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Pandemia de la Covid-19

Más que hartos del covid

Los test de antígenos se han convertido ya en un elemento de la lista de la compra. En casi todas las familias, hay algún miembro, si no todos, contagiados. Y la gente ya empieza a estar aburrida y harta del contagio y todo lo que conlleva

Ampliar Los test de antígenos que se compran en las farmacias y se hacen en los domicilios han suplantado en Navarra desde hace semanas a las PCR, que solo se hacen en algunos casos
Los test de antígenos que se compran en las farmacias y se hacen en los domicilios han suplantado en Navarra desde hace semanas a las PCR, que solo se hacen en algunos casosEFE
  • Sonsoles Echavarren
Publicado el 08/01/2022 a las 06:00
Los test de antígenos de las farmacias ya se han convertido en un elemento indispensable de la lista de la compra. Y hay quien los adquiere por decenas para toda la familia o para irlos utilizando en días consecutivos antes de las reuniones con los padres, cuñados, amigos... O de volver a trabajar. Y en casi todas las familias ya hay un miembro, si no todos, contagiado o con síntomas (tos, mocos, dolor de garganta, dolor de cabeza...) La variante ómicron está descontrolada y ya no se hacen PCR en centros especializados, por lo que bastan los test caseros y se confía en la buena voluntad de quien los practica e informa de sus resultados a la Administración (aunque, dicen en los centros de salud, también hay personas que aseguran ser positivo, cuando es mentira, y solo quieren coger una semana de baja). Sea como fuere, la situación ya se ha salido de madre. Y casi dos años después del comienzo de la pandemia, la gente empieza a estar más que harta. No solo por la enfermedad y los síntomas (afortunadamente, en la mayoría de los casos, los de esta variante son leves). Sino por todo el ‘rastro’ que conlleva: los confinamientos familiares (niños aislados en habitaciones y comiendo en su mesa de estudio durante siete días), el anular planes sociales o el no poder salir de casa ni ir a la farmacia ni al supermercado en una semana. Adultos que alternan el teletrabajo con la ingesta de ibuprofeno o paracetamol cada cuatro horas, abuelos tristes porque no pueden ver la cara de alegría de sus nietos al recibir su regalo de Reyes, niños que no sueltan las pantallas y que se aburren como ostras, adolescentes de mal humor porque no pueden entrenar ni salir con sus amigos y ancianos que ya no soportan permanecer catorce días confinados en las habitaciones de sus residencias por haber dado positivo, aunque no tengan apenas síntomas. ¿Y cómo afrontamos esta situación, a punto de terminar las vacaciones de Navidad y de volver al colegio? Ocho expertos comparten su opinión y arrojan algo de luz en este túnel oscuro del que ya queremos salir a toda costa. En las líneas que siguen hablan los psicólogos Emilio Garrido Landívar (psicólogo clínico y sanitario), Olatz Ormaetxea Ruiz (especialista en familia, menores y pareja y profesora universitaria) y Beatriz Echeverría Aldana (doctora en Psicología, aprendizaje y salud); los pediatras Raimon Pelach Paníker (que fue presidente de la Asociación Navarra de Pediatría, ANPE, y continúa formando parte de la junta) y Maite Sota Virto (pediatra del centro de salud de la Rochapea y miembro de la junta de ANPE); la geriatra Teresa Marcellán Benavente (presidenta de la Sociedad Navarra de Geriatría y Gerontología y especialista en la Casa de Misericordia); el médico José Luis del Pozo (director del área de Microbiología y Enfermedades Infecciosas de la Clínica Universidad de Navarra) y el profesor jubilado de Trabajo Social en la UPNA y ‘coach’ Jesús Hernández Aristu.

¿Libres y protegidos? Cómo gestionar esta dualidad

El que fuera profesor de Trabajo Social en la UPNA, autor de decenas de libros sobre educación, filosofía... y supervisor Jesús Hernández Aristu reflexiona sobre una situación “tan compleja” como es la “gestión del virus, la libertad individual y la protección de la población”. “¿Cómo aguantamos esta tensión de vivir nuestra propia vida y hacerlo en comunidad, porque somos seres sociales, sin que sea contradictorio?”, se pregunta. Y recuerda algunas claves de este cansancio. “La gente tiene un miedo horrible a perder la economía y a rebajar su estatus”, confiesa. “Nos creíamos los ‘reyes del mambo’ y nos damos cuenta de que no somos capaces de poner fin a una pandemia en dos años. Y nos fastidia”. Además, insiste, pensábamos que vivíamos solos y ahora nos hemos dado cuenta de que “tenemos que curar a todos”. “Mientras haya un enfermo en algún lugar del mundo, existe una amenaza para nosotros. Debemos aceptar solidariamente que somos personas vulnerables y eso nos frustra”.

Hipervigilancia y estrés prolongado: Agotados física y mentalmente

Los psicólogos coinciden en que hay que practicar actividades que nos ayuden a generar oxitocina (la llamada ‘hormona de la felicidad’). Nada más lejos de la situación que estamos viviendo. “El cuerpo no está acostumbrado a permanecer en vigilancia continua durante tanto tiempo, como estamos ahora, para evitar el contagio. Por eso, nos agotamos física y mentalmente. Sufrimos una ansiedad y un estrés prolongado”, asegura la psicóloga Olatz Ormaetxea, especialista en familia, menores y pareja y profesora de las tres universidades navarras. Una situación con la que coincide su colega Beatriz Echeverría Aldana, doctora en Psicología, aprendizaje y salud. “Es como si corriéramos una maratón, que ya nos está desbordando en nuestro día a día. Es normal sentir malestar y enfado ante esta realidad porque estábamos acostumbrados a tenerlo todo controlado. Y ahora, vivimos en la incertidumbre”. Además, recuerda, no creíamos que iba a durar tanto tiempo. “Las cosas que antes considerábamos normales ya no son tan fáciles”.

Histeria colectiva: Un miedo excesivo al contagio

“La gente se ha vuelto loca y estamos viviendo una histeria colectiva, que es una enfermedad más”. Así de tajante se muestra el psicólogo clínico Emilio Garrido Landívar, ante la situación que estamos atravesando en las últimas semanas. “Los sanitarios ya tienen una carga de trabajo y estrés terrible... ¿Pero qué pasa si ellos se cogen la baja?”, inquiere. En su opinión, mucha gente no para de hacerse test de antígenos. “Incluso, he leído que hay personas a las que se les ha roto el saco lagrimoso por hacer mal el test y que ya no dejan de llorar. Es una situación surrealista y exagerada. Hay un miedo excesivo al contagio y una histeria”, reconoce. Por eso, y ya que esta variante del virus está siendo, en general, más leve, aconseja “llevar una vida lo más normal que podamos”. “Porque muchas personas ya tenemos tres dosis de la vacuna y porque los síntomas (tos, mocos, dolor de garganta, dolor de cabeza...) son similares a los de un catarro o un gripe normal”, insiste.

Adolescentes con más TOC Los más ‘tocados’, los jóvenes de entre 14 y 17 años

“Admiro a los adolescentes por cómo no se hunden a una edad en la que las relaciones sociales son lo más importante”. La psicóloga Olatz Ormaetxea ve en su consulta a algunos de estos de menores. “Muchos tienen un miedo invisible, como el propio virus”. Y recuerda que “los más tocados” son los jóvenes de entre 14 y 17 años. “Su fortaleza no es la misma que la de los adultos. A esa edad, aún no tienen desarrollado el córtex prefrontal y no se pueden regular emocionalmente. Pasan de un extremo a otro. Por eso, muchos están desarrollando trastornos obsesivos compulsivos (TOC) y no se atreven ni a dar un beso a un chico o una chica, a la edad de los primeros ligues”.

Vacunas y relajación: Hacia una normalización

La pediatra Maite Sota Virto, de la junta de la Asociación Navarra de Pediatría (ANPE) y especialista en el centro de salud de la Rochapea, asegura que, gracias a la vacunación y a que esta variante del virus es más benévola, estamos viviendo ahora una situación “más relajada”. “Pero eso es posible porque estamos vacunados. Aunque algunos ‘antivacunas’ están utilizando la situación para decir: ‘¿No ves cómo yo tenía razón? ¡No es para tanto!’ No nos equivoquemos. La situación actual es más tranquila gracias a que estamos vacunados. Por eso, la infección es más leve”, insiste. Y recuerda, según los últimos datos y desde octubre, el número de contagios se ha multiplicado por seis y las muertes, por tres y medio. Es decir, se multiplican los casos, aunque, en general, los síntomas son más livianos. “Vamos a ir hacia una normalización del covid y una relajación de los protocolos y las cuarentenas”.

Relaciones sociales: No queremos arriesgarnos

“Siempre hemos ido a trabajar con dolor de cabeza y hemos celebrado los cumpleaños con mocos. Pero ahora no nos arriesgamos”. Así lo explica el que fuera profesor de Trabajo Social en la UPNA Jesús Hernández Aristu. “Cuando voy al médico o recibo en mi casa a mis hijos y mis nietos, asumo el riesgo. Lo peor que me puede pasar es que me muera pero ya he disfrutado de la vida”, confiesa. Una opinión similar a la del psicólogo Emilio Garrido. “Es que la gente tiene un miedo terrible a morir, cuando la muerte forma parte de la vida. Nos estamos volviendo paranoicos e hipocondriacos. Pero la situación ahora es más leve y la gente no se está muriendo”.

Test de antígenos: No obsesionarse ni ‘taladrarse’ la nariz a diario

La pediatra Maite Sota recuerda que hay que utilizar los test de antígenos, de venta en farmacia, con sentido común y sólo si se tienen síntomas o se ha estado con un contacto estrecho positivo. “Si te da negativo, no hace falta que te hagas a diario. Espera unos días y no te ‘taladres’ la nariz”, bromea. Y, aunque la Atención Primaria está colapsada, recuerda que lo importante no es tanto contabilizar el número de casos (que aumenta de día en día) sino comprobar la gravedad y el contabilizar el número de muertes respecto de otros territorios. Su principal consejo, siempre, es aplicar el “sentido común”. “Igual que les digo a las madres con la lactancia o una diarrea. Todos sabemos qué tenemos que hacer. ¡Pues apliquemos fuera de casa lo que haríamos con los nuestros y mantengamos la interacción social en la calle”.

“Vamos a ganar” El tiempo biológico del virus termina

“Toda pandemia suele durar unos dos años. El tiempo biológico del virus tiene una caducidad”, apunta el pediatra Raimon Pelach, que fue presidente de la Asociación Navarra de Pediatría (ANPE) y que sigue formando parte de la junta directiva. “¡A este virus lo vamos a ganar! Se tiene que vacunar todo el mundo y seguir utilizando las medidas de protección. Pero la vida sigue. ¿Cuántos abuelos murieron en la primera ola? ¿Y cuántos están muriendo ahora? La mayoría de la gente ingresada está sin vacunar”, asegura. “Fiémonos de los aportes científicos. ¡Claro que la vacuna es eficaz!

Niños con mocos y necesidad de volver al colegio

Los pediatras coinciden que los niños contagiados de covid, como la mayoría de los adultos, están desarrollando síntomas leves (mocos, tos, dolor de garganta...) “Está variante ómicron se ve que afecta más a las vías respiratorias altas (nariz) y menos a las bajas (bronquios, pulmones). Además, los niños son organismos entrenados para tener mocos”, recuerda Raimon Pelach. Y su colega Maite Sota coincide con que “lo soportan todo, aunque tiene un coste”. “Al tener que pasar ahora más tiempo en casa confinados, están abusando de las pantallas y eso también acarrea sus consecuencias”. Como ha comprobado la psicóloga de menores Olatz Ormaetxea. “Muchos están recluidos y no se separan del móvil. Y las redes tienen sus riesgos”. Además, pediatras y psicólogos coinciden en la necesidad que tienen los menores de volver al colegio, como finalmente han decidido las Administraciones educativas de toda España. “Los niños necesitan ir al colegio para no romper su ritmo psicosocial. Si no, los estamos aislando de su entorno. Y no puede ser que confinen clases cada dos por tres. Solo habría que aislar al alumno positivo”, insiste Pelach.

Alternativas de ocio: Leer, ver películas y pensar en otras cosas más allá del virus

“Nos han llegado mensajes contradictorios. Pensábamos que la pandemia había terminado y ahora ha vuelto. Por eso, estamos muy desanimados. Hay que ser muy precisos con la información que se da sobre el virus porque puede hacer mucho daño a la gente”. Así lo cree la doctora en Psicología, aprendizaje y salud Beatriz Echeverría Aldana. Y recuerda que, tanto si está o no contagiado, hay que buscar alternativas de ocio para “pensar en otras cosas más allá del virus”. “Es importante estar con gente. Si no podemos hacerlo en las casas, al aire libre”. Además, insiste, cada uno debe hacer, dentro de sus posibilidades, actividades que le hagan estar bien. “Estamos muy rodeados de información negativa. ¡Abramos, entonces, las ventanas a otras historias! Y ahora lo podemos hacer gracias a las plataformas de series, de libros... Así, nos entrará un resquicio de luz”. En el caso de niños y adolescentes, insiste, no hay que quedarse en el fastidio, en lo que no se puede hacer, sino buscar otras formas de ocio. Para su colega Olatz Ormaetxea, en adultos, el ocio también es clave. “Pero si todas las formas de ocio nos hacen sentirnos culpables, solo nos queda el trabajo y no generamos oxitocina”.

Prudentes y optimistas: La fuerza del grupo social

Los expertos insisten en que, aunque estemos cansados, tenemos que seguir manteniendo las medidas de protección pero mirando al futuro con optimismo. Y para ello, coinciden en la importancia del grupo social. “La fortaleza que te da estar con familia y amigos hace que el sistema autoinmune mejore. ¡No hay que dejarse llevar por la histeria!”, insiste el psicólogo Emilio Garrido. Una opinión que comparte la pediatra Maite Sota. “Exceptuando los dos primeros meses duros de confinamiento, la interacción social no se ha prohibido en ningún momento. ¡Si no te puedes reunir en las casas, vete a ver a tus padres y date un paseo por la calle y manteniendo la distancia de seguridad!”

Mayores encerrados: ¿Dos semanas en una habitación?

La sexta ola también se está notando, y mucho, en las residencias de ancianos, a partir del 26 de diciembre y cuando los mayores han regresado tras haber compartido comidas o cenas con su familia. “Pero, como en el resto de la sociedad, son muy leves o asintomáticos”, apunta la presidenta de la Sociedad Navarra de Geriatría y Gerontología, Teresa Marcellán, especialista en la Casa de Misericordia. “No tiene nada que ver lo que vivimos en la primera ola con la situación actual. Gracias a las vacunas”, recalca. Y recuerda los protocolos que se están aplicando ahora en las residencias. Si los mayores han pasado fuera un mínimo de 48 horas (han dormido en otros lugares), a la vuelta se les hace una PCR y, si dan negativo, vida normal. Sin embargo, continúa, si han estado con un contacto positivo, tienen que aislarse siete días. “Y si son ellos los que están contagiados, aunque no tengan síntomas, deben permanecer catorce días sin salir de su habitación que, en general, es pequeña. Una situación que resulta muy dura, sobre todo, para los ancianos con un deterioro cognitivo, que no entienden. Estamos pidiendo que se cambie el protocolo”, apunta. En las últimas novedades, en la Casa de Misericordia, se ha prohibido a los familiares de los residentes que vayan a la cafetería, donde se quitan las mascarillas. “Les pueden visitar pero en otras zonas”.

Neumonía 1 de cada 500 casos

La variante ómicron afecta, sobre todo, a las vías respiratorias altas y solo uno de cada 500 casos terminará en neumonía y, algunos de ellos, necesitarán ingreso. Así lo explica el jefe de la unidad de Microbiología y Enfermedades Infecciosas de la Clínica Universidad de Navarra (CUN), José Luis del Pozo, que, recuerda, la mayoría de los casos cursan de manera leve. “No estar vacunado es ahora mismo un factor de riesgo clarísimo para que, si te infectas, sea de forma severa”, asegura. El sistema hospitalario permanece ahora, con una ocupación similar a la de la segunda ola (otoño pasado). “La estancia media en planta oscila entre los 7 y los 10 días, por lo que los paciente salen rápidos; pero en la UCI es acumulativa”. En próximos días, apunta, habrá mayor presión hospitalaria si empeoran los casos actuales (y se complican con neumonías, aunque sean pocos).
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