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Familia y educación

María Calvo, profesora de derecho administrativo: “Las mujeres vemos al hombre como enemigo y es un error”

Sobre hombres y mujeres, madres y padres, igualdades o diferencias. De estas y otras situaciones relacionadas con la familia y la educación habló hace poco esta jurista en Pamplona

La madrileña María Calvo, en la Universidad de  Navarra, donde impartió una conferencia
La madrileña María Calvo, en la Universidad de Navarra, donde impartió una conferenciaeduardo buxens
  • Sonsoles Echavarren
Actualizado el 12/11/2021 a las 10:09
Conversar con María Calvo es como navegar por los rápidos de un río. Por la velocidad de su discurso y la emoción que se desprende de las ideas que lanza como perdigones. En el primer meandro habla habla de las mujeres y de la igualdad. En el segundo, de los hombres y su papel en la familia, algo que, apunta, en ocasiones les han arrebatado. Aguas abajo navega en la balsa de la maternidad. Y en la desembocadura, arriba la teoría y la práctica de la conciliación de trabajo y familia. María Calvo no tiene pelos en la lengua, sabe que sus argumentos son políticamente incorrectos pero no se amedrenta y proclama a quien quiera escucharla que la igualdad y la feminidad no es lo que oímos en la calle. Que hombres y mujeres, científicamente, somos diferentes. Que muchas féminas viven ‘neuróticas’ por querer llegar a todo y a algunos hombres les han hurtado su papel de padres en el guión del empoderamiento, recalca. Madrileña de 54 años, es profesora de Derecho administrativo en la Universidad Carlos III de Madrid y autora de varios libros sobre igualdad, como ‘Paternidad robada’, ‘Iguales pero diferentes’ o ‘Educando en la igualdad’. Títulos académicos al margen, ella siempre comienza sus currículos con lo que considera más relevante: que está casada y es madre de cuatro hijos, dos chicos y dos chicas, de 27, 25, 21 y 18 años. Hace poco, pronunció en Pamplona la conferencia de clausura del simposio internacional sobre sexualidad y afectividad organizado por la Universidad de Navarra, con el título ‘Feminidad y felicidad’.
¿Qué quiere transmitir con esta idea? ¿Las mujeres son felices?
Desde la revolución del 68 hasta la actualidad, hemos vivido grandes ganancias y avanzado mucho en el ámbito público. Vivimos el tiempo de las mujeres y estamos empoderadas. En la política, la empresa, la universidad... Pero, ¿y en el ámbito privado? ¿Somos felices? Yo diría que no. Aunque esta afirmación es políticamente incorrecta. Ahora estamos sometidas a otras esclavitudes (como los vientres de alquiler o la imagen de ser súper mujeres perfectas). En el trabajo, pensamos en los niños. Y cuando estamos con los hijos, nos acordamos de que nos hemos dejado algo por hacer en el trabajo. ¡No nos damos permiso para ser felices! ¡Y estamos neuróticas perdidas por intentar llegar a todo!
¿Y por qué ocurre? Porque ya hace décadas que la mujer se incorporó al mercado laboral...
¡Porque nos hemos engañado a nosotras mismas! Con la liberación y la emancipación, nos hicimos libres de los hombres y se convirtieron en nuestros enemigos. Fue absurdo, un error y no nos dimos cuenta de los daños colaterales. Mientras no tenemos hijos, podemos prescindir de ellos. Pero, ¿y cuándo somos madres? Cometimos el error de prescindir de los hombres.
¿Porque las mujeres creen que sus parejas lo hacen mal? ¿O habla de las madres solas?
De las dos situaciones. Hay muchas familias ‘matrifocales’, en las que todo gira alrededor de la madre y hay un prejuicio sobre la inutilidad masculina. Nos han hecho creer que el hombre es el malo, el borracho, el inepto... Y eso cala. Hay hombres que se quejan de que sus hijos están emocionalmente secuestrados por su madre. En el caso de las madres solteras por elección, ya se les está advirtiendo (se hace en consultas de reproducción asistida) que su hijo necesitará una figura masculina para conseguir un equilibrio.
¿Y qué ocurre cuando no hay padre, porque no se ha hecho cargo de su hijo o ha muerto?
Estas situaciones siempre se han dado. Son padres físicamente ausentes pero simbólicamente presentes. Las madres solteras o viudas eran y son mujeres bicéfalas. Un poco madre, un poco padre. Lo mismo que pasa con los hombres solos (viudos o solteros), que también tienen que buscar una figura de referencia. Porque los niños aprenden por el ejemplo. No por charlas. Los hombres y mujeres solos con hijos necesitan el apoyo de la familia, de la tribu. Y en el caso de madres solteras de clase baja, se necesitan muchos más apoyos. Ahí está nuestra deuda pendiente.
MUJERES Y MADRES
En cualquier caso, insiste en que las mujeres no pueden ser solo y únicamente madres...
Claro que no y ese es un error garrafal. El psicoanalista italiano Massimo Recalcati, que me gusta mucho, dice que no se puede ser “toda madre” o “demasiado madre”. Las mujeres tenemos una parte materna, pero otra erótica, profesional... Y si la parte materna se come a tu parte de mujer, te anulas a ti misma.
Una situación que siempre habrá ocurrido. ¿O es novedosa?
Ahora, más corriente porque las mujeres cada vez tenemos menos hijos y más tarde. Se convierten en bienes preciosísimos y acaban siendo el centro de nuestra vida. Lo que es un error tremendo. Las mujeres nos emancipamos del hombre en mayo del 68 pero ¡ahora nos tenemos que independizar de nuestros hijos! ¡Hay que dejarlos volar y regalarles la experiencia de nuestra ausencia! El amor generoso tiene que ser liberador y debemos criar hijos autónomos. El mayor regalo que puede hacer una madre a sus hijos es que aprendan a prescindir de nosotras.
¿Y con los hombres no ocurre?
No. El papel del hombre es liberar a la madre de los hijos y a los hijos de su madre.
Entonces, ¿por qué habla de la paternidad robada?
Porque estamos viviendo un momento, el primero de la historia de la humanidad, en que se niega la diferencia sexual, se niega la ciencia. Hay mujeres que no quieren cargar con los hombres. Y una mujer puede prescindir. Pero los hijos, no, y necesitan de ellos. Mirando las cifras, te asombras. Tras unos altercados en Londres en agosto de 2011, se investigó y se concluyó que el 99% de los procesados eran jóvenes varones y sin padre. ¡Hacen falta los padres aunque sean imperfectos! En países anglosajones se han hecho estudios y se ha visto que esta situación les cuesta dinero (reformatorios, cárceles...)
En los casos de separaciones y divorcios conflictivos, hay hombres a los que no les dejan ver a sus hijos. ¿Cómo lo viven?
Muy mal. Algunos psiquiatras estadounidenses han estudiado un tipo de depresión en hombres por ausencia involuntaria de los hijos. ¡Claro que sufren! Algunos caen en alcoholismo, depresión... Además, en estos casos, si los padres ven poco a sus hijos no les ponen límites y quieren ser amigos suyos. ¡Y eso es lo peor! Los hijos cargan con un amigo envejecido que, encima, no les aporta seguridad.
Insiste en que hombres y mujeres somos iguales en dignidad pero no en cómo vemos la vida.
¡Pero si olemos y vemos los colores de forma diferente! ¡Es ciencia! Pretender que la persona que convive con nosotras vea las cosas igual, nos va a frustrar y a llevar a un conflicto. Lo que calificamos como defectos son formas diferentes de ver la vida.
¿Qué opina de las cuotas en la política, la empresa o la universidad?
Que son absurdas y que evitan que las mujeres luchemos por lo que queremos. Si una cuota la rellenas de cualquier forma, el efecto escaparate no nos viene nada bien a las mujeres y nos creamos el desprecio de nuestros compañeros. Además, hay ámbitos, como la universidad, en que no tienen ningún sentido. Si un 60% de universitarios son chicas, si ellos repiten el doble y si tres de cada cuatro expedientes disciplinarios son a varones, ¿por qué tengo que dar becas a las niñas?
Usted es profesora universitaria, escribe libros, participa en muchas entidades y tiene cuatro hijos. ¿Ha tenido dificultades? Una pregunta que, por cierto, no se plantea habitualmente a hombres.
Nunca jamás he tenido problemas. Mi marido y yo pensamos que uno de los dos tenía que estar en casa por las tardes cuando los niños eran pequeños. Y libremente, decidí quedarme yo. ¿Que si mi carrera ha menguado? Claro que sí. No soy catedrática y podría haberlo sido desde los 35 años. Al principio, no le dejaba a mi marido encargarse de los niños porque pensaba que lo hacía mal. Pero luego me liberé y no me importaba que no se ducharan. ¡Hay que abrir la puerta a los hombres en casa sin censuras!
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