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Tribunales

El juicio sobre cómo aparcar en Pamplona

Un vecino con dificultades para aparcar en el garaje demandó a los de enfrente por invadir el pasillo. Ellos respondieron que la culpa era suya, por su poca habilidad. La jueza ha rechazado la demanda

Imagen de un vehículo aparcado en un garaje comunitario ajeno al caso de la sentencia
Imagen de un vehículo aparcado en un garaje comunitario ajeno al caso de la sentenciaJ. C. cordovilla
Publicado el 09/10/2021 a las 06:00
Aparcar fuera de los límites de una plaza de garaje comunitario suele ser uno de los conflictos vecinales más extendidos. En Pamplona, un hombre lo ha llevado más allá, hasta el juzgado. Demandó a dos vecinos porque su forma de estacionar, en perpendicular a a las marcas del suelo, le dificultaba tanto las maniobras que acababa dándose golpes con el de su derecha. Los demandados se opusieron, respondiendo que si sufría percances era por su “impericia” al volante. La jueza, tras analizar dos informes periciales, ha desestimado la reclamación: no se ha probado que la invasión del espacio comunitario “dificulte sensiblemente” el aparcamiento.
El demandante se quejaba de que los dos vecinos que aparcan enfrente habían pactado esta forma de estacionar, con la que invadían el pasillo comunitario y le causaban “importantes perjuicios por un incremento en la dificultad de aparcar”. Además de reclamar una condena que les obligara a ceñirse a los límites de cada plaza, pedía 1.333 euros por los daños sufridos en los golpes.
Los demandados reconocían ese pacto, que se remontaba a 2005, pero entendían que era algo ajeno a la incumbencia de la comunidad. También asumían que en ocasiones superaban los límites de las plazas, pero no más que el resto de los vecinos, entre ellos el demandante, que conducía un Lexus IS 300.
En el juicio declaró la administradora de fincas. Afirmó que la generalidad de vehículos del garaje supera los límites de las plazas, y que la causa era evidente: “En la actualidad, los vehículos suelen ser mucho más grandes que en la época en la que se construyó el garaje”. Por este motivo, el perito de los dos demandados afirmó que si se acordaba la obligación de aparcar dentro de los límites, el propio vecino que lo reclamaba “no podría utilizar su plaza”, pueso que acreditaron que las dimensiones de su vehículo eran superiores. El informe del demandante, por el contrario, lo achacó todo a la forma de aparcar de sus vecinos.
En las imágenes aportadas se observaba, en efecto, invasiones del espacio comunitario que iban desde una rueda a una cuarta parte de la anchura del vehículo. Para la juez, una invasión “mínima” que no dificulta el aparcamiento del demandante. Eso sí, la sentencia aboga por el entendimiento y por una actitud “cívica” de los demandados, para que la invasión del pasillo sea “la mínima posible”
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