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María Ubillos, de la asociación navarra ‘Magale’: “Al principio, temía suplantar a la madre biológica del niño”

La asociación navarra de familias de acogida ‘Magale’ organizó una jornada para hacer visible esta realidad

Ampliar 238 niños y adolescentes residen con familias diferentes a la suya en Navarra
238 niños y adolescentes residen con familias diferentes a la suya en NavarraARCHIVO
  • Sonsoles Echavarren
Actualizado el 10/01/2022 a las 11:36
Era un bebé de diecinueve meses cuando llegó a casa de María y Arturo. La pareja, que no podía tener hijos, alimentaba la idea de la adopción, cuando el acogimiento se cruzó en su camino. “Nos gustó la acogida porque los niños pueden seguir viendo a su familia de origen y no tienen ‘fantasmas’ sobre su pasado, como puede ocurrir, a veces, con la adopción”, confiesa la pamplonesa María Ubillos Minondo, de 51 años y secretaria de la Asociación Navarra de Familias de Acogida ‘Magale’, que agrupa a 67 personas. Aimar tiene ahora 11 años, reside de manera permanente en Sarriguren con ella y su marido, Arturo Fayanás Bernat, a los que llama “papá” y “mamá”. “Durante un tiempo ha tenido encuentros con su madre biológica. Pero ahora se han suspendido”.
María, que trabaja como administrativa, reconoce que el niño es “como un hijo” para ellos. “Al principio, tenía miedo de suplantar la identidad de la madre biológica y le decía que no nos llamará ‘mamá’ y ‘papá’ sino por nuestros nombres de pila. Pero, finalmente, me di cuenta de que daba igual. Para él, somos sus padres, y así nos llama. Aunque, claro está, sigue teniendo a su madre biológica y manteniendo relación”.
Algo diferente es la historia de acogimiento de Roberto Martínez y su familia, con quienes convive Iván, de 10 años. En su caso, se trata de un acogimiento especializado, ya que Roberto es educador social de profesión. “Conocimos al niño en la parroquia y él me pidió que fuera su padrino”, cuenta y recuerda, que la implicación de todos los miembros de su familia (en especial de sus hijos) está siendo fundamental. “Es un reto diario para todos”. Él insiste en la importancia de tener paciencia, saber estar, confiar y mantener la esperanza. “El amor es clave en la vida. Más cuando trabajamos con personas y, sobre todo, adolescentes”.
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