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Educación

Pedro Huerta:“Nuestro ideario católico no es contrario a la pluralidad”

Sobre valores sociales, educación emocional o la eterna rivalidad entre la red pública y concertada, habló el responsable de los colegios católicos de España, recientemente en Pamplona

El sacerdote trinitario Pedro Huerta Nuño, el lunes, durante su visita a Pamplona
El sacerdote trinitario Pedro Huerta Nuño, el lunes, durante su visita a PamplonaEduardo Buxens
  • Sonsoles Echavarren
Actualizado el 09/07/2021 a las 20:22
Pedro Huerta es un cura muy a pie de calle. De los que se remangan la camisa. Como en la foto que acompaña estas líneas. Lo mismo para impartir clases de Religión a adolescentes de la ESO que para ayudar a jóvenes y adultos a salir del túnel de la droga o a presos y emigrantes a cobijarse en un centro de acogida. Sacerdote trinitario, acumula títulos universitarios (licenciado en Filosofía, Teología, Ciencias Políticas...), especialidades (pastoral escolar, mindfulness...) y años de tiza y pizarra. Nacido en Alcázar de San Juan (Ciudad Real, ,1970), ha desarrollado su vida laboral en el colegio Santísima Trinidad de Córdoba y ha presidido las fundaciones Proyecto Hombre (de ayuda a las adicciones) y Prolibertas (apoyo a presos y emigrantes) en esa ciudad andaluza. Elegido como nuevo secretario general de la Escuelas Católicas, la patronal de educación concertada en España que agrupa a casi 2.000 centros escolares de órdenes religiosas (maristas, teresianas...) o de la Diócesis, compagina ahora ese trabajo de gestión, con las clases en la Universidad Loyola (de los Jesuitas, en Sevilla). Recientemente visitó Pamplona, dentro de la gira que está haciendo por todo el país, para conocer la situación de estos centros escolares. La comunidad foral engloba a 42 centros de Escuelas Católicas (de todos los niveles), en los que estudian más de 26.000 alumnos y donde trabajan 2.600 empleados (entre ellos, 2.100 docentes).
¿Qué son las Escuelas Católicas? ¿Y en qué se diferencian de otros centros escolares?
Es la organización española que aglutina a todos los centros de ideario católico, tanto de titularidad de órdenes religiosas como de la Diócesis. Siempre, con la voluntad de ofrecer una educación cercana, accesible a todas las personas y con una misión propia. Pero este ideario católico no se contradice con la pluralidad ni con la acogida. Al revés, los conciertos nos han ayudado a que nuestros centros sean accesibles para todos independientemente de su estatus social y su ideario (sean ateos o de otras religiones). Lo que nos diferencia son nuestros valores.
¿Cómo cuáles?
Como la acogida, el respeto, la solidaridad... Nosotros los llamamos valores evangélicos, pero realmente son sociales y les pueden venir bien a todo el mundo. Lo que queremos es contribuir a crear una sociedad más equilibrada y más justa.
Valores que van más allá de lo académico y de los currículos...
¡Claro! Cualquier centro, público o privado, por el hecho de ser educativo también coeduca (en lo académico y lo humano). Lo que diferencia a Escuelas Católicas es que estos valores forman parte de una misión y en otros colegios pueden ser más una respuesta administrativa. Lo que buscamos, y solemos conseguir bastante bien, es que toda la comunidad educativa (profesores, alumnos, familias...) participen de estos valores. Los padres, más allá del consejo escolar, tienen la oportunidad, si lo desean, de participar en actividades solidarias, en encuentros... Así, nuestro estilo de centro es más familiar.
Religiosos y laicos
Pero cada vez hay menos vocaciones religiosas (curas y monjas). ¿Cómo influye esta situación en los colegios? ¿Hay una reconversión hacia centros con más docentes laicos?
Está claro que las vocaciones bajan pero eso no significa que los centros dejen de ser de titularidad religiosa. Hace unas décadas, podía haber veinte curas dando clase y ahora solo uno, que igual es el director. Y esta reconversión ha logrado dos realidades: que la comunidad educativa, cada uno desde su espacio laico o consagrado, se sienta parte de la misión del centro; y que estas instituciones sigan ayudando a los profesores y a las familias (por ejemplo, con la pastoral escolar, hablando con los alumnos en el patio...) Así no desaparece la misión evangelizadora del colegio.
Los centros de Escuelas Católicas pertenecen a la red concertada. ¿Por qué sigue existiendo ese enfrentamiento entre centros públicos y privados-concertados?
La verdad es que no lo entiendo. Estoy recién llegado al cargo y una de las cosas que más me está sorprendiendo es que exista ese enfrentamiento absurdo. ¡Deberíamos construir y colaborar en generar un sistema educativo de confianza y de calidad entre todos! Pero lo que veo es que a este enfrentamiento no vamos los centros sino que nos llevan los políticos y las luchas ideológicas. Los colegios públicos y los concertados no tenemos voluntad de enfrentarnos sino de colaborar. Nosotros, desde hace tres meses, seguimos la propuesta que ha hecho el Papa Francisco a todos los colegios católicos del mundo: el pacto educativo global. Consiste en trabajar desde abajo sin enfrentarnos ni sospechar de nadie.
¿Qué ocurre a este respecto con la nueva ley de Educación la LOMLOE?
Nos preocupa que ahonda en ese enfrentamiento, lo da por hecho y lo agudiza un poco más. Esta normativa promueve que los centros concertados sean subsidiarios de los públicos y que se creen, casi exclusivamente, plazas públicas. ¡Pero hay muchas familias que quieren seguir llevando a sus hijos a los centros que ellos eligen! Por su ideario o porque están al lado de su casa. Es un enfrentamiento estéril que nos aleja de los problemas reales de la educación (fracaso escolar, bajada de la natalidad, preparar a los alumnos para la vida real...)
Mindfulness en el aula
¿Y cómo se logra esa preparación, más allá de lo académico y los currículos?
Es un tema muy curioso porque la LOMLOE y las leyes anteriores promueven una evaluación de las competencias. Pero siguen dejando fuera las que muchos expertos mundiales consideran básicas: las espirituales, que no tienen que ser necesariamente religiosas. Aunque mucha gente las confunde. Me refiero a la inteligencia emocional, la simbólica, la existencia. Se dejan de lado cuando, precisamente en este momento de pandemia, las necesitamos para saber qué está pasando. Nosotros llevamos años apostando por estas competencias emocionales que, además, ayudan a mejorar otras (como la expresión lingüística, la comprensión científica...) El mindfulness (atención plena) o la interioridad en clase dan buenos resultados. En otros países europeos, como Reino Unido, Alemania, Suecia o Finlandia, estas competencias están incluidas en los currículos de todos los centros.
Recalca que la competencia emocional es básica para comprender la pandemia. ¿Cómo valora este curso, que parecía tan complicado en agosto, y que, contra pronóstico, está a punto de terminar?
Había una gran desconfianza y se pensaba que se iban a suceder los confinamientos. Sin embargo, no ha sido así por el esfuerzo de los equipos directivos (en muchos casos, sin recibir ayudas ni recursos), de los alumnos y las familias, que han sabido ser resilientes y adaptarse a las circunstancias. ¡Las familias también tienen su mérito porque no se han quejado ni han ido contra los colegios y han aceptado los confinamientos de sus hijos! Sin embargo, la pandemia también ha agudizado la brecha digital entre unas y otras familias. Aunque hemos hecho un esfuerzo para prestar equipos informáticos.
¿Cómo se presenta el próximo curso escolar?
Habrá que ir viéndolo. El documento que ha sacado el Ministerio de Educación es prudente. Quizá se reduzcan las distancias, pero habrá que estar atentos sobre cómo evoluciona la pandemia.
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