Centenaria

La abuela de Navarra cumple 111 años

La cascantina Ángeles Álava celebró ayer su 111 cumpleaños con sus compañeros del Aula de Respiro y su familia, para la que pide “felicidad”

A la derecha, Ángeles Álava, que cumplió ayer 111 años, junto a su hija Carmen Huete, en su casa en Cascante
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A la derecha, Ángeles Álava, que cumplió ayer 111 años, junto a su hija Carmen Huete, en su casa en Cascante
A la derecha, Ángeles Álava, que cumplió ayer 111 años, junto a su hija Carmen Huete, en su casa en Cascante

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Rafa Villafranca/L.Estévez. Cascante

Actualizado el 04/08/2021 a las 09:25

Ángeles Álava Jiménez, conocida popularmente como ‘la abuela de Navarra’, es la persona más longeva de la Comunidad foral y, como ella misma dijo, “la quinta de España”. Este martes cumplió 111 años en su domicilio de la localidad ribera de Cascante. Ella se mantiene fuerte tanto a nivel físico como mental, vive con su hija mayor, Carmen Huete, que cumplirá este viernes 87 años.

En la casa que comparten, su hija reconoció: “Está muchísimo mejor que yo y me pasa 24 años”, al tiempo que mostraba una bolsa llena de medicamentos de la farmacia, todos para ella, ya que su madre “solamente toma una pastilla al día, la de la tensión”, relató. Y es que Ángeles goza de muy buena salud y apenas va al médico, solamente para las revisiones rutinarias.

La celebración

Su día especial comenzó con un vaso de leche, su desayuno habitual “desde siempre”. Posteriormente, una ambulancia de la Cruz Roja la trasladó de su casa al Aula de Respiro de Cascante, centro al que acude de lunes a viernes de 10.30 a 13.30 horas para jugar, relacionarse y aprender cosas nuevas. “Su juego favorito es la rana, que consiste en encestar bolas en un cubo. Aunque no ve mucho, siempre gana porque es habilidosa y muy competitiva”, reconoció su hija Carmen entre risas. La clase se desarrolló, como cada día, con ejercicios físicos y juegos. Después, las monitoras Esther Casado e Inés Gómara le regalaron una corona de cartón y un pequeño pastel con velas con los tres unos, que ella misma se encargó apagar con un fuerte soplido mientras, sus compañeros le cantaban. Antes de irse, todos tomaron vasos de zumo con motivo de la celebración.

Después, comió borraja y muslo de pollo, descansó un rato y pasó la tarde en compañía de su hija y su sobrina María Jesús, hasta las 18 horas, momento en que llegó el alcalde de la localidad, Alberto Añón, acompañado por las concejalas María del Coro Rueda y Mari Mar Azagra, para entregarle un centro de flores en nombre del Ayuntamiento.

En 2015, al cumplir 105 años, Ángeles Álava pidió el deseo de llegar a los 110 en buen estado de salud, al tiempo que soplaba las velas de su tarta. Este año, con el reto más que superado, celebró la llegada de los 111 con un bizcocho mientras su hija Carmen y su sobrina María Jesús le cantaron el cumpleaños feliz. Al preguntarle por su deseo, Ángeles respondió contundente: “Ya cumplí el reto de llegar a los 110, ahora solo pido la felicidad de mi familia”. Y es que la suya, dijo, “ha sido una vida completa”.

De todos los años que ha vivido, si tuviera que elegir un recuerdo especial, destacó su visita a Roma y al Vaticano. También, de los múltiples trabajos que ha realizado, disfrutó mucho de sus labores en el Ayuntamiento, donde residió 30 años junto con su marido, Martín Huete, que fue ordenanza del consistorio, y sus hijas Carmen y Rosario. Además, Ángeles tiene siete nietos siete biznietos y cuatro tataranietos.

Y, por fin, vacunada

Ángeles y su hija han vivido la pandemia del coronavirus con mucho miedo, y el pasado diciembre fue el primer año que no se juntaron con ningún familiar en navidades, a excepción de su sobrina María Jesús, también residente en Cascante. Y es que, aunque es la segunda pandemia que presencia Álava tras la llegada de la Gripe Española cuando apenas tenía 8 años, reconoció: “Esta se me está haciendo mucho más larga, aunque al menos en esta ocasión la comida no escasea”.

Sin embargo, pese a ser la persona más longeva de Navarra, como se recordará, Ángeles Álava recibió la vacuna contra la covid-19 un mes después de que se comenzara a inmunizar en la ribera a los mayores de 90 años.

Tampoco se le inoculó en su domicilio ninguna de las dos dosis. Fue ella misma quien, en el mes de abril, acudió en ambas ocasiones, acompañada de su nieto y su hija Carmen, y entró andando por su propio pie al Hospital Reina Sofía de Tudela, ayudándose de un bastón pero con paso decidido. “Aunque ha costado, la vacuna nos ha dado mucha tranquilidad a las dos”, dijo su hija Carmen Huete.

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