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Fundación la Caixa

Dos investigaciones navarras contra el cáncer reciben 1,5 millones

La Fundación La Caixa selecciona dos proyectos del CIMA

Los investigadores del CIMA Maite Huarte e Ignacio Melero
Los investigadores del CIMA Maite Huarte e Ignacio MeleroCedida
  • DN / Jesús Rubio
Actualizado el 22/07/2021 a las 10:27
La Fundación La Caixa ha seleccionado 30 proyectos de investigación en biomédica en España y Portugal a los que destinará un total de 22,1 millones de euros, de los que 1,5 son para dos proyectos del CIMA-Universidad de Navarra sobre inmunoterapia y cáncer colorrectal. Así, Ignacio Melero Bermejo investigará para predecir qué tumores responderán a la inmunoterapia y contará con el impulso de 498.850 euros de la Fundación La Caixa. El otro proyecto navarro, liderado por la investigadora Maite Huarte Martínez, quiere encontrar nuevas terapias contra el cáncer colorrectal y recibe 995.200 euros de la entidad para su desarrollo.
Los proyectos han sido seleccionados en el marco de la convocatoria CaixaResearch de Investigación en Salud 2021, que tiene el objetivo de impulsar las mejores iniciativas para hacer frente a retos de salud en distintos ámbitos. En concreto, la convocatoria apoya este año proyectos en los ámbitos de la oncología (9 proyectos), las neurociencias (9 proyectos), las enfermedades cardiovasculares y metabólicas relacionadas (6 proyectos) y las enfermedades infecciosas (6 proyectos). Varias de las iniciativas premiadas desarrollarán tecnologías biomédicas que permitirán abordar algunos de estos retos en salud.
NANORROBOTS Y FÁRMACOS
Según ha informado la Fundación La Caixa en un comunicado, entre los seleccionados hay proyectos que estudian el uso de nanorrobots para el cáncer de vejiga o una nueva tecnología para encontrar los escondites de la malaria en el cuerpo. También un dispositivo para monitorizar los mensajes químicos y eléctricos de las neuronas, y un nuevo fármaco para reducir la lesión cardiaca tras un infarto, entre otros. Los proyectos seleccionados se reparten entre centros de investigación de Cataluña, Comunidad de Madrid, Navarra, Comunitat Valenciana y Murcia, a los que se suman 12 iniciativas de diversos centros de Portugal.
La tipología de las ayudas otorgadas comprende una financiación de hasta 500.000 euros en tres años para proyectos presentados por una única organización de investigación, y de hasta 1.000.000 euros en tres años para proyectos presentados por entre dos y cinco organizaciones de investigación.
Desde la creación de esta convocatoria CaixaResearch en 2018, la Fundación La Caixa ha destinado cerca de 72 millones de euros a 105 iniciativas innovadoras en salud.

Estudiar cómo moléculas de ARN ayudan al cáncer colorrectal

La pamplonesa Maite Huarte Martínez lleva años estudiando un tipo de información genética peculiar, descubriendo el sentido de los ARN largos no codificantes, llamados así porque no sirven para la fabricación de proteínas. El equipo que lidera Huarte trabaja en concreto en ver qué pasa con estas moléculas de ARN cuando se desata el cáncer. “Hemos descubierto que algunas de esas moléculas ayudan a que las células tumorales se repliquen”, señala la investigadora del CIMA Universidad de Navarra.
Como se sabe, las células que generan los tumores se reproducen más rápidamente que las que están sanas. La quimioterapia por ejemplo se dirige precisamente a combatir ese crecimiento exagerado, en el que parecen tener una función esos ARN no codificantes. “Es posible que influyan también en la duplicación de las células sanas, aunque no lo tenemos claro. Donde sí lo hemos observado es en las células tumorales”, apunta Maite Huarte, que explica que quieren aprovechar este conocimiento para “llevarlo un nivel más allá y ver si puede servir para diseñar terapias contra estas terapias”. Dicho de otra forma, si esos ARN ayudan al tumor, crear un fármaco que ataque esos ARN ayudará a combatir al tumor y evitar la reproducción de las células cancerosas. En concreto, la investigación que ha financiado la fundación La Caixa se fija en el cáncer colorrectal, el segundo tumor más frecuente en España.
Para conseguirlo, el grupo del CIMA, expertos en la biología del cáncer y en saber qué pasa con la células cuando este tipo de molélulas se alteran, se ha buscado aliados, especialistas en ámbitos diferentes al suyo. Por un lado, investigadores del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas liderados por Óscar Llorca, expertos en criomicroscopia, una tecnología que permite ver la estructura de las moléculas. Por otro, un grupo del Centro Nacional de Biotecnología ,liderado por Fernando Moreno, especializado en biofísica y en investigar cómo se comporta una molécula individual en distintos procesos. “Son tecnologías muy avanzadas, que se han usado poco para estudiar el ARN no codificante”.
En un trabajo a varias bandas, se proponen conocer cómo son estos ARN, su estructura macromolecular, y además estudiar lo que llaman su cinética de interacción, es decir, como se mueve una molécula de este tipo cuando entra en contacto por ejemplo con el ADN. La idea final, apunta Huarte, es “monitorizar estos sistemas de manera que esas reacciones que generalmente se producen dentro de la célula podamos llevarlas al laboratorio”. Si lo consiguen en los tres años que tienen por delante, lograrán “un conocimiento profundos de los mecanismos” con los que ese ARN ayuda a que las células cancerosas a duplicarse. Y ese conocimiento servirá para que haya expertos capaces de crear tratamientos que vayan contra ellos.

Probar cómo una proteína va contra la inmunoterapia

Los tumores tienen mecanismos malvados. Uno de ellos es que consiguen inducir un tipo de inflamación que les favorece, que les ayuda a crecer. Y lo hace porque logra atraer hacia sí unos glóbulos blancos, llamados neutrófilos, que generalmente defienden al cuerpo de bacterias u hongos, pero que en estos casos se ponen de lado del cáncer, ya que ayudan a su progresión y a que el tumor quede a salvo de la respuesta inmune. Hace un año, los científicos del CIMA que lidera Ignacio Melero Bermejo descubrieron algo importante. Los tumores, para atraer a esos glóbulos blancos que les van a ayudar, producen una proteína, la interleucina-8. “Hemos visto primero que los pacientes con más cantidad de interleucina-8 en sangre responde peor a la inmunoterapia. Ahora queremos analizar si la presencia de neutrófilos en tumores también correlaciona con una mala respuesta a esta terapia”.
Se da la circunstancia de que a veces esos neutrófilos atacan a las bacterias de un modo muy particular: lanzan el ADN de su propio núcleo, provocando su muerte, para crear redes que atrapan a sus objetivos, en la que además suelen venir pegadas proteínas tóxicas para esas bacterias. Pues bien, resulta que la interleucina-8 no solo hechiza a los neutrófilos para acercarse al tumor, sino que les induce a morir lanzando su ADN para formar una red. “Hemos visto que en la zona de los tumores donde hay este tipo de red, los linfocitos, las células del sistema inmune que podrían matar al tumor, no logran entrar”.
Es este mecanismo el que Melero y su equipo quiere investigar a fondo en el proyecto financiado por la fundación La Caixa. Quieren ver en humanos si la presencia de estas redes efectivamente ponen trabas al sistema inmune y quieren probar que si se neutraliza con fármacos la interleucina-8, los neutrófilos ya no son atraídos al tumor, se dejan de formar redes de ADN . “Otro aspecto que queremos estudiar en modelos animales es que la inhibición de estas redes determina un mejor efecto de los tratamientos de inmunoterapia”, añade Ignacio Melero, cuyo grupo trabaja con una docena de hospitales en experimentos sobre la neutralización de la interleucina-8, que darán resultados hacia final de año o comienzos de 2022.
En cierto modo, lo que busca este y otros proyectos es convertir ese mecanismo malvado del tumor, que induce la inflamación que más le conviene, en algo parecido a un aliado en la lucha contra el cáncer. “Ese mecanismo ya nos ha dado biomarcadores (sustancias que desvelan algo que ocurre en nuestro cuerpo, por ejemplo una enfermedad) y nos permitirá tener dianas terapéuticas. Es muy fructífero”, apunta Melero.
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