hay puntos y aparte, está todo más claro. Un ejemplo que me enfada es el del Ingreso Mínimo Vital; no había manera, tuvimos que hacer aplicaciones para que la gente pusiera sus datos y pudiera consultar. No puede ser que un texto destinado a la gente que peor está no se entienda. Estás creando una capa de intermediarios, gestores, trabajadores sociales, porque no es lo suficientemente claro para que una persona pueda relacionarse con la administración directamente. El lenguaje aleja mucho y creo que nunca se ha tomado en serio cambiarlo.
¿Con qué publicación se queda?
Cuando a veces hacen anuncios porque están buscando a alguien. El BOE funciona un poco como el bando del alcalde. Y que te encuentras cosas. Hubo un indulto a unos policías que había forzado a una chica en la puerta de una discoteca y la habían metido a un coche, pero se salvó. Cómo lo cuenta la sentencia... Hubo un señor que estaba trabajando con la grúa, le pareció raro, llamó a la policía de servicio y se recorrió todo Madrid con la grúa detrás de ellos. En medio de todo esto, que me enfado cada dos por tres, de repente es ver un poquito de luz.