Entrevista
El economista Juan Ramón Cuadrado, “honoris causa” por la UPNA
Reconoció que su profesión ha fallado en las predicciones de las crisis por lo que pidió mayor humildad


Actualizado el 11/12/2021 a las 14:38
La economía, cruel y despiadada tantas veces, tuvo ayer como compañeras de mesa a la ética, a la humildad y al compromiso con los problemas sociales. Ocurrió en la Universidad Pública de Navarra (UPNA) durante la investidura como ‘doctor honoris causa’ del catedrático de Economía Aplicada Juan Ramón Cuadrado Roura (Gerona, 1938), profesor honorario en la Universidad de Alcalá de Henares. Economista, investigador, profesor, reclamó una mayor relación entre ética y economía, ya que esta “se ha visto empobrecida sustancialmente por el distanciamiento que existe entre ambas”, señaló citando al economista indio y Premio Nobel Amartya Sen.
El catedrático, con un discurso apegado a la realidad y con un lenguaje claro y directo, recordó una de las funciones de su profesión y la motivación principal que ha inspirado su trabajo: buscar explicaciones sobre la realidad y los problemas del entorno. Algo que hizo extensible a su preocupación por las desigualdades de renta, desempleo, pobreza y equidad. “Las investigaciones y y trabajos deberían estar siempre pegados a la realidad y mantener siempre el propósito de contribuir a conocer y mejorar el bienestar de nuestros conciudadanos”, defendió.
Entre miembros del claustro de la UPNA, profesores, anteriores rectores del centro y los actuales representantes académicos de la Universidad de Navarra, de Alcalá de Henares, Camilo José Cela, así como de autoridades civiles y, su familia, Juan Ramón Cuadrado lanzó en varios momentos una clara autocrítica hacia el papel jugado por los economistas en las crisis, especialmente, en la provocada por la pandemia. Y reclamó en primera persona una mayor humildad para la profesión. “Creo que sería muy positivo que los economistas aceptásemos, de una vez por todas, nuestras limitaciones. Explicamos bien o bastante bien lo que pasó y sus causas, pero somos mucho menos fiables cuando lanzamos predicciones. Nuestra ciencia explica cosas; sobre todo, permite explicar las que ya han ocurrido, pero contribuye poco a realizar predicciones que más tarde sean acertadas”, dijo. A los economistas, nos falta una buena dosis de humildad para situarnos donde realmente nos corresponde. Y también para incorporar en los análisis a expertos e investigadores de otros campos de conocimiento”, dijo.
Nombrado con esta distinción hace un año, la ceremonia, retrasada por la pandemia, se celebró ayer y estuvo presidida por el rector de la UPNA, Ramón Gonzalo. Especial mención hizo en su discurso a su mujer, María Luisa, (“yo no juego la lotería porque ya me tocó ‘el gordo’ hace 45 años con ella”) y finalizó su intervención encomendándose a Dios para seguir “en su entrega” a la universidad.
“La mejora del empleo encierra un engaño”
Como defensor de la Economía Aplicada, una pregunta concreta. ¿Qué debe primar el interés sanitario o el económico?
Es difícil hacer esa separación porque si la sanidad no funciona la economía se hunde. Yo creo que sobra alarmismo. Se está diciendo el número de contagiados todos los días como si fuera una carrera en la que interesa ver quién gana. No se discrimina para decir de los contaminados cuántos no estaban vacunados, cuántos son niños (todavía sin vacunar) y en qué medida ese contagio es tan importante. Porque no tiene nada que ver, en la mayoría de los casos, los contagiados del principio de pandemia con lo que está ocurriendo ahora. Ahora el 90% de la población está vacunada, la gravedad con que el virus ataca es menor porque ha habido unas defensas que han sido trabajadas por las vacunas.
¿Qué ha ocurrido con el problema de la falta de suministros?
No se puso atención a que la pandemia no solo iba a provocar que la gente, al estar confinada, iba a gastar menos. También paró todo un sistema productivo. Nadie pensó que al parar la economía se paralizaría la producción de minerales, de tejidos, de chips… y que esto acabaría afectando a muchas industrias que estaban situadas en países muy lejanos. Hay que añadir otro tema. ¡Qué fácil ha sido para muchas empresas, recomendadas por los políticos, instalarse en otros países (China, Tailandia, Rumanía...) porque los costes son más bajos, hay menos impuestos, los controles en la contaminación son menos rigurosos... Pero eso ha supuesto la pérdida de la capacidad de producir. Ahora hay una reacción contra ese movimiento pero no se resuelve en un año, ni en dos, ni en cinco... El problema es que hay que reindustrializar el país. Debíamos haber subrayado que la “alegre” deslocalización de empresas suponía incrementar el riesgo de una dependencia en los suministros que se ha mostrado desastrosa.
Y ahí el economista…
Ha fallado, hemos fallado, no hemos advertido...
Pero igual es que no es capaz o no es su función…
Sí es su función, pero es que tampoco es tan fácil. Porque sí notamos enseguida el problema del contagio, de la muerte, de las vacunas, la falta de mascarillas y de respiradores… Pero había que prever lo que el confinamiento significaba para el sistema de producción y para los transportes internacionales.
¿A qué se refiere?
A que la pandemia ha tenido efectos económicos y sociales importantes. ¿Cómo explicamos los economistas que esos efectos no solo proceden del lado de la demanda, sino también de la oferta? Cabía prever que pronto podríamos tener que enfrentarnos con problemas de oferta Sin embargo, no lo hemos hecho.
¿Cómo en esta situación las cifras de empleo son positivas y la economía no crece?
Es que esas cifras encierran un cierto engaño. España no está en una buena situación económica. En cambio, le salen unas estadísticas de empleo que evolucionan bien, con aumento de afiliación… Entonces, se ponen una medalla pero no explican de qué color es la medalla. ¿Y cuál es ese color? La razón está en que ha habido un incremento del empleo público muy sustancial y en que se ha recuperado el trabajo en servicios de todo tipo (bares, hoteles, transporte, comercios, distribuidores…). Ha aumentado el empleo en sectores de una productividad, según llamamos los economistas, baja, donde el valor que produce es menor que el correspondiente a una industria con más valor añadido o a la propia agricultura… Por esto estamos aumentando el empleo pero no el PIB, el producto. Y lo que está bajando es la productividad, que ya era muy baja. Este es un problema muy importante a medio plazo, hay que producir cosas de calidad con valor añadido. Y eso tiene que ver con la necesidad de reindustrializar ese país. Los fondos Next Generation van a ayudar pero mi temor es que se queden en los grandes grupos financieros, que son los que están preparados para hacer propuestas. Temo que no lleguen a las pequeñas y medianas empresas, el 95% de empresas en España. Habría que pedir cuentas a las autoridades políticas. Pero, claro, están contentas porque el empleo va bien, aunque la OCDE y la Comisión Europea digan que no. Cualquier economista con dos dedos de frente ve que ahí hay una contradicción.