El libro viajero
La excursión pendiente de la covid
En el centro Valle de Salazar de Ochagavía tienen la barbacoa preparada para recibir a la residencia Virgen de Jerusalén de Artajona. Entretanto les cuentan dónde están, quiénes son, cómo pasan los días en esta gran familia de 38 personas


Publicado el 04/07/2021 a las 06:00
La pandemia abortó las excursiones entre residencias. Idearon una alternativa, El Libro Viajero, con etapas que son retazos de vida, contados por personas mayores. Esta serie de reportajes sigue su ruta.
De las veinte personas que comparten tertulia y sombrero de paja en una mañana de sol “seis o siete han sido pastores”, han horadado otras tierras más áridas, menos verdes, igual de amables, kilómetros con su rebaño desde Salazar y Roncal hasta la Bardena. En el trayecto tranquilo de su jubilación, en la residencia Valle de Salazar-Zaraitzuko Zahar Etxea de Ochagavía pensaron que sería bonito hacer excursiones, conocer otros centros, a sus pueblos y a sus gentes, a personas que, como ellas, tienen mucho que contar y para aportar. Elvira, la directora, comenzó a diseñar una ruta, a mover hilos con Lares. Pero en estas la que circuló fue la pandemia que no solo abortó las excursiones, anuló también el contacto con el exterior, con la calle, con los vecinos, las visitas. En fin. “Habíamos quedado en que los de Artajona iban a venir a Ochagavía, iríamos de interpretación de la naturaleza, subiríamos a Muskilda y haríamos en el jardín una comida con barbacoa, que tanto nos gusta, luego música y pasar el día aquí; los de Artajona también con mucha ilusión. Pero veíamos que se acercaba el covid y se suspendió todo. No visitas de familiares, no poder salir, el aislamiento aumentaría”, apunta que en este contexto surgió en Lumbier la idea del Libro Viajero que les ha insuflado una dosis de ilusión.
Diseñaron una ruta, hicieron una base física en tamaño DIN A3, y lo acompañaron de una maleta. En él las personas mayores cuentan dónde y cómo viven, quiénes son. Acabada la tarea, el libro pasa a otra residencia. Finalizado el libro y cuando se esfume la pandemia, pretenden retomar los viajes. Ha sido “la manera covid” de conocerse y una forma “divertida que se asemeja a la que tenían en sus años jóvenes de mantener relación con amigos y amigas, familia y amores; a través del papel”.
Tras un sorteo en Lumbier, Ochagavía fue la primera residencia en recibir el Libro Viajero. Completaron su capítulo durante quince días, en enero. De allí iba a Buñuel, pero justo en ese momento hubo un brote de covid, de modo que lo desviaron a Mallén.
Trinidad Hualde Recalde es uno de los autores del capítulo. Lo ha ilustrado con un dibujo de la casa en la que viven, inaugurada en 2007, con 34 plazas, situada junto al frontón de Ochagavía. Él es de Ezcároz. “Y yo soy de Ochagavia y también me llamo Trinidad, De Carlos”, interviene perspicaz para anotar la curiosa coincidencia.
El de Ezcároz ha sido camionero, ha recorrido muchos parajes y de destacar uno se queda con la arquitectura exquisita, entre el mar y la montaña de San Vicente de la Barquera, en Cantabria.
El de Ochagavía sostiene que nacieron en una época en que “no había nada y si valías para algo, eras vaquero o cabrero”.
Antonio Narváez, nacido en diciembre de 1936 en Ochagavía, participó también en el libro. Fue a la escuela hasta los 13 años, suficientes para conservar una caligrafía exquisita. Luego ha sido pastor, bajaba a la Bardena y más abajo, “hasta Zaragoza”. “Ya llegará el tiempo de las excursiones”, otea optimista el futuro, sentado en su andador en el último viernes de la primavera.
La pandemia les ha acercado más a las tecnologías, aunque la de Ochagavía es, hasta el momento, una residencia libre de covid y fue la primera de las zonas rurales en recibir la vacuna, el 4 de enero.
En el libro han plasmado cómo viven, sus actividades, su vida, en fin. En una de las páginas impregnaron en colores las huellas dactilares de todas las personas de la residencia, una forma de implicar a quienes están más impedidas.
Trinidad adereza la tertulia con su conversación y una sonrisa algo pícara. Cuenta que vivió años de pastor en Mendavia y Los Arcos, con sus ovejas y un burro, y que Ochagavía, donde nació en 1937, “es el pueblo más bonito del mundo, sin exagerar”.
Además de los pastores, trabajadores de la madera en el Irati, o en Francia, transportistas... pueblan esta casa donde son mayoría los hombres, aunque hay mujeres, bien guapas, de rostros añejos y miradas dulces, como la de Carmen Donázar Ederra, roncalesa de la casa junto a la de Julián Gayarre, que trabajó años en Enaquesa. Además de Salazar y Roncal también hay residentes del valle de Aezkoa.
Dirige Elvira Ruiz Recalde. Profesora de Ochagavía, vivió fuera y regresó al pueblo animada por su marido guipuzcoano. “Comencé de auxiliar”, recuerda. Entretanto, Eugenio de Miguel García asoma tímido. 80 años, el último de nueve hermanos, natural de Uztárroz, es el cuidador del jardín, ha participado en el libro, pero no es muy amigo de contar. Prefiere el refugio que le concede la sombra de los arbustos.