Sociedad

La pamplonesa Edurne Barba volvió a andar por su hija

La pamplonesa Edurne Barba, de 38 años, perdió la movilidad en las piernas como consecuencia del embarazo de su primera hija. Tras miles de horas de rehabilitación, hoy ha vuelto a caminar

Edurne Barba, de 38 años, con su marido, Juan Gorospe, de 43, y su hija Zeiane, de 2, la pasada Navidad
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Edurne Barba, de 38 años, con su marido, Juan Gorospe, de 43, y su hija Zeiane, de 2, la pasada Navidad
Edurne Barba, de 38 años, con su marido, Juan Gorospe, de 43, y su hija Zeiane, de 2, la pasada Navidad

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Sonsoles Echavarren

Publicado el 26/02/2022 a las 06:00

Edurne Barba va a recoger a su hija Zeiane a la guardería. Y la niña, de 2 años, sabe que tiene que caminar de su mano y no se puede echar a correr. “Con su padre, en cambio, se escapa”, se ríe Edurne. Porque la pequeña es perfectamente consciente de que su madre camina despacio y con ayuda de un bastón. Y no le resulta extraño porque es lo que recuerda en su corta vida. En la que comenzó el 4 de noviembre de 2019, cuando a la pamplonesa Edurne Barba Ramos, que entonces tenía 35 años, le practicaron una cesárea en la semana 35. “Tenía unos dolores de espalda terribles a consecuencia del embarazo y por un lipoma (acumulación de grasa) que nunca antes me había causado problemas”, recuerda esta técnica en anatomía patológica y citología en el Hospital Universitario de Navarra. Una situación que empeoró aún más al dar a luz y por la que su movilidad pendía de un hilo. Pero, tras más de dos años y miles de horas de rehabilitación, Edurne ha vuelto a caminar. “No puedo correr ni bailar pero he dejado la silla de ruedas y mi hija no ve como a una extraña”. Su siguiente objetivo, volver a trabajar el próximo mayo. ¿Y en el camino? Una campaña de venta de camisetas para ayudar a financiar para sus tratamientos privados.

La vida de Edurne era “completamente normal” hasta que alcanzó el cuarto mes de embarazo de su primera hija. “Sentía como si un rayo me atravesara la espalda. Se me dormían las piernas y estaba todo el día tumbada. Prácticamente vivía en urgencias”, recuerda su gestación. Hasta que neurólogos y ginecólogos decidieron poner fin al embarazo para operarla y extirparle el lipoma. “Estaba muy pegado a la médula espinal. Me quitaron vértebras y pusieron unas placas. No podía moverme del cuello para abajo y no dejaba de llorar. Los médicos le dijeron a mi marido: ‘No sabemos si volverá a andar nunca’. Fue terrible”.

EN EL HOSPITAL DE TOLEDO

Sin embargo, no se cumplieron los peores pronósticos. El 9 de diciembre, cuando había pasado poco más de un mes del parto, Edurne se trasladó al Hospital de Parapléjicos de Toledo. Y lo hizo junto con su marido, Jesús Gorospe, que ahora tiene 43 años, y la niña recién nacida. Ellos alquilaron un piso y la acompañaban durante las horas de visitas. “Fue el infierno. Me pareció el hospital de los horrores”, recuerda. Pero, a los tres meses, cuando se declaró el estado de alarma, el hospital se cerró para las visitas. “Mi marido y la niña vinieron a Pamplona y yo me quedé sola, con la rehabilitación reducida al mínimo y escuchando, de nuevo, que no volvería a andar. Pero yo seguí luchando. Y llorando”.

Una lucha que continuó en Pamplona, cuando regresó el 27 de junio de 2020. “Soy muy cabezona y dejé la silla de ruedas en el trastero. Empecé entonces a caminar con un andador y, después, con muletas. Sigo la rehabilitación en la Seguridad Social (Ubarmin) y también con fisios privados. He avanzado mucho pero es muy caro”, confiesa. En abril de 2021 ingresó un mes en una clínica de Madrid, que le supuso 18.000 euros, y sigue una terapia con caballos. “Ahora quiero volver a trabajar. Necesito que adapten mi plaza. La gente me ha apoyado mucho y los mensajes de apoyo han sido un chute de energía”. Como la que ella irradia por su hija Zeiane.

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