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Cáncer

Alejandro Navas, enfermo de melanoma: “El cáncer te confronta con la vida y la muerte”

Profesor de Sociología de generaciones de periodistas, Alejandro Navas, de 69 años, ha terminado un tratamiento de protonterapia contra un melanoma. Salvo quemaduras en la piel, no ha tenido efectos secundarios

El profesor Alejandro Navas imparte clases de Sociología en la Facultad de Comunicación de la UN
El profesor Alejandro Navas imparte clases de Sociología en la Facultad de Comunicación de la UNJ. A. Goñi
  • Sonsoles Echavarren
Publicado el 08/11/2021 a las 06:00
Conversar con Alejandro Navas sobre el cáncer o el otoño, que lo mismo da porque sobre todo reflexiona, es como asistir a una de sus clases de Sociología en la facultad. Como volver a recordar el pensamiento y las corrientes sociológicas de la humanidad que él enseña a alumnos de Comunicación en la Universidad de Navarra desde hace décadas. Unas circunstancias que ahora le han tocado de lleno. Pero no solo en la teoría sino, lo que es más importante siempre para todos, en la práctica. A Álex (como lo llaman sus colegas y alumnos) le diagnosticaron un cáncer de piel (melanoma) en la oreja el pasado julio. No era el primero que padecía, pues en 2018 se enfrentó con esta misma enfermedad de la que se recuperó totalmente. Tras una operación en pleno verano, le recomendaron, en esta ocasión, pasar un tratamiento de protonterapia para atajar de raíz los restos de células tumorales que pudieran quedar en los bordes del tumor extraído. Veinticinco sesiones de radiación con protones que acaba de terminar y a las que se ha sometido en la Clínica Universidad de Navarra (CUN) en Madrid. A la espera de dos pruebas diagnósticas que lo confirmen, un PET y una resonancia en los próximos meses, el profesor parece haber superado la enfermedad y acaba de regresar a la universidad sin efectos secundarios, al margen de una quemadura en la piel de la cara “que se irá curando”. “Era la primera vez en mi vida que me cogía una baja”, confiesa. Alejandro Navas García, madrileño de 69 años, ha atravesado este camino tranquilo (“la fe ayuda a dar un sentido integral”) pero con “algo de quebranto” (“el cáncer te confronta con la vida y la muerte”).
Aunque el profesor asegura haber tenido siempre muy buena salud, ser deportista y llevar una dieta mediterránea, su piel ha sido frágil. “Pálida, débil y con ampollas. Por eso, tuve que dejar de jugar al tenis a los 12 años”, recuerda. Para vigilar su piel, Navas acude todos dos veces al año al dermatólogo. “Para que me revise y me queme algunas manchas con nitrógeno líquido”. Y fue precisamente en una de esas visitas, en 2018, cuando por una herida en una oreja le diagnosticaron el melanoma, que regresó hace cuatro meses. “El tumor estaba más extendido de lo que parecía inicialmente y me provocó una parálisis en el lado derecho de la cara, que estoy recuperando”, explica. Y añade que, antes de la intervención, como no podía cerrar el párpado del ojo derecho se tenía que poner esparadrapo para dormir. “Ahora me han colocado una laminita de oro para poder cerrarlo. Aunque no parpadeo y me tengo que aplicar un colirio para que no se seque”, relata.
SESIONES DE 8 MINUTOS
La protonterapia que le aconsejaron tras la operación, subraya, iba a evitar efectos secundarios muy adversos por lo peligrosa que es la zona que se iba a radiar. “Con la radioterapia convencional podía haberme quedado sordo, perder el equilibrio o tener acúfenos (una percepción de sonidos en el oído sin que existan realmente). También se podía haber visto afectada la traquea. Pero nada de esto ha ocurrido y como normalmente”, se alegra. Entre el 20 de septiembre y el 25 de octubre estuvo recibiendo cinco sesiones semanales de prontonterapia (de lunes a viernes) en CUN Madrid. “Yo soy de Madrid y para mí han sido como unas vacaciones con mi familia. He paseado mucho porque me encontraba muy bien”. Las sesiones de protonterapia, recuerda, duraban apenas ocho minutos, en los que estaba dentro del túnel de la máquina (similar a la de la resonancia magnética pero más amplio).
A pesar de que no habido incidencias, Navas reconoce que el cáncer aún tiene un estigma y que te hace reflexionar sobre la muerte, “más en otoño y alrededor de Todos los Santos”. “Me he sentido frágil, dependiente, vulnerable. Al individuo y al hombre moderno le parece que todo está permitido. El moderno no acepta la enfermedad. Pide y exige”. ¿Y él qué ha aprendido? “Que no nos gusta dar trabajo a otros pero la enfermedad nos ofrece una lección: ponernos en manos de los que nos cuidan”. Navas insiste en que cualquier enfermedad (la covid a nivel colectivo o un cáncer, en el individual) ponen “a cada uno en su sitio”. “A mí hasta ahora no me había sucedido nada. ¡Y era muy raro pasar por la vida esquivando tanto quebranto!
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