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Solidaridad

Cómo se termina en la calle

El director de la asociación ganadora del Premio Navarra a la Solidaridad 2021 impartió una charla a los alumnos del IES Huarte sobre su experiencia con las poblaciones sin hogar de México

Luis Enrique Hernández, director de la asociación El Caracol, charló con los alumnos del IES Huarte
Luis Enrique Hernández, director de la asociación El Caracol, charló con los alumnos del IES Huarte garzaron
  • Paloma Dealbert
Publicado el 28/10/2021 a las 06:00
Luis Enrique Hernández, director de El Caracol, cambió este miércoles el traje que vistió para recibir el XVIII Premio Internacional Navarra a la Solidaridad por un atuendo más informal. Porque su público fue muy diferente: entre la treintena de asistentes a la primera de sus dos charlas en el IES Huarte hubo alumnos, profesores y miembros de oenegés. Al llegar al aula interpeló a la concurrencia para conocer qué pensaba cuando veían a personas sin hogar. Sin tener que repetirlo dos veces, los jóvenes confesaron que se preguntaban si el dinero que recibían lo gastaban realmente en necesidades, qué las ha llevado a esas condiciones de vida o dónde estaban las familias.
La participación sirvió de punto de partida para que Luis Enrique Hernández compartiera su análisis de la situación tras 27 años de trayectoria junto a la entidad que dirige, centrada en el trabajo con la que denominan como “población callejera”.
“Muchas veces el porqué de que se vayan a la calle es el menor de sus problemas”, señaló. Cuando abusan del alcohol o las drogas, añadió, ese consumo “ya es por algo” y esa adicción constituye “uno de los principales motivos iniciales para que pierdan sus redes de apoyo”. Otros problemas. Una familia puede tener dificultades para entender la depresión de uno de sus miembros o gestionar su sufrimiento y además, contó Hernández, en México los medicamentos psiquiátricos son caros.
Quedarse sin techo no se produce “de la noche a la mañana”, insistió el director de El Caracol: “Hay toda una cadena de protección que falla”. Primero la familia, que a menudo no puede o ya no quiere hacerse cargo de la situación. Luego la comunidad, con entidades sociales, y las instituciones gubernamentales. Una familia puede tener dificultades para entender la depresión de uno de sus miembros o gestionar su sufrimiento y además, contó Hernández, en México los medicamentos psiquiátricos son caros. “Como joven, cuando tengo un problema lo que tengo que hacer es pedir ayuda”, recalcó ante los alumnos. Si uno pierde el miedo a dormir en la calle, advirtió Hernández, “ya no hay vuelta atrás; esa siempre será una opción”.
En su labor diaria, El Caracol atiende a un gran número de personas con discapacidad, muy expuestas a los abusos; a otras, la estancia en la calle les ha provocado un grave deterioro físico. La pandemia no hizo sino agravar la discriminación y el aislamiento social. Junto a la presión de las autoridades, esta población se desplaza a lugares cada vez más peligrosos, aseguró el mexicano, que puso un ejemplo de rincones de riesgo en los que dormían. Si bien la proporción de mujeres es mucho menor, ellas lo pasan “tres o cuatro veces peor” porque a la violencia que se encuentran se suma la género, con agresiones sexuales y otros incidentes.
La organización atiende a niños, adultos, ancianos y familias enteras. El equipo, describió Luis Enrique Hernández, es muy joven; la integrante de menor edad tiene 19 años. Con la pandemia tuvieron que asumir el reparto de mascarillas, que aumentaron su precio en un 1.300%, y se emplearon en las labores de concienciación.
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